Liderazgo fallido de la 4T ante el Covid-17

María Luisa Arredondo

El reciente llamado que hizo la Organización Mundial de la Salud a México (OMS) para que tomara en serio la pandemia del Covid-19 fue tan contundente y claro como inútil.

La recomendación cayó en oídos sordos porque el gobierno federal no se dio por aludido. El doctor Hugo López Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, salió al quite con uno de sus acostumbrados malabarismos retóricos al indicar que la exhortación era para todos los mexicanos, no sólo para él o para el presidente López Obrador. De haber sido así, puntualizó, la OMS quizá les hubiera enviado un comunicado diplomático.

Doctor Hugo López-Gatell. Foto: Presidencia de México.

Lo cierto es que el desdén mostrado por la 4T hacia la exhortación de la OMS no es sorprendente. Desde el inicio de la pandemia, López Obrador optó por menospreciar la gravedad del Covid-19 tanto en el discurso como en las acciones. El 14 de marzo, por ejemplo, instó a la población a salir y a darse abrazos. El 18 de marzo justificó su reticencia a usar el cubrebocas con el argumento de que tenía una imagen religiosa que actuaba como un “detente”. López Gatell lo apoyó sin reservas con una declaración que ha quedado registrada en la historia del absurdo al afirmar que el mandatario tenía una fuerza moral que lo protegía del virus.

En los meses que siguieron, tanto el presidente como López Gatell se enfocaron en difundir cifras alegres en el sentido de que ya se había domado la pandemia y actuaron de manera irresponsable, entre otras cosas, al no ordenar pruebas suficientes del Covid-19. Dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México tiene el último lugar al realizar solamente 0.4 por cada mil habitantes. En comparación, Islandia ocupa el primer lugar con 134.9 pruebas por cada mil habitantes.

Los resultados están a la vista. Hoy México es el cuarto país con más muertos por el Covid 19 al haber sobrepasado las 110 mil víctimas mortales y ocupa el primer lugar en el mundo con más personal sanitario fallecido a causa de la pandemia.

Lo más grave es que los contagios y las muertes aumentarán de forma alarmante porque se avecinan las festividades religiosas y de fin de año. El 12 de diciembre, día en que se celebra a la Virgen de Guadalupe, millones de peregrinos acudirán a rendirle homenaje, a pesar de que la Basílica estará cerrada. Gran parte de la población sale a trabajar, de compras y organiza reuniones sin hacer caso de las recomendaciones de confinamiento en el hogar, usar cubiertas faciales y mantener la sana distancia.   

El gobierno, por su parte, ha renunciado a su tarea. López Obrador le ha recomendado a la gente que no salga de su casa, pero ha aclarado que esto no es obligatorio.  Y en lo que es el colmo de la irresponsabilidad aseguró hace unos días que él no usa cubrebocas porque sus médicos, entre ellos López Gatell, le han indicado que no es indispensable, lo que contradice la opinión de todos los científicos serios.

Un reciente estudio de la Universidad de Washington proyecta que, para el 1 de abril de 2021, en México la cifra de muertos por el Covid-19 podría llegar a los 161 mil. Y agrega que, si tan solo se obligara a todos a usar mascarilla, el número bajaría a 154 mil. La diferencia de 7 mil personas debería estar en la conciencia de López Obrador, si es que la tuviera.

 

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

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