El largo camino a la equidad gubernamental: una mujer presidenta en México

Por Maythé Ruffino

Es un evento histórico en México, cuya trascendencia no debiera disminuirse por filiaciones o diferencias ideológicas, el que una mujer llegue a la presidencia este 2 de junio de 2024 por medio del voto, universal y secreto en una democracia tan joven, vulnerada y en riesgo constante como la mexicana. A pesar de los retos, el que se elija a una presidenta en México es un hecho democrático inconmensurable y debiera ser uno de los elementos de análisis de todo politólogo, intelectual, crítico, ciudadano mexicano y del mundo al reflexionar sobre estas elecciones.

Aunque las encuestas difieran en la cuantificación de la ventaja que sustenta firmemente Claudia Sheinbaum, candidata oficialista del partido Morena, sobre Xóchitl Gálvez ­­‒que van del 10% hasta más del 20%‒ es inminente, (a menos de que esta elección desafíe todo lo aprendido sobre ciencia política en cuanto a las democracias contemporáneas, a saber, ningún candidato que mantenga un margen de 10 puntos porcentuales sobre su opositor ha perdido una elección presidencial), Sheinbaum será la primera presidenta de los Estados Unidos Mexicanos. La primera mujer presidenta en la historia mexicana. Es un hecho revolucionario en un México caracterizado por grandes retrasos políticos. Apenas en 1955 se logra que la mujer vote, en un país característicamente machista, misógino y que no sólo en las estadísticas, sino que en la vida cotidiana deja una cuota legible de horror en el promedio de 10 feminicidios cada día. En este rostro desfigurado por el llanto de las madres buscadoras, de las mujeres desaparecidas, violadas, usurpadas diariamente, hoy, una mujer liderará el futuro mexicano por los próximos seis años. Y esto no es poca cosa para las mujeres mexicanas de hoy ni para las jóvenes, adolescentes, niñas mexicanas que cada segundo de sus vidas anhelan y luchan por una sociedad que no las asesine, las oprima, las discrimine, las objetivice, las desprecie.  

Si hace seis años me conmovía la esperanza de que un líder progresista y más cerca del pueblo que de las élites corruptas en el poder liderara al país hacia un mejor futuro, hoy, lo mejor de lo peor del autoritarismo, populismo caudillista y proceder antidemocrático de AMLO, es quizás el haber designado, por el viejo gesto priísta del dedazo, a Claudia Sheinbaum como la sucesora de su gobierno.

Las predecesoras presidenciales: una genealogía progresista

Claudia Sheinbaum se une a una zaga minoritaria de las 13 mujeres presidentas que ha tenido en toda su historia América Latina antes que ella. En 1974 llega a la presidencia la argentina María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que al ser vicepresidenta y después de la muerte de su esposo Juan Domingo Perón, ocupa el puesto por un par de años. Isabelita fue derrocada y encarcelada durante cinco años por la dictadura cívico-militar que tomó el poder en Argentina el 24 de marzo de 1976 y cuya sangrienta opresión dejó un saldo de por lo menos 30000 desaparecidos, miles de presos y perseguidos políticos y una indeleble marca de dolor en el pueblo argentino. Por un corto período de tiempo, del 16 de noviembre de 1979 al 17 de julio de1980, Lidia Gueiler Tejada fue la primera presidenta de Bolivia, llegó al puesto por voto del congreso al ser presidenta de la Cámara Baja de Diputados a raíz de la destitución del general Alberto Natusch. En medio de una pugna por el poder entre las fuerzas progresistas de izquierda a las que ella pertenecía y las fuerzas dictatoriales militares, y después del interinato presidencial del diputado Dr. Wálter Guevara, fue derrocada por el militar Luis García Meza Tejada quien estableció una dictadura opresiva. Siendo la segunda presidenta latinoamericana, Gueiler luchó durante toda su vida por las causas políticas y sociales, fue incansable defensora de la democracia, la paz y sobre todo no cejó en sus anhelos de lograr una equidad de género. Su postura pacifista, democrática y feminista la ubican como uno de los referentes más importantes en la historia de los derechos igualitarios y humanos en Bolivia.

La primera presidenta elegida por voto popular y ‘democrático’ en Latinoamérica en 1990 fue la nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro que representaba a las fuerzas oligárquicas en aquel momento apoyada por una maquinaria electoral y económica a cargo de las élites y los intereses económicos estadounidenses. Un año más tarde, en 1991, la primera presidenta afrodescendiente en toda la historia de América Latina, la haitiana Ertha Pascal-Trouillot se convierte en la máxima líder ejecutiva venciendo dos inmensos obstáculos que ninguna otra mujer en la política del continente ha logrado superar, el de ser afrodescendiente y el de ser mujer. Aunque presidenta interina por once meses, del 13 de marzo de1990 al 7 de febrero de 1991, su trayectoria como abogada y jurista la llevó a formar parte de Suprema Corte de Justicia y finalmente hasta el más alto puesto del poder ejecutivo. En 1997 la vicepresidenta ecuatoriana Rosalía Arteaga llega a ser presidenta interina por cinco días, del 7 al 11 de febrero, a consecuencia de la destitución del presidente Abdalá Bucaram. Panamá nombra en 1999 por voto democrático a su primera presidenta, Mireya Moscoso, quien se opuso a Martín Torrijo el hijo del dictador Omar Torrijo. En 2006 y luego en 2014 Chile eligió a su primera mujer presidenta democráticamente ratificando una reelección que apuntalaba los rasgos progresistas de Michelle Bachelet. En 2007 nuevamente en Argentina toma cargo presidencial una mujer, Cristina Fernández de Kirchner, quien fue reelegida y gobernó hasta 2015. Unos años más tarde, en 2010, el país latinoamericano con el sistema político más estable históricamente elije como presidenta a Laura Chinchilla. Seguida en 2011 por la brasileña Dilma Rouseff cuya presidencia se vio oscurecida por un juicio político por corrupción por la que fue destituida a los cinco años de su gobierno. En 2019 llega ser la segunda mujer presidenta boliviana Jeanine Áñez a consecuencia de la renuncia del primer presidente indígena boliviano Evo Morales. El congreso la elige dado su cargo de senadora en la Cámara de Senadores boliviana. En 2022 es la hondureña Xiomara Castro, quien después de fungir como primera dama del presidente Manuel Zelaya, se postuló a la presidencia y la ganó por voto mayoritario ocupando su puesto desde enero de ese año. Castro se afilia a las propuestas social demócratas y busca dirigir a su país a un estado de menor desigualdad económica. Ha patentado una política internacional en favor de los pueblos oprimidos y apoyado abiertamente la lucha por la liberación del pueblo palestino, retiró a su embajador de Israel y ha condenado el genocidio del gobierno sionista israelí. La peruana vicepresidenta y luego presidenta Dina Boluarte se convirtió en la mujer que ocupa el 13vo lugar en este linaje de mujeres gobernantes tomando posesión en diciembre de 2022 a consecuencia de la destitución de Pedro Castillo.

Actualmente hay 26 países en el mundo donde gobierna una mujer en el más alto puesto político. Si consideramos los reconocidos por la ONU hay 194 países más Palestina suman 195. Sin embargo, los que reconoce el Comité Olímpico Internacional (COI) suman 206 países o estados independientes. Las mujeres representan un 13.4% según la ONU, o un 12.62% ‒según la postura más benévola del COI‒ del liderazgo mundial a finales del primer cuarto del siglo XXI. En Latinoamérica hay 5 mujeres gobernando en Barbados, Dominica, Honduras, Perú, y en Trinidad y Tobago. Sheinbaum será la 6a mujer en el continente americano en ascender a la presidencia junto a este grupo. Así se distribuyen las mujeres líderes en la cima del poder ejecutivo en el resto del mundo. El continente africano cuenta con 5 mujeres liderando en la República Democrática del Congo, Etiopía, Moldova, Togo y Tanzania. En Asia hay 3 líderes mujeres, en Bangladesh, India y Georgia. En Europa hay 11 mujeres en el poder ejecutivo en Bosnia y Herzegovina, Dinamarca, Estonia, Grecia, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Macedonia del Norte, Eslovaquia y Eslovenia. Finalmente, Oceanía cuenta con 2 mujeres en el poder en las Islas Marshall y Samoa.

En conclusión, si observamos la función política, el apego a la democracia, la búsqueda de un sociedad más justa e igualitaria en cuanto a género, clases económicas y sociales, origen étnico, necesidades especiales, etc. en general, las mujeres líderes de estos países o entidades políticas han sido más progresistas, más honestas, más democráticas y mejores gobernantes.

A pesar de todas las críticas y adversidades espero que Claudia Sheinbaum  logre mejorar las deplorables condiciones de vida de las mujeres mexicanas, disminuir los escabrosos índices de feminicidios, hacer cambios estructurales que disminuyan la discriminación y las desventajas legales, educativas, de salud, del acceso al arte y la cultura, a los espacios de liderazgo social, político y comunitario que sufren las mujeres en México.

Ninguna de las dos candidatas que contendieron representa una óptima opción política, Sheinbaum con el bagaje autoritario y antidemocrático de su antecesor político la tiene complicada para deslindarse de sus ataduras políticas con el caudillismo de AMLO. Por otra parte, Xóchitl, con la promesa de restaurar los daños erosionantes de las instituciones democráticas realizados por AMLO representa la unión inimaginable del adefesio que vincula a lo peor y la escoria de los partidos políticos más corruptos que haya tenido México, el PRI, el PAN y el PRD.

Sheinbaum representa la continuidad de un populismo que irónicamente, al viejo estilo priísta, parece liderear el caudillo desde las sombras. Un AMLO engolosinado con el poder y su proyecto de gobernar para y por los pobres. Pero que ha construido una torcida alianza con los militares y encaminado al país hacia un militarismo que atenta contra todo estado de derecho, transparencia y democracia. AMLO ha permitido una extensión del poder político de las mafias de los narcos, cuyo poder económico, permea mucho de las políticas locales y nacionales.

Lo positivo de AMLO ha sido la eliminación de cerca de 5 millones de pobres, el aumento de más del 100% del salario mínimo y transformaciones sustanciales a las leyes laborales que dan protección a la clase trabajadora más vulnerable en México. Su populismo de transferencias directas a la población de la tercera edad y a los jóvenes sin futuro educativo o laboral le ha costado caro a su gobierno con un déficit en el crecimiento económico. Pero lo despide con una aprobación de alrededor del 60% de su gestión. Lo que le da un músculo político lo suficientemente fuerte para elegir a su sucesora y seguir dirigiendo desde las sombras.

Sin embargo, con un promedio de crecimiento del 2.5% estas políticas populistas no serán sustentables sin un mayor crecimiento económico y/o una reforma fiscal. La nueva presidenta tiene retos inmensos, el mayor, el disminuir la violencia generalizada en todo el país, contra las mujeres, contra la población en general. Casi 200 mil homicidios en el sexenio de AMLO pesan sobre su futuro. Los cuerpos asesinados de 10 mujeres al día la persiguen. La erosión de las instituciones y leyes democráticas son una amenaza que polariza a la sociedad. Responder de inmediato ante estos asuntos prevendrá que la polarización de la sociedad mexicana hagan ingobernable al país. Espero que la presidenta esté a la altura histórica de su responsabilidad ejecutiva.

 

 

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