Silencio oprobioso

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

El hecho de que Donald Trump se haya rehusado a solidarizarse públicamente con las víctimas de violencia doméstica en el caso de su exsecretario Rob Porter es oprobioso, pero no debería sorprender a nadie.

Trump ha actuado de la misma manera en otros casos que han involucrado denuncias de acoso o asalto sexual contra hombres poderosos cercanos a él. Basta recordar cómo defendió a a Roy Moore, Steven Bannon, Roger Ailes y Bill O’Reilly.

La razón es clara: el presidente no puede tomar partido por las mujeres que han acusado a estos hombres de abuso porque él mismo enfrenta alrededor de una docena de demandas por esta causa. Hacerlo equivaldría a reabrir los ataques que ha recibido por su manera de tratar a las mujeres.

Rob Porter.
Rob Porter.

Por ello, en el caso de Porter, en lugar de darle credibilidad a las acusaciones de las dos exesposas de éste, decidió respaldar al acusado. Al estallar el escándalo, no se conformó con elogiar los méritos profesionales de Porter sino que lo defendió abiertamente al señalar en su cuenta de Twitter que las vidas de muchas personas se han destruido debido a meros alegatos. “Algunos de ellos son ciertos y otros falsos. Algunos son viejos y otros nuevos. Pero no hay posibilidad de recuperación para alguien a quien se acusó falsamente, su vida y su carrera se acaban..”.

El mensaje, obviamente, generó un alud de críticas, por lo que la vocera de la Casa Blanca, tuvo que salir al paso diciendo que el presidente y su administración toman muy en serio los alegatos de violencia doméstica y apoyan a las víctimas.

Pero la realidad indica exactamente lo contrario. Ahora se sabe que varios miembros del equipo de Trump, entre ellos el general John Kelly, jefe de gabinete de la Casa Blanca, estaban al tanto, desde hace meses, de las acusaciones contra Porter y no hicieron nada al respecto, como lo señalan los informes del FBI. Por el contrario, lo protegieron e incluso pensaban promoverlo, hasta que la situación se salió fuera de control por los reportes en los medios.

El escándalo ha sido mayúsculo porque los alegatos contra Porter, quien era el asistente más cercano de Trump y manejaba información clasificada, lo hacían blanco fácil de chantajes, lo que representaba un alto riesgo para la seguridad nacional.

Aunque Porter se vio obligado a renunciar, ha quedado el precedente de que la Casa Blanca no investiga apropiadamente al personal que contrata y, peor aún, que protege a ciertos empleados, a pesar de saber que cometieron delitos graves. Se trata, desde luego, de un precedente ominoso que debería ser reprobado por todos y que la administración Trump debe pagar caro.

*María Luisa Arredondo es fundadora y directora de Latinocalifornia.com

 

 

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