Pérdida de bosques y pobreza

Patricia Guevara.

La Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), creada por México, Estados Unidos y Canadá, compuesta por autoridades del más alto nivel, se ocupa de la planeación estratégica para enfrentar de manera conjunta la problemática ambiental más relevante de America del Norte.

En el caso mexicano participan, entre otros, la canciller Patricia Espinosa y el titular de la Semarnat, Juan Rafael Elvira Quezada. En ellos, recae la responsabilidad de reunirse con sus pares canadienses y americanos para asumir medidas que, si bien no frenan el deterioro ambiental, sí deben cumplir compromisos que palien las dificultades y registrar estadísticas cuyos números nos lleven a tener la percepción generalizada de que estamos mejorando.

Los gobiernos de los tres países reconocen y por ello lo establecen en un protocolo de cooperación, que el aprovechamiento del suelo constituye un ejemplo claro que cómo los seres humanos hemos impactado la fisonomía de nuestro Planeta y cómo hemos erosionado la base física que ahora nos pone en peligro de duplicar los desastres “naturales”.

Actuar sin educación ambiental responsable y consciente nos ha llevado a modificar los ecosistemas y, en consecuencia, la presencia de especies de la flora y la fauna indispensables para la vida humana.

Estudios realizados que suministran información a los integrantes de la CCA revelan que los ecosistemas dominados por el ser humano “cubren un mayor porcentaje del suelo del globo terráqueo que aquellos que aún se conservan de forma natural o silvestre”.

En Canadá y Estados Unidos, la superficie boscosa se mantiene estable mientras que el caso mexicano es preocupante ya que en los años recientes, hemos perdido entre cinco y siete millones de hectáreas de bosques templados y tropicales. Otras investigaciones más recientes, señalan que la pérdida puede alcanzar los diez millones de hectáreas. He aquí, la pregunta obligada ¿En dónde están las autoridades ligadas con el medio ambiente encargadas de hacer cumplir las leyes?

Según datos del INEGI, en México, se siembra un árbol por cada 2.5 hectáreas, con lo cual, tampoco se cumple la norma internacional de disponer de 9 metros cuadrados por persona y los estados que más sufren la mayor pérdida de bosques son: Oaxaca, Puebla, Guerrero, Tabasco y Veracruz. Por ello, hacemos un llamado de atención para los gobernadores que han asumido recientemente la responsabilidad. Gabino Cué (Oaxaca) y Javier Duarte (Veracruz) a fin de que otorguen la máxima prioridad a la conservación, mantenimiento e incremento de las zonas boscosas.

Las otras tres entidades, Puebla (Mario Marín), Guerrero (Zeferino Torreblanca) y Tabasco (Andrés Granier), no han brindado, pese a lo avanzado de su administración, la importancia debida a la sustentabilidad. Todavía es común ver que tanto en Veracruz como en Tabasco, se salga al paso de las inundaciones -que ocurren cada año- con miles de costales de arena en lugar de sembrar árboles, especies adecuadas para la cantidad de agua del llamado trópico húmedo.

La pérdida de bosques mexicanos no sólo tiene implicaciones en la salud, los asentamientos humanos; la economía y la generación de empleos de la población mexicana sino que afecta a Canadá y Estados Unidos y los daños envuelven a todo el orbe.

Destruirlos, dilapidarlos o simplemente no valorarlos como consecuencia de los comportamientos y los hábitos de consumo, nos lleva a convertirnos en seres depredadores orientados por la búsqueda de beneficios particulares o de corto plazo.

Las zonas boscosas pueden aprovecharse para la producción de maderas en forma sustentable, equilibrada y con visión de futuro económico; como hábitad para fines de turismo ecológico y recreativo, como barreras naturales o cuencas para la captación de agua de lluvia y, en menor escala para cultivos específicos que demandan la humedad y sombra de los árboles de bosque.

El panorama imperante puede significar, en el corto plazo, consecuencias graves para el medio ambiente y convertir las zonas en espacios susceptibles de sequías, incendios y presencia de plagas.

En México, señala el informe, la “extracción selectiva de ciertas especies favoritas
de árboles y la extensa conversión de los bosques a pastoreo alteraron ya la estructura y la composición de las tierras boscosas que aún quedan”. A su vez, la FAO señala “la falta de conocimiento de la población y los tomadores de decisiones para comprender de qué manera los bosques contribuyen en la creación de medios de subsistencia, la educación, la calidad del agua y otros ámbitos enmarcados en los objetivos de desarrollo que se buscan a nivel internacional”. Bajo este panorama, se perpetúan los niveles de pobreza en nuestro querido México. Este naciente 2011 podemos comenzar sembrando al menos un árbol y hacernos responsables de su cuidado y crecimiento.

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