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Desamparados, un problema que nos atañe a todos

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26 de agosto, 2019

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Desamparados, un problema que nos atañe a todos

 

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

Cuando empecé a trabajar como reportera en el centro de Los Ángeles, en el ya lejano 1992, lo que más me impresionó fue el enorme número de personas que vivían en las calles.

Aunque estaba acostumbrada a ver indigentes en la Ciudad de México, donde nací y crecí, nunca vi algo parecido a Skid Row: filas interminables de tiendas de campaña junto a montañas de basura, miles de desamparados durmiendo en las aceras envueltos solo con una manta, otros drogándose y haciendo sus necesidades fisiológicas a plena luz del día.

La escena me pareció tan desoladora como vergonzosa e inexplicable. ¿Cómo es posible, me preguntaba, que esto ocurra en un país que se vanagloria de ser la primera potencia del mundo?

Hoy sé que las razones son múltiples y están enraizadas en los graves problemas que aquejan a Estados Unidos: la falta de vivienda asequible, la carencia de apoyo para quienes sufren enfermedades mentales, la facilidad con que se pueden adquirir las drogas, la creciente desigualdad económica e incluso la indiferencia de gran parte de la sociedad, por citar algunas.

En conjunto, todos estos factores han provocado que el problema de los desamparados se agudice. Tan solo en el condado de Los Ángeles se estima que hay 60 mil indigentes.

Pese a que se han invertido miles de millones de dólares para atacar el problema, ninguno ha tenido éxito.

En L.A., el Concejo de la ciudad aprobó recientemente una ordenanza para prohibir a los indigentes sentarse o dormir en las aceras. Pero el comité encargado de la pobreza recomendó reemplazarla con una ley menos severa que permita a los indigentes pernoctar a 500 pies de parques y escuelas y a 10 pies de la entrada de edificios.

Muchos defensores de los desamparados indican, con razón, que la prohibición de permanecer alejados de parques dificultará el acceso de los desamparados a baños públicos, lo que agravará el problema de la falta de higiene.

Pero quienes viven y trabajan en el centro de L.A. argumentan, también con razón, estar cansados de lidiar con la suciedad, el hacinamiento y la inseguridad que ocasionan los desamparados Se ha sabido incluso de casos en los que indigentes con problemas mentales han atacado a transeúntes.

El asunto de fondo es que, mientras las personas sin hogar no tengan la opción de un techo, resulta ridículo criminalizarlos. Los gobiernos locales, con el respaldo del estado y la federación, tienen que ofrecer nuevas y mejores soluciones: más albergues, capacitación laboral, vivienda asequible, tratamiento para enfermos mentales y drogadictos, así como una red de apoyo para prevenir crisis que desemboquen en la pérdida de la vivienda.

Aun así, el asunto no se resolverá de la noche a la mañana. Por lo pronto, debemos entender que este problema debe tratarse de manera humanitaria e integral y no olvidar que nadie está exento de quedar en el desamparo.

 

*María Luisa Arredondo es fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

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