Como Dreamer, abrazo plenamente la victoria de hoy

La lucha de los Dreamers se ha extendido ya por ocho años. La decisión de la Suprema Corte en favor de los jóvenes inmigrantes se considera una victoria histórica. Foto: Tomada de internet.


Por Tania Torres

Tras conocer la decisión de la Suprema Corte en torno a DACA esta mañana, permanecí en cama inmóvil sin saber qué hacer. Me había preparado para llorar de ira, pero ya no era necesario. De lo único que estaba plenamente consciente era del latido de mi corazón.  

Durante semanas había sufrido ataques de ansiedad provocados por mis constantes pensamientos sobre los resultados de la decisión de hoy y sobre cómo mi futuro se vería afectado. Mi ritmo cardiaco se aceleraría y yo sucumbiría a los abrumadores síntomas. Mis padres me habían enseñado a prepararme para lo peor y a esperar lo mejor. Pero algunos días, esperar lo mejor se convierte en una carga emocional. Mientras permanecía en cama, pensando en mi futuro, por primera vez después de algún tiempo mi pulso estaba en calma. Luego de varios minutos de disfrutar en silencio, llamé a una de mis mejores amigas que también es beneficiaria de DACA para darle la noticia.

El día anterior habíamos hablado largamente sobre el posible resultado de hoy. Decidimos que si la decisión de la Suprema Corte era negativa, entonces le textearía múltiples emoticones de caritas llorando. Si era positiva, mejor le hablaría. Ella tomó la llamada al primer timbre, pero de mi boca ninguna palabra salía. Ella se rio nerviosamente, pero yo aún no sabía cómo expresar la buena noticia. Simplemente no parecía real. “Bueno, ya sabes por qué estoy llamando”, dije entre risas.”Lo sé, pero aun así quiero escuchártelo decir”. Luego de algunos segundos, todo lo que pude decir fue: “Estamos bien” y ambas permanecimos quietas dejando que las palabras se acomodaran. Se sentía extraño quitarse un peso de encima.

Desde el momento en que Trump fue electo presidente, hemos llevado nuestros temores en la punta de la lengua, teniendo cuidado de todo lo que decimos o hacemos. A pesar de estar temporalmente protegidos por DACA, vivimos con miedo constante. Ese temor que tenemos no es solo por nosotros, sino por nuestros amigos y familiares que han sido afectados por igual.

Recuerdo cómo lloraba en mi camino de regreso a casa al salir de mi trabajo el 5 de septiembre de 2017. Ese fue el día que el gobierno de Trump anunció que daba por terminado DACA. Con Trump en el poder, sabía que esa era una posibilidad, pero aun así me dejó atónita.

Sé que soy una de las afortunadas. DACA fue creado el 15 de agosto de 2012, un año antes de graduarme de secundaria. Mi transición de la escuela al trabajo fue perfecta. Continuar mi educación es algo que mis padres siempre me han impulsado a hacer, y es lo único que me ha mantenido con la certeza de que tengo un propósito. La falta de fondos suficientes me impidió atender físicamente clases en una universidad de cuatro años.

Pero pude hacer las paces con ese sueño y continuar mi educación en un colegio comunitario y a través de clases en línea. Me está tomando más tiempo terminar mi licenciatura del que me habría gustado, pero hacer malabares entre empleos y clases me ha sido posible mediante la oportunidad que DACA ha creado.

Hay muchos que como yo a veces no encuentran las palabras cuando se trata de que nuestras emociones lidien con el inminente miedo a que DACA sea rescindido y completamente eliminado. La decisión de la Suprema Corte de rechazar el intento del gobierno de Trump de desmantelar DACA —un programa que evita temporalmente que yo y otros miles seamos deportados, y nos pemite trabajar y estudiar—, brinda una esperanza de que algún día tengamos una vía a la ciudadanía.

Es solo hasta ahora, mientras escribo esto, que abrazo plenamente la victoria de hoy. A pesar de saber que la lucha está lejos de terminar, esta noche las lágrimas que lloro son de alegría.

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As a Dreamer, I fully embrace today’s victory

By Tania Torres

After knowing the Supreme Court’s DACA decision this morning, I laid in bed motionless not knowing what to do with myself. I had prepared myself to cry in anger but that wasn’t necessary anymore. The only thing at that moment that I was fully aware of was my heartbeat.

For weeks I’ve been having anxiety attacks brought on by my constant thoughts on the outcome of today’s decision and how my future would be affected. My heartbeat would race, and I would succumb to the overwhelming symptoms. My parents have taught me to prepare for the worst and hope for the best. But on some days, hoping for the best becomes an emotional burden. As I laid there in bed, thinking about my future, for the first time in a while my heartbeat was calm. After a few minutes of basking in silence, I called one of my best friends who is also a DACA recipient to tell her the news.

The day before, we had talked extensively on the possible outcome of today. We decided that if the Supreme Court decision was a negative one, then I would text her multiple crying emoji faces. If it were a positive one, I would call her instead. She picked up on the first ring, but no words were coming out of my mouth. She laughed nervously but I still didn’t know how to put into words the good news. It just didn’t seem real. “Well you know why I’m calling”, I said in between laughs. “I know, but I still want to hear you say it.” After a few seconds, all I could utter was, “We’re okay” and we both stayed quiet letting those words settle. It felt weird having a weight lifted.

From the moment Trump was elected President, we have carried our fears on the tip of our tongues coating everything we say and do. Despite being momentarily protected by DACA, we live in constant fear. The fear we carry is not only for ourselves but for our friends and family who are impacted as well.

I remember crying on my way back home from work on September 5th, 2017. That was the day the Trump Administration announced that it was ending DACA. Having Trump in office, I knew this was a possibility, but I was still taken aback.

I know I’m one of the lucky ones. DACA was created on August 15th, 2012, a year before I graduated from high school. My transition from school to the workplace was a seamless one. Continuing my education is something my parents have always pushed me towards, and it is the one thing that has kept me feeling like I have some purpose. Lack of sufficient funds prevented me from physically attending a four-year college/university.

But I was able to make peace with that dream and continued my education through community college and online classes. It is taking me longer to finish my bachelor’s degree than I would have liked but juggling jobs and classes has been made possible through the opportunity that DACA created.

There are many, who like me are sometimes at a loss for words when it comes to our emotions dealing with that looming fear of having DACA rescinded and completely terminated. The Supreme Court’s decision to reject the Trump administration’s attempt to dismantle DACA, a program that allows me and thousands of others a temporary reprieve from deportation to work and study, provides hope that one day we would have a pathway to citizenship.

It is only until now, as I’m writing this that I have fully embraced today’s victory. Despite knowing that the fight is far from being over, tonight the tears I cry are joyous ones.

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