Pensamientos parásitos

Manuel Sañudo3Manuel Sañudo

“Mil cosas solicitan a la vez nuestra atención y ninguna de ellas logra retenernos; así, la vida se nos vuelve arena entre los dedos y las horas humo en el cerebro”

Octavio Paz

Los sabios chinos decían que la mente, o cerebro si se prefiere, es como un mono mordido por un escorpión, que salta de árbol en árbol, de rama en rama, sin detenerse. Aclaro que, en este reducido espacio, no hay cabida para señalar las distinciones, que sí las hay, entre mente y cerebro. Así que optaré por citarlos como si fuesen lo mismo; es decir, la parte humana que piensa.

Más allá de la cita mística, la realidad es que el cerebro-mente está todo el día pensando. Muchos de esos pensamientos son rutinarios e imperceptibles, que tienen que ver con activar los músculos, o para regular y dirigir las funciones de la química corporal, o las glándulas y la fisiología en general. Otros, muy numerosos, más propios del intelecto, son los que intoxican nuestro entendimiento, cuerpo y espíritu.

Veamos cuáles son esos pensamientos “parásitos”, que consumen nuestra energía y nuestra serenidad, y que los podemos clasificar en cuatro grandes grupos:

  • Recuerdos desagradables. Conciernen a estar mirando al pasado, a pasar tempo recordando lo que no debimos hacer, acordarse de la oportunidad que se nos fue, a evocar a la persona que perdimos; pensamientos, todos ellos, que nos anclan al pasado, que nos remiten constantemente hacia el ayer y nos sofocan en un estado culposo y de autocastigo.

 

  • Inquietud por el futuro. Es el miedo, proyectado e infundido, en gran parte, por las influencias manipuladoras de otros que, por sigilosas razones, quieren – y les conviene – que vivamos en el miedo, en la amenaza constante. Sin embargo, hay que aceptar que vivir en estado de alerta – por peligros persistentes – es parte del ADN ancestral del hombre.

 

  • Ruido de fondo. Pensamientos que son como bucles mentales, como canciones pegajosas que no podemos dejar de tararear, o una idea que se repite mil veces, y que no podemos alejarnos de ellos fácilmente.

 

  • Preocupación sobre los quehaceres del día. – “Hoy tengo que hacer esto o el otro, y no lo he hecho”; es una turbación por un micro futuro situado en el hoy. A veces son consecuencias de los actos y omisiones del ayer, y que hoy ya no tienen remedio.

¿Cómo eliminarlos y lograr concentrarse en lo importante del aquí y el ahora?

Lo primero que hay que hacer es estar en permanente observación de lo que estamos pensando y – por ende – de lo que estamos sintiendo a lo largo del día. Si el sentimiento predominante es negativo o infeliz, hagamos una pausa e iniciemos    un “retro rastreo”, es decir una búsqueda desde el presente, rumbo al pasado, a partir del síntoma del malestar, hacia el pensamiento-sentimiento que le precedió; y así, profundizando en retrospectiva, hasta dar con el pensamiento raíz, con el que causó nuestra contrariedad del presente.

Una vez revelado el pensamiento original, el pensamiento “madre”, y una vez hecho consciente de que se sitúa en alguno de los cuatro grandes tipos de pensamientos, antes enunciados, caeremos en cuenta de que la gran mayoría de ellos no tienen remedio pues están en el pasado, o no van a ocurrir nunca aunque estén en el futuro; sobre todo si aceptamos que: “El 90% de los miedos que tenemos, nunca se convertirán en una amenaza real” (Marian Rojas Estapé)

Más todavía: si esos pensamientos sobre el futuro realmente llegaran a concretarse sería en un mañana lejano, al que quizás no lleguemos, y entonces ¿para qué preocuparse? ¿para qué sufrir por lo que aún no ha ocurrido?

“El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo”

Émile Auguste Chartier

 

*Rubén Manuel Sañudo Gastélum.

 

El autor es Coach y Consultor de Empresas.

 

Correo: manuelsanudog@gmail.com

 

DR © Derechos reservados. Se prohíbe la reproducción sin el permiso del autor.

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