Construyendo el futuro… ¡hoy!

 

Manuel Sañudo3Manuel Sañudo Gastélum*

Desde sus inicios, hace miles de años, el hombre se organizó en comunidades y estableció estructuras de organización, definió diversas actividades y nombró a un jefe máximo a quien, entre otras cosas, le preocupaba adivinar el futuro; le preocupaba averiguar qué querrían los dioses para ser complacidos, y así hacer sus planes en consecuencia.

No hemos cambiado mucho, aunque hayan pasado millares de años, y a pesar de que vivimos en un mundo más racional y tecnificado. Pues sabemos de muchas famosas anécdotas, de mandatarios, presidentes y grandes líderes que increíblemente, en estos días y con esa crónica preocupación por el futuro, han consultado a videntes, les han leído las cartas y han practicado una insólita serie de artificios para adivinar el mañana.

También existen empresarios que, con la misma inquietud futurista en mente, a la hora de planear en sus negocios, recurren a métodos no tan  esotéricos. Pero aun así, lograr una visión más o menos acertada de lo que pueda suceder en el mediano o largo plazo, no deja de ser siempre un albur, con su consiguiente carga de riesgo.

He sabido que en algunas universidades del mundo se proporciona educación formal – con técnicas de estadística, historia de la humanidad, tendencias, simulaciones, teorías de escenarios múltiples – para que este trabajo de anticipar el futuro sea sobre bases más científicas, y con menor grado de incertidumbre, sabedores de que siempre estará lo impredecible. A esta metodología le llaman “Prospectiva” la que, según dicen, consiste en “Atraer y concentrar la atención sobre el futuro, imaginándolo a partir de éste y no del presente. No busca adivinar el futuro, sino que pretende construirlo”.

Con lo anterior quiero resaltar que la planeación es, y seguramente seguirá siendo, una de las actividades cruciales de cualquier empresario o dirigente, independientemente de que se asesore de brujos, futurólogos, “prospectores”, visionarios, o simplemente de su buen juicio.

El punto importante, para efectos de este espacio, es que analicemos qué tanto poder tenemos de modificar, de construir, ¡hoy!, lo que queremos que suceda en el mañana, y no tanto la capacidad de atinarle a lo que serán los acontecimientos del futuro.

No es la pretensión de ser omnipotentes, sino la invitación a que cuestionemos en qué medida sí podemos incidir en lo que será de nuestras vidas –empresariales y personales – en el futuro distante. Hablo de decidir, hoy, qué es lo que queremos que acontezca en nuestro mañana, dentro del contexto de las variables que sí podemos controlar.

Opino que no todo está sujeto al azar, ni “a lo que los dioses decidan”. Ni tampoco a lo que Dios – para los que creemos en Él – tenga designado para nosotros; pues recordemos que con todo y su infinito poder, nos dio la facultad del libre albedrío.

El ocuparnos de modificar nuestro destino, en la medida de lo posible, no debe estar peleado con vivir el aquí y el ahora. Más bien se convierte en una diferente manera de afrontar y de tomar acciones preconcebidas sobre ese aquí y ese ahora, una vez que hayamos definido a dónde queremos ir, partiendo de nuestra visión y misión, y de lo que razonablemente se puede esperar para el mañana; ya sea que lo hagamos sobre bases científicas o intuitivas, pues ambas son herramientas válidas en esta labor de “prospectar” el futuro.

Como lo dijo el escritor francés, Víctor Hugo: “El futuro tiene muchos nombres: para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido y para los valientes es la oportunidad”.

Decidamos, hoy, lo que queremos que sea el mañana, en el espacio de libertad que tengamos.

“El hombre propone y Dios dispone”… ¡Propongamos, pues!

 

*Rubén Manuel Sañudo Gastélum.

El autor es Coach y Consultor de Empresas.

Correo: manuelsanudog@gmail.com

DR © Derechos reservados. Se prohíbe la reproducción sin el permiso del autor.

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