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Reelección de Trump debería hacer que demócratas superen diferencias

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01 de julio, 2019

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Reelección de Trump debería hacer que demócratas superen diferencias
Maribel Hastings.

Maribel Hastings.

Maribel Hastings

Los primeros dos debates demócratas de la semana pasada reflejaron, hasta cierto punto, la realidad de este país. Es decir, la diversidad de raza, etnias, género, edad, identidad sexual e ideologías fueron evidentes: blancos, minorías, mujeres y hombres, un representante de la comunidad LGBTQ, miembros de diversas generaciones, así como posturas a todos lados de los espectros políticos.

La interrogante es quién podrá apelar a todos esos sectores, solamente dentro del bando demócrata, para lograr la nominación y entonces atraer en la elección general a los otros sectores políticos, moderados, centristas o incluso republicanos desafectos para tratar de arrebatarle a Trump la presidencia.

Como titular y con la economía de su lado, Trump cuenta con la ventaja de no tener que competir con algún retador repubicano, al menos hasta el momento. Tiene además el sólido apoyo de una base ultraconservadora, pero sus políticas en materia económica, como por ejemplo sus guerras comerciales, la reducción de impuestos que ha favorecido más a los ricos, sus ataques al Obamacare, así como sus políticas antiinmigrantes, entre otras cosas, han erosionado el apoyo de los llamados republicanos de Obama, que apoyaron al expresidente demócrata en 2008 y 2012, pero luego saltaron al bando republicano de Trump en 2016 motivados por sus promesas de que los asuntos que les preocupaban serían prioritarios para su gobierno.

Trump también tiene en su contra sus abismales índices de apoyo, de manera que su mejor carta es tratar de hacer de la elección de 2020 no un referendo sobre su persona, sino ofrecer a los votantes seleccionar entre lo que tienen ahora (léase una economía estable), mientras pinta a todo el bando demócrata como “extremistas de izquierda” que abogan, por ejemplo, por Medicare para todos, aunque ello conlleve abolir los seguros médicos privados, por ofrecer cobertura médica a los indocumentados, o etiquetarlos como promotores de “fronteras abiertas”, aunque no sea eso lo que propongan.

Y ciertamente en los dos debates se plantearon cosas que hasta hace pocos años no se escucharían de candidatos demócratas; entre otras, ofrecer cobertura médica a los indocumentados, algo que ni siquiera el Obamacare preveía.

Pero que el Partido Demócrata se coloque más a la izquierda que al centro frente a Trump no debe sorprender a nadie. Las políticas de este presidente, en diversos rubros, desde sus ataques al medio ambiente, hasta su guerra contra los inmigrantes, con especial énfasis en su crueldad contra los niños migrantes, no ofrecen otra alternativa a los demócratas que declarar su oposición a esas políticas, estableciendo un claro contraste con el titular republicano.

Así, los progresistas del bando demócrata prevalecen de momento provocándole agruras a quienes creen que el giro a la izquierda y, sobre todo, la selección de un abanderado o abanderada progresista como nominado o nominada demócrata, puede espantar a votantes centristas, moderados y republicanos opuestos a Trump, garantizando la reelección del presidente.

Pero el negocio de los pronósticos digamos que ha sufrido severamente desde la elección de 2016 cuando Trump ganó a pesar de su retórica prejuiciosa e incendiaria.

Lo que sí ha logrado la presidencia de Trump es definir posturas. A principios de este año, un sondeo de la firma Gallup encontró que 51% de los demócratas se identifica como liberal, mientras un 34% se identifica como moderado. Un liberal o una liberal como abanderado demócrata no sería entonces tan descabellado, como tampoco lo sería para el Partido Demócrata asumir su diversidad no como un problema, sino como una ventaja. Sería una elección de claros contrastes ideológicos con candidatos en los dos extremos.

La interrogante es si en lugar de asumir su diversidad y buscar algún tipo de consenso entre sus facciones para competir efectivamente contra Trump, el proceso de elecciones primarias demócratas se torna en un baño de sangre, haciendo realidad el temor de Obama de que las primarias se conviertan en un “pelotón de fusilamiento circular” debido a la “rigidez” de algunos sectores progresistas.

Si los primeros dos debates demócratas son una muestra, el pelotón parece estar tomando forma. Mientras los demócratas se lanzan dardos por posturas de hace 40 años, Trump celebra.

Pero todavía es temprano. Quizá la sola idea de que sus fracturas internas puedan resultar en la reelección de Trump debería ser aliciente para que el bando demócrata asuma su diversidad y sus diferencias y enfoque su estrategia electoral en el objetivo central que es recuperar la Casa Blanca. Eso está por verse.

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