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El día que el odio perdió

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09 de noviembre, 2017

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El día que el odio perdió
David Torres.

David Torres.

David Torres

Confiados en que la fórmula de racismo, odio y exclusión de Donald Trump podría seguir funcionando en campañas políticas para ganar un puesto público, los antiinmigrantes se llevaron al chasco al ver frustradas sus intenciones en los comicios del pasado 7 de noviembre, especialmente en las contiendas para gobernador en Virginia y Nueva Jersey.

Ese día el odio perdido.

En efecto, quienes optaron por la unidad y la pluralidad ganaron, mientras que quienes se aferraron a la división y el nativismo perdieron. Tan sencillo como eso.

Los republicanos Ed Gillespie, en Virginia, y Kim Guadagno, en Nueva Jersey, se creyeron amparados por el falso poder de quien ahora detenta la Casa Blanca y perdieron ante los demócratas Ralph Northam y Phil Murphy, respectivamente, apelando a la retórica anquilosada y anacrónica de un mandatario que cada vez más se ha despojado de las capas de mentiras que lo han cobijado desde que surgió a la palestra política en 2015 con una campaña contra los sectores más vulnerables.

Pero mientras la investigación del fiscal especial Robert Mueller avanza con los resultados esperados, los naipes de la mafia de la muerte y las derrotas de sus aliados se hacen más evidentes.

No hace falta abundar en la serie de victorias de miembros de minorías en otros estados del país que, en buena medida, representan los Estados Unidos contemporáneos, más acorde con la realidad nacional e internacional y adaptado a los cambios que requiere esta etapa de la historia mundial.

Son esos triunfos la punta de lanza de la nueva etapa política en la que acaba de ingresar al país, con los que se puede agregar a una nueva plataforma de participación plural -política y étnicamente hablando-, con base en la cual derrotar a la supremacía que ha querido aplastar décadas de lucha por los derechos civiles, añorando una serie de privilegios tan solo por el color de la piel.

Baste mencionar, por ejemplo, una Elizabeth Guzmán y Hala Ayala, quienes se convierten en las primeras asambleístas latinas en la historia de Virginia. Oh, Ravi Bhalla, quien es el primer alcalde sij en la historia de Hoboken, Nueva Jersey, un pesar de la campaña de terror en su contra. O Jerry Shi y Falguni Patel, descendientes de familias asiáticas que forman parte del distrito escolar del condado de Edison en Nueva Jersey. O Justin Fairfax, primer afroamericano elegido como vicegobernador de Virginia en las últimas tres décadas. O Danica Roem, primera transgénero en acceder a la Asamblea Estatal de Virginia.

Es decir, el mensaje ha sido claro y más que contundente: el racismo y la discriminación no tiene más que ver con estas circunstancias en esta nación.

Si por un descuido descomunal logró una agenda con los fascistas en el llamado “país de las libertades” colocando en la Casa Blanca un acosador de menores y una serie de aliados que le han dictado cómo operar contra los inmigrantes y otros sectores, la puerta de la esperanza se ha abierto para hacer frente a ese error histórico que se hace más grande conforme pasa el tiempo.

Mucha gente dice que un año es muy poco tiempo para evaluar el desempeño de un gobierno. Bueno, eso depende del tipo de gobernador, del país y del momento político que se está viviendo. Con estas derrotas queda más que negativamente la influencia de la retórica del trumpismo, la cual se debilita y tiende al fracaso inevitable en un mundo que es difícil entender y mucho menos aceptar.

Pero el problema quizás no es para para, están muy por encima de los de este país. En todo caso, el problema es que el partido que lo impulsó y el que le costó mucho trabajo y el camino malo y el rehabitamiento como la política política para ser creíble ante un electorado cada vez más consciente de que el racismo, la discriminación y la xenofobia no hijo la vía para configurar el nuevo rumbo de una nación de inmigrantes.

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