Tulsa: la encarnación de la derrota

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

Esta vez no funcionaron los insultos contra los enemigos reales e imaginarios, tampoco los comentarios racistas y ni siquiera las bromas, aun cuando fueron a costillas suyas. Lo que se supone iba a ser una demostración de su fuerza para retener la Casa Blanca se convirtió para el presidente Trump en lo que podría ser el preludio de una humillante derrota en noviembre.

La campaña política del mandatario había anunciado a los cuatro vientos que más de un millón había solicitado boletos para ir al mitin de Tulsa, la ciudad de Oklahoma elegida por Trump para iniciar su periplo en busca de la reelección. Con esa cifra en mente, los organizadores esperaban llenar sin problema los 19,000 asientos del BOK Center, donde se efectuaría el evento, e incluso instalaron afuera un templete para que el presidente pudiera saludar a los miles que no iban a poder entrar.

Todos estos preparativos se derrumbaron cuando se hizo evidente que esos números eran sólo una fantasía. Al final, solamente 6,200 personas acudieron y dejaron en evidencia la debilidad de Trump.

Más allá de esta humillación, lo verdaderamente penoso fue ver la desconexión de Trump con la realidad. El presidente carece de un mensaje para una nación que está en medio de una pandemia que ha causado más de 120 mil muertos, 45 millones de desempleados y sufre una severa crisis institucional por el racismo y la brutalidad policiaca contra las minorías.

Trump, al final del evento en Tulsa. Foto tomada de Internet.

En lugar de consolar a las víctimas de estas calamidades y ofrecer un plan concreto para sacar adelante al país, Trump se dedicó a explicar, haciendo mofa de sí mismo, el por qué unos días antes había caminado encorvado y de manera lenta por una rampa empinada durante una ceremonia de graduación en West Point.

Lo peor, sin embargo, ha sido su respuesta ante el Covid-19. No sólo insiste en desafiar las recomendaciones de los científicos de evitar eventos masivos para controlar la propagación del virus, sino que, sin bases científicas, afirma que éste pronto desaparecerá y que la solución consiste en hacer menos pruebas para que se detecten menos casos. Su respuesta no podía ser más vergonzosa y descorazonadora.

Como de costumbre, Trump también se dio tiempo para promover la división. Sin ningún empacho defendió las estatuas de la Confederación que han empezado a ser derribadas, catalogó a Biden como un promotor del socialismo y se refirió de manera racista al coronavirus al llamarlo “kung flu” porque se originó en China.

Ninguna de sus ocurrencias tuvo el efecto deseado. Muchos de los asistentes, perdidos en un mar de asientos azules vacíos, parecían cansados y aburridos. Al final del evento, Trump no pudo ocultar su desánimo, por primera vez era la encarnación de la derrota, a la vista de todos. Vendrán, por supuesto, otros mítines, pero el de Tulsa quedará para siempre en la historia y en el imaginario colectivo.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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