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El abrazo de mi nieto

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07 de abril, 2020

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El abrazo de mi nieto
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

Lo que más extraño es el abrazo de mi nieto. Antes de que nos cayera la pandemia del coronavirus, casi todas las mañanas iba a recogerlo a su casa para llevarlo a la escuela. Apenas entraba, salía a recibirme con su angelical sonrisa y un apretado abrazo alrededor de mi cuello. Era mi mayor aliciente para empezar el día. Hoy él está confinado en su casa y yo en la mía y esa maravillosa rutina que teníamos es parte de un pasado que me parece muy lejano, aunque solo han transcurrido tres semanas.

El coronavirus llegó como un espectro del más allá para alterar nuestras vidas cotidianas de una forma inimaginable. Nos ha obligado a estar en cuarentena, a evitar la cercanía física con los otros, a lavarnos una y otra vez las manos, a desinfectar todo lo que tocamos y a usar mascarillas si necesitamos salir. Aunque desde luego no ha sido fácil, he podido sobrellevar el aislamiento con la idea de que, con esto, contribuyo no solo a protegerme a mí misma sino a los demás. He tratado también de leer todos esos libros que me han esperado por años, mantener el contacto con familiares y amigos, aunque sea por teléfono, escuchar mi música favorita, ver películas que siempre había deseado  y pensar que, cada día que pasa, el fin de la pandemia está más cercano.

La ansiedad, sin embargo, está ahí y a veces siento que me ahoga. No puedo dejar de pensar en el creciente número de personas contagiadas y fallecidas, en los hospitales donde no hay suficiente equipo ni suministros para atender la pandemia, en el personal médico desprotegido y en todos los que a diario arriesgan su vida para que los demás podamos sobrevivir, desde los trabajadores del campo, hasta los empleados de las tiendas, los conductores de trenes y autobuses, los reporteros, los policías y los bomberos.

A la par de la pandemia está, desde luego, la crisis por la paralización de la economía. En solo tres semanas, se estima que 15 millones perderán sus trabajos y, aunque el gobierno ha prometido ayuda para la mayoría, muchos han sido excluidos, entre ellos los indocumentados. Esta medida no podía ser más injusta pues ellos también pagan impuestos. Para complicar más el asunto, esto seguramente tendrá como resultado una disminución en las remesas hacia México, mi país natal, que ya sufre una grave recesión.

Mientras tanto, el clima político se encuentra más enrarecido que nunca. La respuesta ineficaz y tardía de Trump contra el virus, sus continuos exabruptos, sus peleas con los gobernadores, sus peligrosas recomendaciones como la de utilizar un medicamento contra la malaria para combatir el COVID-19, aun cuando no ha sido aprobado por los médicos, hacen que el camino para salir de este calvario se vea más largo y sinuoso.

Pese a este panorama desolador, me animan dos cosas: el deseo de abrazar de nuevo a mi chiquillo y de que esta pandemia nos ayude a evolucionar como seres humanos. Debemos entender que, para sobrevivir como especie, tenemos que desterrar las luchas estériles y unirnos para encontrar una cura a esta y otras calamidades que seguramente enfrentaremos. Si lo logramos, la humanidad daría un gran paso y podríamos heredarle a nuestros niños un mundo mejor.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

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