La pandemia de Covid-19 es un asunto federal: un recuento necesario

Desde el inicio de la pandemia, las autoridades sanitarias y los gobiernos debieron alertar sobre la importancia de usar mascarillas.

Por Tenchy Caymares

Si hacemos  una evaluación  profunda sobre la historia de la pandemia del Covid-19  todo nos conduce  a la actitud  de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  que en contacto con el gobierno comunista de China aplazó  irresponsablemente la noticia oficial al mundo y minimizó el alcance y gravedad de la pandemia.

 Esta actitud de un gobierno y de una organización  que debe velar por la salud de todos los habitantes del planeta, son tan graves que  bastarían  para destituir inmediatamente a Thedros Adhanon de su cargo. Pero la realidad es otra y él continúa en su trono de Ginebra, pese a que no cumplió con su deber. Se dejó influenciar por Pekín, no envió el urgente aviso mundial de alerta, ni recomendó a tiempo el uso de mascarillas.

El retardo de la OMS en dar la alarma internacional  impidió al mundo, Estados Unidos incluido, el  avituallarse con equipos médicos  de protección  para enfrentar a tiempo un tsunami sanitario que ha cobrado ya tantas vidas humanas.  

El Center of Disease  Control (CDC) de Estados Unidos no se quedó atrás. Desde los inicios debió  alertar sobre la importancia de usar mascarillas, (comerciales o caseras) para protegernos. Por el contrario, el CDC negó la utilidad que tienen y las  recomendó  solo  para los enfermos. Pasó por alto que hay personas que aparentemente no están enfermas pero sí son portadoras del  Covid-19 aunque no tienen síntomas, por lo cual son un peligro en todas partes.

Las noticias sobre el fabricante de mascarillas 3M eran confusas y empeoraron la situación. Eso podría  haberse solucionado si compañías  farmacéuticas  competentes  hubiesen iniciado una producción  masiva de mascarillas más eficientes,  como las N-95.

Además, la desatención  por parte de las autoridades sanitarias, que no proveyeron  en forma adecuada  al personal médico y sanitario en general, resultó incomprensible. Incluso se llegó a inducir a los ciudadanos a no comprar mascarillas y cederlas al personal médico.

Fue una irresponsabilidad. Las mascarillas son parte esencial de los insumos de los hospitales,  junto a los respiradores artificiales, las jeringuillas y otros enseres médicos. Eso es responsabilidad  de las autoridades ligadas a la “Big Pharma”:  garantizar el suficiente  avituallamiento en todos los centros de salud y no depender de mascarillas quirúrgicas  que son ineficientes ante el Covid-19.

Otro aspecto es la inadecuada manera en la que el presidente Trump manejó la pandemia desde el inicio. Primero tratando de minimizarla y promoviendo actitudes anti-mascarilla y contra el distanciamiento social, promoviendo mítines  y colocando la economía por encima de la pandemia. Ninguna economía  puede estar por  encima de la salud humana, pues sin salud no hay ni empresarios ni consumidores.

La prematura apertura de los comercios (incluyendo los no esenciales y sí grandes centros de contagio como bares, iglesias, cines, gimnasios y playas) dispararon la expansión de la pandemia. Y aquí  surge una disyuntiva: ¿esperar un poco más para abrir la economía,  o sufrir las consecuencias de la precipitación  con daños que retardan más la apertura económica?

Debimos aprovechar mejor a una autoridad en materia de virología  como el doctor  Anthony Fauci,  quien continuamente aconsejaba prudencia y que invariablemente era frenado en sus decisiones por el gobierno.

Las protestas callejeras motivadas por el asesinato de George Floyd y contra la discriminación racial  estaban justificadas,  pero con mascarillas. Esas manifestaciones sin que  los participantes llevasen mascarillas incrementaron considerablemente los contagios. También lo aumentaron  el vandalismo callejero y las acciones de movimientos iconoclastas que se dedicaron a derribar estatuas.

Por cierto,  estos movimientos  violentos  no constituyen un llamado  inteligente y responsable para la revisión de  los monumentos a próceres sobrevalorados del pasado, pues actuaron como verdaderas hordas bárbaras que pretenden medir  a Cristóbal Colón con el rasero de nuestros días, medio milenio después.

Los organizadores de esas turbas, que no fueron espontáneas,  debieran ser  llevados ante los tribunales. Esos movimientos dudosos,  con maquillaje de progresista y de justicia, dejan a su paso símbolos como el de la hoz y el martillo y no han derribado las estatuas de Lenin que de manera increíble se erigieron en Estados Unidos, la primera democracia moderna en la historia y cuna de la libertad. Eso define a esos agitadores como extremistas procomunistas.

Siendo EE.UU  el país  que por lógica era el más capacitado del mundo para afrontar una pandemia,  por su sólida  economía, su tecnología  de punta y sus vanguardias científicas, paradójicamente ha quedado como epicentro del Covid-19,  por el atraso social, el egoísmo a ultranza de muchas personas  que les impide ver más allá  de su casa, su familia y su mascota. Cuando nos enfrentamos a un monstruo sanitario,  para poderlo vencer necesitamos de la unión de todos,  por estar todos precisamente interconectados. Y de todos dependerá ese futuro saludable que tanto deseamos.

El mayor freno a la solución  de nuestros problemas es una especie de miopía  peligrosa que confunde la libertad individual  con el uso de la mascarilla, por ejemplo. Pensemos un poco en que cuando la libertad de alguien que no se protege con mascarilla me afecta a mí,  no es tal libertad, ya que me puedo contagiar y morir. Además puedo contagiar a otros,  incluyendo mi familia completa.

¿Estamos hablando realmente de libertad o de egoísmo y prepotencia individual? Hay que entender que frente a una pandemia tan descomunal como ésta un concepto estrecho de libertad no nos sirve. Nos resulta obsoleto para dar paso a un concepto colectivo y amplio de libertad como lo es la salud humana.

Hay una gran parte de la ciudadanía  que no es en absoluto responsable y que no sabe cuidarse. Los medios de difusión  deben prestar más atención  a este problema tan serio y convertirse en voceros eficientes para preservar  la salud. Medios y ciudadanos deben  respaldar más a las autoridades médicas y científicas  y olvidar, por una vez siquiera,  las diferencias políticas  entre demócratas  y republicanos. Y contribuir a unirnos como ciudadanos de un mismo país, con una misma suerte.

Llegados a este punto cabe  preguntarnos ¿cuántos muertos más tenemos que poner para que se reaccione correctamente?.  Una pandemia, al igual que una guerra, es un problema federal y no de cada estado de la federación. No se puede dejar el mando a los gobiernos estatales o locales,  que envían directrices encontradas y confusas. El equipo del  doctor Fauci  es el que debiera tener el liderazgo en cuanto a las medidas a tomar, y no los políticos,  a quienes  corresponde callar y aprender por el momento.

Nos sentimos a bordo de un barco sin timonel. Toca entonces tomar conciencia de grupo y aprender a crecer como seres humanos a nivel social asumiendo una actitud de madurez,  pero sobre todo de humanidad.

Esta mala experiencia nos dice que el Congreso debiera  aprobar una ley federal que establezca  reglas y medidas de obligatorio cumplimiento para todos los estados de la nación cuando el país sea afectado por una pandemia.  Esa ley federal, con sus reglas,  no podría ser  cambiada ni ignorada por los gobernadores de los estados.  Sus violadores  serían llevados ante la justicia.

Mientras no haya una ley como esa  hay que hacer conciencia de que quien no lleva una mascarilla  puesta no es más libre por eso, sino un potencial homicida.

   

 

    

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2 comentarios sobre «La pandemia de Covid-19 es un asunto federal: un recuento necesario»

  1. Estoy de acuerdo! Apezar de que en muchos aspectos una federacion es positiva para el desarrollo y bienestar de un pais, en cuestiones de salud y sobretodo bajo pandemia la directiva debe ser federal. Esa es la unica manera realmente efectiva de combatir una pandemia a nivel de pais.

  2. Muy interesantes puntos de vista. Estoy de acuerdo en que debiera pedírsele cuentas a China con más agresividad sobre el manejo de la información al mundo sobre el brote de Covid-19 en su territorio a finales de 2019, o al menos denunciar con mucho más fuerza las condiciones objetivas de los mercados de animales vivos en China, que en su momento criticó abiertamente Bill Gates, pronosticando incluso que alguna pandemia global comenzaría justo allí. Creo que el federalismo norteamericano, en este caso va en contra de medidas federales a aplicar en tantos estados con sus características tan disímiles en cuanto a demografía, economía, clima, etc, etc. O sea, cuando Donald Trump hace unos meses enunció públicamente que dejaría que los gobernadores de cada estado tomaran las medidas adecuadas en sus estados para controlar el Covid-19, aprovechó (calculadamente o no) el carácter federativo de la unión. A lo mejor de haber creado decretos fuertes y hasta con amenza de fuerza militar para implementar las medidas de aislamiento y cierre de las economías, quizás (y ya ha ocurrido) hubiera sido tildado de imponer poderes dictatoriales. Con esa lógica son los gobernadores de cada estado los responsables directos de tomar medidas fuertes en cada estado. En otro ángulo, el perfecto balance entre dejar que la enorme maquinaria económica del país (uno de cuyos pilares fuertes es el consumo) mantenga la vitalidad necesaria, y controlar eficientemente el contagio masivo del coronavirus, es en extremo difícil. Nadie aceptaría tranquilamente que las vidas humanas valen menos que la economía, pero es la economía la base de la propia vida, así de simple. En fin , creo que inevitablemente hay que implementar restricciones, en particular cuando los casos aumentan, y las muertes también, pero si se levantan las restricciones sólo cuando no haya casos o muertes, el caos nacional (o global) tendría consecuencias más funestas en el mediano plazo.
    En cuanto a que Estados Unidos es el epicentro mundial, parece evidente por los números de casos y muertes, pero si se analizan las estadísticas del sitio https://www.worldometers.info/coronavirus/ podemos encontrar datos interesantes. Estados Unidos está realmente en el lugar número 11 mundial en casos reportados por cada millón de habitantes, con 10304 casos reportados, mucho mejor que Chile con 16476 casos por millón de habitantes. En esta estadística el peor es Qatar, que aunque es pequeño, tiene 36896 casos reportados por cada millón de habitantes. Y Panamá le sigue a USA con 10270 casos por cada millón de habitantes. Y en cuanto a muertes por cada millón de habitantes, Estados Unidos está en el lugar 9 del mundo, con 416, en mejor posición que Francia con 460, Suecia con 547, Italia con 578, España con 607, United Kingdom con 660 y Bélgica con 844. Como conclusión, estoy de acuerdo en que por ahora no queda otra que implementar con efectividad el uso de máscaras en lugares públicos, y evaluar con cuidado a qué alcance restringir o incluso cerrar negocios, y servicios gastronómicos y recreativos, hasta que los números y proyecciones sean más prometedores de que por fin el Covid-19 es historia.

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