Rebelión contra Trump y Barr

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

El hecho de que más de dos mil exfuncionarios del Departamento de Justicia hayan firmado una petición para exigir la renuncia del fiscal general William Barr representa un rayo de esperanza para la democracia en este país.

Como bien lo denuncian esos exfuncionarios en su texto, Barr no merece el alto cargo que desempeña porque intervino indebidamente para reducir la sentencia de Roger Stone, quien además de ser amigo de Donald Trump fue su asesor de campaña en 2016.

Stone fue declarado culpable de mentirle al Congreso, manipular testigos y obstruir la investigación de la Cámara de Representantes que tenía como fin determinar si había existido una coordinación entre Rusia y la campaña de Trump para interferir en las elecciones de 2016.

Los cuatro fiscales a cargo del caso recomendaron una pena de entre siete y nueve años de prisión para Stone, lo que causó la furia de Trump. En uno de sus acostumbrados tuits, el mandatario se quejó que no se podía permitir esa “justicia fallida”.

Lo que siguió después no tiene precedentes y es simplemente inadmisible: Barr hizo un lado los principios fundamentales de aplicar la ley de manera imparcial y anuló la sentencia dictada por los fiscales en busca de una sentencia más leve para Stone.

Esta conducta ha colocado a Estados Unidos al nivel de una dictadura o de una república bananera pues el fiscal ha puesto al Poder Judicial de rodillas ante el presidente.

Por fortuna, las muestras de inconformidad no se han hecho esperar. Los cuatro fiscales a cargo del caso de Stone renunciaron en protesta por la interferencia de Trump y la sumisión de Barr y ahora más de dos mil exfuncionarios del Departamento de Justicia piden la renuncia del fiscal.

Aunque Barr ha dicho que su decisión fue tomada de manera independiente, nadie le cree. Trump lo ha puesto en serios aprietos al felicitarlo públicamente por manejar un caso “que estaba fuera de control”.

Y no solo eso, en otro de sus tuits, Trump aseguró que como presidente tiene el “derecho legal” a interferir en los casos del Departamento de Justicia.

Como es evidente, a raíz de que el Senado lo exoneró del juicio político que enfrentaba en el Congreso, Trump se siente invencible. No tiene empacho en decir que puede hacer lo que le plazca pues considera que está por encima de la ley. Los republicanos que lo absolvieron así se lo han hecho creer y Barr lo ha confirmado al poner al Departamento de Justicia al servicio de sus caprichos.

El país vive tiempos críticos. Lo que está en riesgo es nada más y nada menos que el futuro de la democracia en este país. De ahí la importancia de atender la rebelión que ha surgido entre los exfuncionarios del Departamento de Justicia y de entender que, al margen de la persona que esté al frente de esa institución, mientras Trump sea el mandatario, estarán en peligro su independencia y credibilidad.

*María Luisa Arredondo es fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

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