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Trump y los supremacistas blancos

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19 de marzo, 2019

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Trump y los supremacistas blancos
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

El atentado terrorista contra una comunidad musulmana en Nueva Zelanda, que segó la vida de 50 personas a manos de un supremacista blanco, ha despertado la condena mundial y la urgencia de que los gobiernos combatan con todos los medios a su alcance las crecientes amenazas de la intolerancia y el racismo.

En Estados Unidos, sin embargo, Donald Trump mostró nuevamente su absoluta falta de sensibilidad hacia este flagelo. Pocas horas después del tiroteo, que tuvo lugar en dos mezquitas, el presidente negó que el nacionalismo blanco sea una calamidad creciente a nivel global. Se trata, dijo, “de un pequeño grupo de personas que tiene muy, muy serios problemas”.

Adicionalmente, en una serie de tuits que difundió el domingo, Trump defendió férreamente a  Jeanine Pirro, a quien le cancelaron su programa en la cadena Fox News por cuestionar si la congresista demócrata musulmana Ilhan Omar le guarda lealtad a la Constitución de Estados Unidos o a la ley islámica. El presidente abogó también por el presentador Tucker Carlson, quien igualmente ha sido muy criticado por haber llamado a los iraquíes “monos primitivos”.

Estas declaraciones reavivaron las acusaciones de que, aunque lo niegue, Trump defiende las causas de los supremacistas blancos. Las muestras de que simpatiza con estos grupos son muy claras. El presidente usa un lenguaje muy similar al de estos grupos. A menudo se refiere a los indocumentados que entran por la frontera sur como “invasores” y todos recordamos que inició su campaña calificando a los inmigrantes mexicanos de “criminales y violadores”. En varias ocasiones ha dicho que el Islam odia a Estados Unidos y por ello emitió una orden para prohibir la entrada a Estados Unidos de ciudadanos de países musulmanes. Asimismo, en agosto de 2017, cuando se registró una polémica marcha de supremacistas blancos en Charlottesville que derivó en graves enfrentamientos con antifascistas se negó a culpar a los grupos de ultraderecha, pese a que éstos iniciaron la confrontación.

Aunque no se puede culpar directamente a Trump del resurgimiento del nacionalismo blanco es obvio que su lenguaje y sus acciones xenófobas sirven de inspiración a muchos supremacistas. El atacante de Nueva Zelanda dijo que consideraba al mandatario como un “símbolo de la renovada identidad blanca”.

Pese a todas estas evidencias, Trump se niega a condenar de manera contundente  a los supremacistas blancos y al racismo. El asunto seguramente le costará caro pues será uno de los principales temas que explotarán los demócratas en contra de él. Estados Unidos no puede tener como presidente un hombre que promueve los discursos de odio. Son valores contrarios a la democracia y al espíritu incluyente y diverso de esta gran nación.

**María Luisa Arredondo es fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

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