Marcha feminista del 8M en Chile fue infiltrada por militar camuflado de civil

 

Plaza de la Dignidad, escenario de la marcha del 8 de marzo en Santiago de Chile. Foto tomada de Internet.
Plaza de la Dignidad, escenario de la marcha del 8 de marzo en Santiago de Chile. Foto tomada de Internet.

Por Francisco Leal Díaz
Desde Santiago de Chile

La multitudinaria marcha feminista del Día Internacional de la Mujer (8M), que en Santiago de Chile congregó a más de un millón de mujeres —y cerca de tres millones en todo el país—, fue infiltrada por efectivo militar de civil, involucrado en serio incidente con las eufóricas manifestantes, mujeres de todas las edades.

Además, una inusitada polémica se produjo con relación al número de participantes marchando el domingo 8 de marzo por las calles santiaguinas, cuya columna principal se inició en la denominada Plaza Dignidad (Plaza Italia), en un masivo avance hacia los sectores céntricos, aledaños a La Moneda.

No obstante, esta masiva manifestación femenina —con imágenes multitudinarias, más que elocuentes—, fue minimizada por Carabineros de Chile al señalar, sin ningún pudor, que las mujeres congregadas en la capital sumaban 150 mil. La generala Berta Robles, jefa de zona de Protección de la Familia, comentó que “se trató de una jornada intensa que contó con la participación de aproximadamente 150 mil personas”. Agregó que tal cálculo había sido elaborado por el Departamento Técnico de Carabineros, basado en una fórmula matemática. Tan insignificante cifra, a ojos de la policía uniformada, fue desconocida incluso por la propia vocera de gobierno, Karla Rubilar, quien en rueda de prensa reconoció una convocatoria femenina de 800 mil personas.

No obstante, saltó a la palestra otra cifra muy diferente, emanada de la Coordinadora Nacional Feminista. Su vocera, Francisca Fernández, aseguró que “fuimos más de dos millones de mujeres y disidencias, lo que se notó en la calle”. En tanto, Paola Palacios, representante de la Secretaría de Mujeres Migrantes, reafirmó la cifra cercana a los dos millones, señalando haber participado en una jornada histórica: “Las mujeres migrantes —dijo—, las mujeres negras, las mujeres afro chilenas, hemos estado presentes en esta histórica convocatoria”.

Ante tales evidencias, una vez más Carabineros de Chile se convirtió en el centro de irónicas críticas ante la irrisoria forma en que calcularon la cifra de 150 mil personas marchando el Día Internacional de la Mujer. Mediante imágenes captadas por un dron, se usó un mapa de la ciudad y una plantilla de cálculo destinada a medir metros cuadrados. Así se determinó la densidad de personas por metro cuadrado. La cifra arrojada mediante este curioso y errático cálculo provocó sonrisas y hasta indignación en las esferas gubernamentales. Finalmente, la vocera de La Moneda zanjó la cifra en 800 mil mujeres, basándose con toda seguridad en lo señalado por Pablo Guzmán, experto en Planificación Urbana de la Universidad Católica, quien aseguró que las mujeres convocadas en Santiago el 8M serían “unas 800 mil”, cifra en todo caso difícil de determinar por ser una “manifestación en movimiento”, distinta a una tradicional concentración que permite elaborar cálculos más precisos. Cabe consignar, además, que en las principales ciudades de Chile se organizaron, igualmente, masivas manifestaciones femeninas, muchas de ellas con propuestas artísticas, ingeniosas y creativas performances, en las que predominó la ya popular propuesta del colectivo Lastesis, “El violador eres tú”. En definitiva, se considera que en todo el país desfilaron, al menos, sobre tres millones de mujeres.

 MILITAR DE CIVIL INFILTRADO

La nota discordante, sin duda, la puso un camuflado militar de civil, infiltrado entre el jolgorio femenino, con la evidente misión de espiar y perturbar el pacífico desfile de mujeres enfrascadas en conmemorar su día internacional.

Tal fue el caso de Marcos Díaz Ibacache, funcionario del ejército, detenido y formalizado por porte de arma corto punzante durante el desfile del 8M y amenazar agriamente a una manifestante. El militar imputado —que intervino de civil— quedó con medidas cautelares de no acercarse a la víctima en los próximos 120 días de investigación.

En tanto, el ejército emitió un Comunicado de Prensa en defensa del funcionario castrense, advirtiendo que Marcos Díaz fue “víctima de agresión” por un grupo de mujeres durante el 8M. El mismo comunicado del ejército emite una explicación que, a todas luces, parece muy poco convincente, por no decir que peca de infantil: “Se encontraba efectuando labores de seguridad militar con la finalidad de anticipar posibles ataques a cuarteles ubicados en la zona”.

El párrafo que sigue, en el comunicado oficial del ejército, es digno de ser enmarcado y pegado en la pared: “La función que realizaba el miembro de la institución aludido, forma parte de las medidas que se han adoptado para anticipar y prevenir la ocurrencia de hechos que puedan afectar a las instalaciones militares, que custodian armamento y munición de guerra, algunas de las cuales su uso puede tener efectos letales y que de ser sustraídas afectarían gravemente a los ciudadanos y la seguridad de la nación y cuya responsabilidad de resguardo recae en la propia institución”.

Increíble, que el ejército de Chile vea en pacíficas y optimistas féminas conmemorando el Día Internacional de la Mujer, como “un peligro, una amenaza para la nación”. Insólito, por decir lo menos.

El remate del comunicado de la institución militar es de antología: “El ejército de Chile manifiesta tajantemente su repudio a la agresión sufrida por el funcionario”. O sea, el ladrón detrás del juez.

Tan incoherentes explicaciones de inmediato provocaron suspicaces polémicas en la ciudadanía y dejó a las autoridades del gobierno en el más absoluto desconcierto. Las mujeres chilenas consideradas “un peligro latente” en la “guerra imaginaria” que hace un par de meses declarara el propio Sebastián Piñera. Irónicamente, el cuestionado mandatario había lanzado un mensaje de paz a las chilenas, horas antes del inicio de las 47 marchas programadas por la Coordinadora Nacional Feminista, a lo largo de todo el país. Esa mañana, en el Patio de los Naranjos de La Moneda, el mandatario reiteró lo que ya había señalado en un twitter matutino: “Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y ratificamos nuestro compromiso de avanzar con voluntad y sentido de urgencia hacia un Chile en que hombres y mujeres tengamos los mismos derechos y deberes, las mismas oportunidades y dignidad y tolerancia cero con la violencia”. ¿Estaría enterado el presidente chileno, en esos momentos, que un funcionario del ejército infiltrado, camuflado de civil, violentarían a las chilenas manifestantes en el mismo Día Internacional de la Mujer? El ministro del Interior, Rodrigo Blumel, tendrá mucho que decir respecto de tales actos del personal uniformado a su cargo.

VIL AGRESIÓN A UN DESTACADO PERIODISTA

 Un día antes, el sábado 7 de marzo, durante una marcha organizada por la ultraderecha gritando su “rechazo” al plebiscito del 26 de abril por una Nueva Constitución, un grupo agredió vilmente al destacado periodista de Chilevisión, Rafael Cavada, quien pretendía cubrir pormenores de la susodicha marcha.

Reconocido por algunos manifestantes, Cavada fue agredido cobardemente con un bate de béisbol e, incluso, lo siguieron golpeando aun estando en el suelo. Fue socorrido por un colega y protegido por el público en las inmediaciones de un edificio, en Providencia. En el incidente, protagonizado por violentos grupos de ultraderecha, se lanzaron incluso amenazas de muerte, prácticamente ante la complaciente presencia de carabineros. Se comenta en las redes sociales que, irónicamente, carabineros tiene la idea de proteger las marchas de la derecha y, por el contrario, obstaculizar y arremeter contra manifestantes que exigen igualdad de derechos y equidad social en Chile, desde el pasado 18 de octubre de 2019.

Como corolario del tenso capítulo que se registra hoy en la historia de este país, los ciudadanos se han enfurecido ante la violenta golpiza que un piquete de carabineros le propinó a un anciano, golpeándolo hasta el cansancio, incluso caído en el suelo, con lumas (bastones usados por la policía uniformada), cobarde agresión que fue captada por celulares particulares, indignantes imágenes emitidas profusamente por la televisión. Fue irritante ver que, incluso ante los ruegos de mujeres allí presentes no se calmaran las iras de los uniformados, precisamente encargados de velar por el orden público y el bienestar de la ciudadanía. Hechos como este se han registrado una y otra vez. Preguntamos: ¿en dónde está el ministro Rodrigo Blumel, encargado de la seguridad del país? La ciudadanía exige y se merece una explicación, además de acciones certeras inmediatas. O, en caso contrario, dar un paso al costado…

Francisco Leal Díaz

 

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