El coronavirus, prueba de fuego para Trump

 

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo *

Hasta ahora, Donald Trump ha logrado salir airoso de los retos que ha enfrentado, entre ellos el juicio político en el Senado que terminó por exonerarlo de las acusaciones de abuso de poder y obstrucción del Congreso.

Hoy, sin embargo, se enfrenta a un desafío inesperado que podría poner en serio riesgo sus posibilidades de reelección: el surgimiento del coronavirus.

Como lo hemos visto en los últimos días, la rápida propagación del virus en varias partes del mundo, que algunos científicos califican ya como pandemia, no solo representa un enorme riesgo para la salud de millones de personas sino que ha puesto en jaque a las Bolsas de Valores, entre ellas la de Estados Unidos.

El hecho de que la semana pasada Wall Street haya sufrido pérdidas devastadoras ha puesto a temblar a Trump porque podría dar al traste con lo que ha sido su principal logro: un crecimiento económico estable.

Esta caída se debe, en gran medida, a que ha quedado al descubierto que la Casa Blanca no está debidamente preparada para confrontar esta crisis.

Trump ha reaccionado de manera totalmente irresponsable.  Sin bases científicas ha intentado disminuir la importancia del coronavirus con afirmaciones que rayan en lo ridículo. Entre otras cosas ha dicho que el virus es menos letal que la influenza y que desaparecerá en el verano como por arte de magia, lo que ha sido negado por los expertos. También ha asegurado que el país está listo para enfrentar la amenaza, cuando sabemos que ni siquiera hay suficientes equipos para detectar la enfermedad y que la vacuna para contrarrestarla no llegará pronto sino que tardará por lo menos año y medio en desarrollarse.

No solo eso. El presidente ha tenido la osadía de utilizar la pandemia del coronavirus como argumento para su consabido capricho de construir un muro en la frontera sur y atacar a los inmigrantes.

Para encabezar los esfuerzos contra el coronavirus, en lugar de nombrar a un experto en el tema, Trump designó al vicepresidente Mike Pence, lo que no representa ningún buen augurio dado su terrible récord en el manejo de la crisis del VIH, cuando era gobernador de Indiana.

En circunstancias normales Trump podría salir ileso del pésimo manejo que le ha dado a esta crisis, pero estamos en tiempos de elecciones y los contrincantes políticos del presidente ya han tomado nota del asunto y no lo dejarán de aquí a noviembre.

El presidente, sin embargo, parece estar obsesionado con la idea de que tanto sus rivales políticos como los medios están exagerando el problema para atacarlo. Lo único que le preocupa es detener la caída de la Bolsa y por ello le ha pedido a la Reserva Federal que corte las tasas de interés. Esta acción, sin embargo, no es suficiente, ni siquiera para detener el caos financiero.

Trump se enfrenta al más grande reto de su presidencia y es claro que, si no cambia el rumbo, la situación empeorará y podría representar la mayor amenaza para su reelección.

 

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

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