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Las secuelas de la 187

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04 de noviembre, 2019

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Las secuelas de la 187
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

Este 8 de noviembre se conmemorará el 25 aniversario de un hecho infausto en la historia de California: la aprobación en las urnas de la Proposición 187 que pretendía negar a los indocumentados el derecho a recibir toda clase de servicios públicos, desde los de educación básica y salud hasta la asistencia social.

Aunque la proposición nunca entró en vigor porque fue declarada inconstitucional por la jueza federal Mariana Pfaelzer, dejó tras de sí una honda división social y política entre quienes estaban a favor de ella y quienes lucharon para derrotarla.

Fue una época turbulenta que me tocó vivir de cerca como reportera encargada de la fuente de inmigración para La Opinión.

Todavía recuerdo que cuando asistí a la conferencia donde se dio a conocer el movimiento para crear la 187, encabezado, entre otros, por la activista antiinmigrante Barbara Coe, el contador Ron Prince y dos altos exfuncionarios de inmigración, Harold Ezell y Alan Nelson, pensé que era tan extremista que iba a naufragar.

Obviamente me equivoqué. La medida cobró una fuerza inusitada en cuestión de meses, alimentada por la idea de que la crisis económica que sufría California era culpa de los indocumentados. Nadie abrazó con mayor ímpetu esa creencia que el gobernador de ese entonces, el republicano Pete Wilson, quien buscaba reelegirse.

Debido a que varias encuestas indicaban que la demócrata Kathleen Brown lo aventajaba con 20 puntos, Wilson no dudó en utilizar la táctica preferida de los políticos oportunistas en este país: culpar a los indocumentados de todos los males económicos y sociales.

Se desencadenó entonces una férrea batalla entre los grupos que buscaban castigar a los indocumentados y quienes los defendían a capa y espada. Entre la comunidad inmigrante empezó a cundir la el miedo. Muchos padres de familia comenzaron a manifestar su angustia por la posibilidad de no poder enviar a sus hijos a la escuela o a recibir atención médica.

Temerosos del futuro incierto para ellos y sus familias, los estudiantes de educación media y superior asumieron un papel protagónico. Formaron un frente común para participar en docenas de protestas y mítines.

La resistencia contra la 187 creció y desembocó el 16 de octubre en una marcha multitudinaria en el centro de Los Ángeles que para mí fue un momento culminante. Aunque las cifras oficiales estiman que 75 mil personas tomaron las calles, los organizadores que entrevisté señalaron que participaron unas 150 mil. Lo importante, en cualquier caso, fue que los inmigrantes vencieron el miedo y salieron a protestar por sus derechos.

Pese a estos esfuerzos, la 187 se aprobó y Pete Wilson se reeligió.

Se trató, sin embargo, de una victoria pírrica. Como resultado del triunfo de la 187, que finalmente fue derrotada en las cortes, miles de latinos entendieron la importancia de tener voz y se hicieron ciudadanos para poder votar contra medidas tan extremistas como esa. El Partido Republicano pagó caro las consecuencias pues, a partir de entonces, California se tiñó definitivamente de azul.

Las lecciones no pueden ser más claras: al final del día, la unión y el voto hacen la diferencia y los políticos oportunistas que utilizan a los inmigrantes como chivos expiatorios acaban mal.

*María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

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