¿Dónde están ahora sus hijos?

Martha Sáenz.

Cuando se ve en las noticias o se escuchan comentarios de serios crímenes, ataques y agresiones que están cometiendo los jóvenes, los adultos ingenuamente piensan que eso nunca estará cerca de su hogar.

En los últimos tiempos, esta escalofriante galería criminal ha indignado a la opinión pública, sobre todo por contener dos ingredientes en común: jóvenes como principales atacantes y violencia exacerbada.

¿Qué está pasando? Todos los adultos buscan hoy desde sus diversas ópticas, encontrar una o varias respuestas a esta trágica realidad.

I. Humanizar a la sociedad.

Una comunidad egoísta, en donde cada quien se interesa en lo suyo y donde el sistema social (familia, estado, religión) no logra regular valores. “No le estamos dando prioridad al sujeto por sí mismo”, “La familia se ha relajado en su función”.

Antes los roles estaban bien definidos, ahora parece que falta tiempo para cubrir las necesidades económicas y se va dejando de lado lo más importante: la comunicación con los hijos y educar en valores. Una educación de valores no es dar una fórmula de comportamiento, sino brindar ejemplo de conducta hacia los demás.

II. Fomentar tolerancia

En el primer grupo social que es la familia se tienen que fomentar valores como el respeto, la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer. Es tiempo además de que las autoridades establezcan modelos educativos formales.

III. Orientar desde casa

Después de sacudidas tan fuertes como asesinatos y actos violentos de jóvenes contra mujeres, niños y ancianos, hay que intervenir y aplicar una seria evaluación para saber que está pasando en el núcleo familiar. Probablemente existan señales que gritan: ¡Atiende y actúa! Ejemplos: si los hijos se encuentran deprimidos, hurtan pequeñas cosas, participan en pleitos o son abusivos, generan problemas, si la joven viene con un novio tomado, o si una y otra vez el joven no llega a dormir es una señal de alarma.

“Es cierto que muchos jóvenes no se caracterizan por comunicar a sus padres lo que les pasa, sienten que pueden manejar su vida, que necesitan independencia, pero una manera de saber en qué andan es conocer a sus amigos, escuchar sus opiniones, sus temas de interés, sus estados de ánimo”.

“Hay que orientarlos y no sermonearlos ni dirigir la conversación cuando cuentan sus cosas, porque seguro no lo volverán a hacer”.

Muchos padres sienten miedo a enfrentar a sus hijos o vergüenza de pedir ayuda especializada cuando se trata de alguna adicción o problema psicológico, pero esa actitud conlleva un grave error.

“A veces los padres niegan o minimizan los problemas que tienen los hijos, y luego se asustan o sorprenden cuando explotan como un volcán”.

Abrir los ojos y estar atentos es la clave. Si cada papá o mamá no está alerta a la realidad social y a lo que ocurre dentro de su propio hogar, quizá en cualquier otro momento la trágica historia de las familias que se observan en las noticias podría repetirse y volver a conmover a la ciudad.

Recomendaciones:

• Conoce bien a las amistades de tus hijos.

• Atiende sus necesidades emocionales.

• Aplica disciplina en casa.

• Promueve en el hogar los valores y la tolerancia a la frustración.

• Evita que se familiaricen con la violencia (es común en algunos videojuegos donde la calificación más alta se obtiene por el número de robos, asesinatos y violaciones brutales se llevan a cabo con la excusa de ser solo un entretenimiento).

• Nunca dejes a los hijos pequeños al cuidado de sus hermanos adolescentes.

• Enséñales a expresar los sentimientos, pero sin lastimar a otros.

• Alértalos para que eviten amigos o parejas sentimentales violentas.

Focos rojos

Características de una persona que puede llegar a cometer actos violentos contra su pareja.

• Vivió una historia infantil y/o juvenil de violencia familiar.

• Acusa de infidelidad a su pareja y le prohíbe hablar con personas del sexo opuesto.

• Le critica hasta la ropa.

• Separa a su pareja de amigos y familiares.

• Amenaza con dejar a su pareja o quitarse la vida.

• Muestra cambios drásticos de humor y pasa de ser una persona pacífica y tierna a destructiva e iracunda, al grado de golpear paredes y romper objetos.

• Es adicto a las drogas y/o al alcohol.

• Piensa que es inferior o superior al resto de las personas.

• Cree que las mujeres deben ser sumisas y obedientes y que los hombres tienen el derecho de castigarlas.

• Pide relaciones sexuales para calmar su ira.

“Es apremiante que los padres de familia refuercen la comunicación con sus hijos”.

 

*Martha Sáenz es Life Coach

 

 

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