La cultura de la violencia

María Luisa Arredondo*

Duele reconocerlo, pero si algo distingue hoy a Estados Unidos del resto de las naciones industrializadas es su récord de tiroteos masivos.

En lo que va de este año, el país ha sido testigo de al menos 150 tiroteos masivos que, según organizaciones comoGun Violence Archive (GVA), son aquellos en los que al menos cuatro personas resultan lesionadas o asesinadas, excluyendoal pistolero. De seguir esta tendencia, la cifra de este año podría superar el récord de los 610 tiroteos que se registraron en 2020, debido a que estos ataques aumentan durante los últimos meses del año.

Pese a que las estadísticas indican que cada año se supera el número de tiroteos masivos (en 2019 hubo 417 y en 2018 ocurrieron 337), nada se hace para controlar el problema.

Las escenas se repiten una y otra vez. Cada vez que una comunidad resulta afectada por la tragedia de un pistolero que asesina a sangre fría a personas generalmente inocentes, cuyo único pecado fue el estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, llueven los lamentos y los llamados para detener la violencia. Pero pasados unos días volvemos a la normalidad. Nada pasa, hasta que nuevamente la tragedia nos vuelve a estremecer.

El presidente Joe Biden se ha referido a esta situación como una epidemia, una verdadera vergüenza para este país que ha fallado de manera flagrante en proteger lo más preciado, que es la vida de sus ciudadanos mediante leyes adecuadas que controlen la venta y posesión de armas de fuego.

Como es bien sabido, en Estados Unidos es sumamente fácil adquirir una pistola o incluso un rifle de alto poder. Sólo se requiere tener 21 años, presentar la licencia de manejo y llenar un formulario. Esto se debe a que la Segunda Enmienda de la Constitución garantiza a cada ciudadano el derecho a comprar, portar y usar un arma de fuego.

Cualquier intento dirigido a restringir este derecho es visto por millones de estadounidenses como un ataque a la Constitución. A ello se agrega el hecho de que casi todos los legisladores republicanos defienden el derecho a usar y portar armas por los importantes donativos que reciben de la poderosa Asociación Nacional del Rifle.

Consciente de que no cuenta con el apoyo de los republicanos para limitar las armas de fuego, Biden ha anunciado varias acciones ejecutivas dirigidas solamente a paliar el problema. Las medidas del presidente incluyen el endurecimiento de las regulaciones para fabricar pistolas caseras y destinar más recursos para prevenir la violencia, pero están lejos de abarcar la vasta agenda que prometió durante su campaña electoral. 

Se trata de una realidad difícil de aceptar. Aunque millones están a favor de que se limite la venta y el uso de las armas, muchos otros están obsesionados con ellas. Es un tema altamente divisivo que ha llevado a la inacción legislativa. Y, por desgracia, tenemos que resignarnos a que mientras no se haga nada al respecto, continuaremos lamentando ser el país desarrollado con más tiroteos masivos y más muertes sin sentido.

*María Luisa Arredondo es fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com.

 

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