Barret: amenaza para Obamacare

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

En su declaración inicial durante la primera audiencia para considerar su nominación a la Suprema Corte de Justicia, Amy Coney Barrett dio muestras de humildad al reconocer que, aunque ha sido nominada para llenar la vacante que dejó Ruth Bader Ginsburg, nadie podrá tomar el lugar de la fallecida magistrada y agregó que estará por siempre agradecida por el camino que ella marcó y la vida que llevó.

Barrett tiene razón en señalar que nadie podrá llenar el vacío que dejó Ginsburg. Ningún miembro de la Suprema Corte ha hecho tanto por terminar con la discriminación y defender la igualdad de género. Sus decisiones beneficiaron de manera muy especial a las mujeres pertenecientes a las minorías, que son las que enfrentan más obstáculos para tener un acceso igualitario a las oportunidades de educación y trabajo en este país. Ginsburg también fue una ferviente defensora de los inmigrantes y del medio ambiente.

Pero, como bien señalaron los senadores demócratas que la interrogaron, las posturas de Barret no solamente están totalmente alejadas de la filosofía de Ginsburg, sino que representan una seria amenaza a su legado en una amplia diversidad de temas, desde los controvertidos derechos al aborto y al matrimonio igualitario hasta las restricciones para el uso y compra de armas y el cambio climático.

Aunque los demócratas saben bien que no tienen los votos suficientes para impedir la nominación de Barrett, una jueza conservadora de 48 años que trabajó muy de cerca con el fallecido Antonin Scalia, han enfocado sus baterías en lo que es a todas luces es el mayor riesgo de que sea confirmada: la eliminación de la Ley de Atención Médica Asequible, conocida también como Obamacare.

Desde que esa ley se aprobó durante la administración de Obama, los republicanos se han opuesto radicalmente a ella y el presidente Trump ha intentado sin éxito cancelarla por completo, bajo el argumento de que forzar a los ciudadanos a comprar un seguro médico viola sus derechos constitucionales. La Suprema Corte ha declarado que la ley es constitucional, pero ha eliminado la cláusula que obliga a la adquisición de un seguro médico.

A los republicanos les urge confirmar a Barrett porque el 10 de noviembre la Suprema Corte tiene previsto considerar nuevamente la vigencia de Obamacare que, a pesar de que ha sido muy debilitada, aún ofrece cobertura médica a unos 23 millones de estadounidenses.

Durante el intenso interrogatorio al que ha sido sometida, Barrett ha esquivado la pregunta de cómo votaría en el caso de Obamacare.  Pero a los demócratas les preocupa que en un ensayo que escribió en 2017, ella criticó al presidente de la Suprema Corte, John G. Roberts, por impulsar esa ley “más allá de su significado plausible para salvar su estatuto”.

Peor aún, al ser interrogada por la senadora Dianne Feinstein sobre la legitimidad de Medicare, un programa considerado sacrosanto porque ofrece servicios médicos gratis a los adultos mayores, dijo que no podía contestar esa pregunta en abstracto.

Muchos demócratas consideran que esa respuesta es devastadora para la nominada porque afectaría directamente a millones de estadounidenses que dependen de Medicare.

Barrett ha subrayado  que sus decisiones no estarán alineadas con ningún partido político ni con el presidente. Es claro, sin embargo, que Trump la nominó por sus posturas conservadoras y que el primer objetivo que tiene en el horizonte es anular Obamacare.

Los esfuerzos de los republicanos por dejar sin efecto esa ley constituyen una muestra más de su insensibilidad hacia los temas que realmente preocupan al electorado de este país, especialmente a los sectores más vulnerables. El intento de eliminar la Ley de Atención Médica Asequible en estos momentos en que la pandemia del Covid-19 ha cobrado la vida de casi 220 mil personas es sencillamente inhumano.

Tal parece que tanto en la Casa Blanca como en el Congreso los republicanos han perdido el rumbo. Todo indica que lograrán su objetivo de conformar una Suprema Corte de acuerdo con sus intereses: con seis integrantes conservadores y tres liberales. Pero seguramente el precio que pagarán por su desconexión con el electorado será muy alto. Por lo pronto, todas las encuestas nacionales indican que Biden aventaja a Trump, en promedio por 12 puntos.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com 

 

 

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