El dragón oculto en la sala familiar

Martha Sáenz.
Martha Sáenz.

En la mayoría de las familias existe la costumbre, y la exigencia de manera implícita,  de que si hay en la familia un problema grave dentro de la misma, y lo que es más difícil, si alguien tiene alguna disfunción emocional, ésta deberá permanecer oculta dentro de la casa y resguardada a lodo y piedra.

Esto que significa que si alguien se atreve a contarlo o se atreve a hablar de ello, quedará excluido de la familia. El problema se magnifica debido a la tendencia de esconder los problemas argumentando que “LA ROPA SUCIA SE LAVA EN CASA”, y también se niega y se reprime a los integrantes de la familia que se hable de los problemas, y sobre todo, como se finge que estos problemas no existen, no hay la posibilidad de buscar la solución, lo que hace que el problema se vuelva cada vez más  grande y grave.

Negar, reprimir o racionalizar y simular que no pasa nada hace que el dragón se vuelva más amenazador, y que cada día enferme más a la persona que tiene el problema y, sobre todo, a todos los miembros de la familia por tener que fingir que todo está bien.

Tener uno o varios integrantes de la familia que sufren de alcoholismo hace que toda la familia se vuelva disfuncional, lo que repercute no solamente dentro de la casa, sino en las actividades y relaciones que se tienen fuera de ella.
Por mucho tiempo se ha tratado de hacer pasar por aceptable el comportamiento del alcohólico, el cual que no se puede justificar, ni se puede minimizar argumentando que es un bebedor social, que es temporal y que vive en ese estado por el estrés, pero que pronto pasará. La negación total es el peor error al esperar que los síntomas de dicha enfermedad desaparezcan por sí solos o, lo que es aún peor, justificándolos con una simple promesa de cambiar.

Si queremos tener familias sanas hay que hablar y abordar los problemas de frente y, sobre todo, ponerle el nombre adecuado a la disfunción o disfunciones que se padecen. El alcoholismo es una enfermedad degenerativa, progresiva y mortal.

En cuanto a los niños, existe la creencia de que no se dan cuenta de lo que pasa, y esto los aísla de los adultos, generando un sentimiento de abandono ya que al darse cuenta de lo que sucede, se les excluye y cierra la posibilidad de hablar de ello. La mayoría de las veces los menores también manifiestan síntomas provocados por el estrés y la presión de vivir con un familiar alcohólico. Esto es un problema serio, y se necesita conseguir ayuda para toda la familia y enfrentar el problema hablando abiertamente de sus consecuencias.

Es difícil tener al dragón dentro de la casa, pero más difícil es dejarlo crecer y permitirle que termine arruinando la vida de todos los integrantes de la familia.
Pedir ayuda no los convierte en personas frágiles y temerosas, al contrario, es un síntoma de fortaleza y, sobre todo, de salud mental. El desear una familia sana,  que no sea codependiente del alcóholico, y permitir a todos hablar del problema permitirá empezar  a buscar opciones y soluciones para el alcoholismo.

**Martha Sáenz es hipnoterapeuta y Life Coach

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