México: sombrío retorno de migrantes

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

El presidente Barack Obama llegará el próximo enero a su quinto año de gobierno no sólo con la promesa pendiente de aprobar una reforma migratoria sino con un triste récord: el de encabezar la administración que en la época contemporánea ha deportado a un mayor número de indocumentados, alrededor de dos millones, en su mayoría mexicanos.

Además del sufrimiento que estas deportaciones han causado a cientos de miles de familias en Estados Unidos, el retorno obligado de los migrantes mexicanos ha puesto en jaque a las autoridades del vecino país en todos los niveles.

Esto se debe a que en la mayoría de las poblaciones a las que regresan los deportados, no existen las condiciones adecuadas para recibirlos. Lejos de ser bienvenidos, los recién llegados encaran en sus comunidades de origen un futuro por demás incierto y sombrío debido a que no tienen empleo, carecen de seguro médico, en muchas ocasiones no hay cupo en las escuelas para sus hijos y éstos tienen que enfrentarse a un mundo desconocido, donde a menudo sufren discriminación y rechazo.

Gran parte del problema radica en que existen millones de hogares que dependen casi en su totalidad de las remesas que les envían sus familiares en Estados Unidos. En esta situación se encuentran, según el Instituto de Estadística y Geografía (INEGI), 29 millones de familias. Lo más grave es que, por lo general, las remesas no se utilizan para crear  proyectos productivos que generen empleos sino simplemente para satisfacer necesidades básicas como alimentos, medicinas  y vivienda, lo que deja totalmente desamparados a los hogares y a las comunidades que dejan de recibir ese dinero.

Debido al creciente número de deportados hacia México no hace falta ser adivino para prever que la pobreza y la demanda de servicios públicos se incrementará cada vez más y que puede tornarse incluso en una situación explosiva si las autoridades no reaccionan de manera rápida y eficiente.

Una de las primeras acciones que podrían emprender los gobiernos, desde el federal hasta los estatales y locales, es implementar programas de apoyo para los recién repatriados y políticas públicas que promuevan un uso más eficiente y productivo de las remesas.

Aunque existen varios programas creados para invertir en proyectos sociales, como el 3X1, el Fondo Plata de Zacatecas, el Fondo para Migrantes  y el “Paisano Invierte en Tu Tierra”, éstos se encuentran concentrados sólo en algunas comunidades expulsoras de migrantes. Lo que se requiere ahora es que las autoridades implementen políticas públicas a nivel nacional que ofrezcan recursos económicos y capacitación a quienes reciben las remesas para que éstas se conviertan en proyectos productivos que impulsen el desarrollo de las comunidades.

Sólo así se logrará terminar con el círculo vicioso de la dependencia enfermiza hacia las remesas que hasta ahora sólo ha generado pobreza y atraso y se podrá empezar un nuevo ciclo de progreso y autosuficiencia que, a la larga, podría ayudar incluso a disminuir la inmigración indocumentada.

 

 

 

Comments

comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *