Seguridad, la gran asignatura pendiente en México

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

Andrés Manuel López Obrador cumplirá a principios de diciembre su primer año en la presidencia con una gran asignatura pendiente: reducir los elevados niveles de inseguridad que amenazan con descarrillar su proyecto de gobierno y con erosionar seriamente su todavía envidiable popularidad.

Una encuesta efectuada entre usuarios de Facebook por la organización Méxicoelige.com revela que la ciudadanía ya le empezó a pasar la factura al mandatario por el tema de la inseguridad. En noviembre, el nivel de aprobación de AMLO descendió a 52.5%, lo que representa 11 puntos menos que el mes anterior, cuando tenía 63.5%.

La caída es más notable si se considera que el presidente llegó a tener 73% de aprobación en febrero de este año.

Si bien la ciudadanía sabe que López Obrador heredó de los gobiernos pasados del PRI y del PAN el cáncer de la inseguridad, a millones les preocupa e indigna que las cifras de la criminalidad no solo no se hayan reducido sino que van en aumento.  El 2018, último año del sexenio de Enrique Peña Nieto, terminó con 35,964 homicidios. Para este año se proyecta que el número podría ascender a 36,500, dado que todos los días asesinan en promedio a cien personas.

Dos hechos recientes han afectado en particular la imagen de AMLO en materia de seguridad:  el fallido operativo en Culiacán para arrestar a un hijo de El Chapo Guzmán y la masacre contra la familia LeBarón en la que asesinaron a seis niños y tres mujeres en la sierra entre Sonora y Chihuahua.

Ambos hechos han complicado también la relación del gobierno mexicano con Estados Unidos. En el caso del hijo de El Chapo porque el operativo para detenerlo se hizo a petición de Washington con fines de extradición. Y en cuanto a la matanza de los LeBarón porque se trata de ciudadanos estadounidenses.  Como era de esperarse, la situación ha sido aprovechada de manera oportunista por el presidente Donald Trump, quien le ha ofrecido a México asistencia militar para terminar con los carteles de la droga.

Aunque López Obrador ha rechazado  la ayuda de Washington, el fracaso de su estrategia contra el crimen organizado ha quedado expuesto. El presidente insiste en la necesidad de atacar las causas de la violencia y evitar confrontar al crimen organizado con la fuerza, como se hizo en el pasado con resultados nefastos.

Sin embargo, la cruda realidad demuestra que la pasividad tampoco es la respuesta y que debe dar un giro de 180 grados antes de que sea demasiado tarde.

No se trata de que, como en el pasado, recurra a la represión o a la fuerza bruta para contener al crimen organizado. Se trata de que cumpla con su obligación de proteger a la ciudadanía y de que ofrezca un marco donde prevalezcan la ley y el orden. De lo contrario, el país se desintegrará y no habrá plan o proyecto que pueda sacarlo a flote.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

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