Armas: la voz de los estudiantes

 

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

María Luisa Arredondo*

Cada vez que un tiroteo cobra vidas inocentes en Estados Unidos, atestiguamos el mismo guión: Los políticos ofrecen sus condolencias a los deudos y empieza el debate interminable entre quienes abogan por leyes más estrictas en la venta de armas y quienes se oponen. Pero al final todo queda en eso, palabras y discusiones que con el tiempo se olvidan hasta que nos enfrentamos nuevamente a otra matanza.

Por esta razón, a raíz de la masacre ocurrida el pasado 14 de febrero en Parkland, Florida, donde 17 personas perdieron la vida en la preparatoria Douglas, un grupo de estudiantes ha decidido alzar la voz y rebelarse contra la inacción del Congreso.

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Con la pasión y valentía propias de su edad, los estudiantes han puesto el ejemplo al denunciar a todos aquellos políticos, empezando por el presidente Trump, que no han hecho nada para evitar los asesinatos masivos.

Y han puesto el dedo en la llaga al señalar que todos aquellos legisladores que se oponen a un mayor control en la venta de armas están coludidos con la Asociación Nacional del Rifle (ANR). La razón, como todos sabemos, es obvia: reciben aportaciones millonarias de esa asociación para sus campañas políticas. A Trump, por ejemplo, le dieron 30 millones de dólares.

Esto explica el por qué, especialmente los republicanos, se han negado hasta ahora a aprobar medidas que podrían reducir de manera significativa los tiroteos, como el prohibir la venta de armas de asalto o hacer más estricta la verificación de los antecedentes de quienes desean comprar armamento.

Para proteger los intereses de la ANR estos políticos esgrimen con frecuencia argumentos falaces como el hecho de que el problema de los tiroteos reside en las personas con enfermedades mentales, no en las armas, o bien que no pueden violar la Segunda Enmienda. Lo que no dicen es que si bien la Constitución de este país protege el derecho de los ciudadanos a tener armas, no impide que el Estado prohíba aquellas que son altamente peligrosas o inusuales como los rifles semiautomáticos.

Muchos desconocen los alcances reales de la Segunda Enmienda y reaccionan de manera virulenta ante la posibilidad de que se restrinja adquirir estas armas pues lo consideran un ataque a sus derechos constitucionales, cuando no es así.

Ha llegado la hora de acabar con estas falacias e iniciar una discusión profunda y objetiva sobre lo que podemos hacer para evitar otra tragedia como la de Parkland. No es justo que por proteger y malinterpretar los intereses de unos cuantos, nuestros niños y jóvenes no estén seguros ni siquiera en su propia escuela. Tenemos que escuchar la voz de los estudiantes y presionar para que termine el maridaje entre la ANR y Washington.

*María Luisa Arredondo es fundadora y directora de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

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