Para una filosofía del periodismo II

Para una filosofía del periodismo (II)

Manuel Gayol.

Ya hemos dicho que la noticia es información, objetividad, verdad y nunca ficción; y puede darse en forma de anécdota con sus citas referenciales. En un orden comunicacional la noticia constituye el primer escalón de un evento. En este primer peldaño el cómo es rudimentario. No tiene apego siquiera a lo literario. Y si decimos que en la noticia hay un “cómo” es porque todas las cosas en este mundo tienen su manera de decir. Lo que sucede es que esta manera en que se dice una noticia, por primera vez, su irrupción circunstancial, digamos, es tan simple en su factura que no trasciende. Solo importa su carácter informativo.
La noticia, el hecho, el evento ocurrido no busca sorprender a nadie más que por su propio contenido. Su factura es bien objetiva, se muestra por datos, hora, lugar, cifras, se cuenta cómo ocurrió el hecho, etc.; pero no se presenta ni se desarrolla un cómo literario con cierto vuelo imaginativo. Aquí el afán es directamente proporcional a la necesidad de saber, de informar, por lo que se despliega un carácter utilitario. El periodista informa, dice lo que ha pasado y da la mayor cantidad de datos. Punto.
El “qué” —que es el contenido propiamente en su calidad de noticia— no se traba ni se compromete en complejidades de formas. Es un “qué” a secas, incluso, por ser anécdota, se expone de la manera más clara posible. Sería también una anécdota a secas.
La creación, cualquiera sea: literaria, periodística, cinematográfica, pictórica, etc., es como la lengua misma: un sistema. Para surgir y desarrollarse necesita de elementos concatenados, entrelazados, interrelacionados, de manera tal, que no puedan desprenderse unos de otros. Es entonces cuando el “qué” de la noticia se fusiona a un “cómo literario” y puede surgir el análisis de lo ocurrido, la crónica de todo un evento, el reportaje, la crónica o la investigación de un suceso que se abre a muchas aristas.
Ahora bien, cuando a la noticia se busca darle una perspectiva otra, una proyección que le otorgue a esa información primaria un valor trascendental —por supuesto, por el interés y mérito que puede y debe alcanzar el acontecimiento en cuestión—, y de hecho me estoy refiriendo a la posibilidad de un reportaje extenso, investigativo, un análisis o una interpretación, una manera más profunda y detallada, principalmente con opiniones y criterios, con una exposición descriptiva de cierto vuelo literario, incluso de cierta belleza en su prosa, entonces ya aquí podemos decir que hablamos de un “cómo” creativo.

Un paréntesis sobre el posible nuevo periodismo, ¿impreso?
El “cómo” de la creación literaria es probablemente algo esencial que podría definir las posibilidades futuras del periodismo en lo que sería una nueva manera de presentar la prensa impresa.
Y creo que esto es importante, porque en la actualidad no solamente ha sido la crisis económica la que ha hecho que muchos periódicos desaparezcan, sino también, y de manera más definitiva, el desarrollo del periodismo en la Internet: bloguers y portales de medios de prensa que, a todas luces, pronostican que el periodismo tradicional, el impreso en papel, tiene que efectuar un cambio irremisiblemente.
A una buena parte de la población hoy en día, que posee computadora y está conectada a la Internet, no le es conveniente comprar el periódico impreso. En realidad, no lo necesita. Con abrir su computadora en la comodidad de la casa, o en el trabajo, o si viaja acompañado de una notebook o laptop, ya se informa del acontecer actual, incluso, de una manera abundante y detallada, y hasta por diferentes homepages de los más conocidos e importantes medios informativos. Esto, entre tantas cosas, hace que la publicación impresa no pueda competir con la enorme potencialidad práctica de la Internet y, mucho menos, con la televisión (Podría verse hasta dónde llega la diferencia entre la prensa tradicional y la prensa on line, así como la televisión, y cuál podría ser el futuro de la primera). Pero por lo pronto, lo que puedo decir es que en el futuro, no ya lejano, el periodismo como hasta ahora se ha conocido si quiere mantenerse, al menos por un buen tiempo más, ha de ir al análisis, a la descripción e investigación de las noticias, aunando la necesidad de indagar más profundamente en los contextos locales; y asimismo, esta nueva forma de hacer periodismo impreso debería estar basada en las opiniones personales de un profesional que se dirige a un público específico, local, digamos, con un estilo atractivo que haga que el lector encuentre, de alguna manera, lo que no va a hallar en la prensa on line. Lo que quiero significar es que la prensa impresa no va a desaparecer, por ahora (hasta que la nueva tecnología periodística acabe de sustituirla por completo), pero sí podría convertirse en un periodismo más reducido, selectivo, y, por ende, más creativo.

El “cómo literario”
Es entonces que me interesa resaltar la enorme fuerza que el “cómo literario” le otorga al acontecimiento noticioso, sea en las publicaciones periódicas impresas o mediante el espacio cibernético de la Internet. En este sentido, tomar un hecho que haya sido noticia, a cualquier nivel promocional, y recomponer su entorno (o, como diría el teórico francés Gerard Genet, presentar su “paratexto”; es decir, todo lo demás que se agrega para que el escrito proyecte una nueva dimensión más profunda) y dar sobre él determinados criterios, o descripciones, etc., con los que salgan a la luz nuevas revelaciones y un mayor conocimiento de lo ocurrido, es entonces —repito— entrar en la dimensión de la creación literaria no como ficción, sino como posibilidad de desarrollar una realidad más esencial, más amena y más contundente dentro del periodismo.
Y esta forma creativa de presentar un informe, un reportaje, una crónica, etc., es lo que podría ayudar a la prensa impresa a mantenerse con su sentido de tradición, con su clásica forma para servir a un tipo de persona que aún prefiera leer el diario en su rincón más confortable de la casa, que guste desplegar las páginas en la mesa del comedor, en el despacho o en la cocina durante su desayuno. Es una tendencia de postura hogareña, domestica, donde se pueda encontrar la concentración mediante casi un rito, digamos, en su sentido psicológico del tacto. Podría parecer romántico —y hasta nostálgico, en una perspectiva futura—, pero la página de papel de un diario conservaría aún su encanto, siempre y cuando haya un diseño pensado para este tipo de lector y sus escritos irradien originalidad, emoción tensión, intensidad. Y es aquí donde también el diseño gráfico entra en escena portando un orden tan importante como lo expresado por el texto al que rodee o proyecte. En resumen, lo literario del texto y lo artístico del diseño gráfico pueden dar un aliento de mayor duración a la prensa plana. Ello se alcanzaría, en este caso, por esa misteriosa y perdurable razón de ser que posee el “cómo” de la creación.

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