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¿Podrá Cuba recuperarse de Irma?

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02 de octubre, 2017

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¿Podrá Cuba recuperarse de Irma?
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Alvarez Quiñones

Todos los cubanos sabemos que cuando el castrismo sea solo el recuerdo de una pesadilla que duró demasiado tiempo la reconstrucción del país será una tarea titánica, a un costo de miles millones de dólares y de muchos años de arduo trabajo del sector privado que emerja en la isla y de grandes inversiones extranjeras. Pues bien, ahora después del huracán Irma todo será aún más difícil.

La devastación causada por Irma es inmensa.

La devastación causada por Irma es inmensa. Foto: Facebook.

Baste decir que Irma destruyó o dañó 158,554 viviendas, informó el gobierno, 14,657 se derrumbaron por completo y 16,646 parcialmente. Otras 23,338 perdieron el techo. Si se suman a las 42,338 viviendas derrumbadas por el huracán Matthew en 2016, y las 63,247 tumbadas por los huracanes Ike, Gustav y Paloma en 2008.Agréguense las más de 10,000 que derribó el ciclón Sandy en 2012, y se tiene una idea de la catástrofe que ello significa en una nación con un déficit asombroso de viviendas que supera el millón de inmuebles. También Irma causó otros destrozos que veremos más adelante, incluyendo 537 kilómetros de viales.

El gobierno castrista, en la quiebra financiera, monopoliza toda la economía y no ha sido capaz de reparar los daños de esos seis huracanes citados. Antes de Irma cerca del 90% de esas viviendas destruidas no habían sido reconstruidas por el Estado. Algunas fueron levantadas a retazos por los propios interesados con lo que pudieron conseguir: desechos de madera, troncos de palmeras y otros árboles. Es decir, quedaron listas para ser arrasadas de nuevo, y fue lo que hizo Irma.

Lo cierto es que cada huracán que azota a la isla hace a los cubanos aún más pobres y complica la futura reconstrucción del país. Y es que Cuba es el país más indefenso de América Latina ante los embates de la naturaleza porque la dictadura militar comunista le extirpó su activo más valioso:   la libertad de su gente para crear riquezas y la flexibilidad inagotable del libre mercado.

El sistema socioeconómico marxista-leninista solo genera atraso y pobreza por su carácter asombrosamente improductivo. Increíblemente rígido y centralizado, encima es dirigido por una élite soberbia y corrupta que desprecia al pueblo que dice representar.

Baste decir que Raúl Castro, tres semanas después del paso del huracán aún no se ha dignado a visitar las zonas afectadas.  No solo el general es un hombre cruel — capaz de matar y hacer sufrir a sus compatriotas–, sino un incapaz absoluto como dirigente político. Lo que sí hizo el dictador fue lanzar las tropas especiales a las calles para evitar protestas, como las ocurridas en La Habana y Matanzas, y militarizar el país completamente.

Militarización por miedo a protestas

Rápidamente Castro II nombró a tres de sus principales generales como delegados suyos a cargo de todo el país, por encima del Partido Comunista, el gobierno, el MININT, el Poder Popular y todas las organizaciones de la nación. En la Región Occidental (que incluye La Habana) puso al ministro de las FAR, Leopoldo Cintra Frias; en la Central a Joaquín Quintas Solá), y en la Oriental a Ramón Espinosa.

Esos tres generales de tres estrellas son figuras clave de la Junta Militar que normalmente dirige el país. Los jefes de los tres ejércitos del país también han quedado subordinados a esa trilogía de generales, al mando directo de Castro II.

Esa militarización tiene el propósito de organizar las labores de reconstrucción prioritaria del sector turístico y de las instalaciones de actividades que generan divisas, a costa de sacrificar a los damnificados. Muchos cubanos comentan que esa prioridad obedece a que el turismo es la principal fuente de enriquecimiento que tienen el dictador y la claque militar que lo sustenta.

Pero hay más, Castro II ha puesto el país en manos de este triunvirato verde olivo para evitar que la indignación de la gente por la desidia gubernamental derive en protestas que podrían llevar a manifestaciones políticamente desestabilizadoras.

Luego del paso por la isla de los huracanes Gustav, Ike, y Paloma, en 2008, el gobierno reportó daños por $10,000 millones de dólares. La cifra fue inflada por Castro II para recibir más ayuda internacional (que puso a la venta en las “shopping”). Esta vez aún no ha dado cifras, pero podría decir que duplica la de 2008.

La desgracia de ‘construir el socialismo’

Este último huracán evidenció, nuevamente, la desgracia que significa “construir el socialismo”. Es lo que ha depauperado a Cuba, que antes del castrismo era uno de los países de vanguardia de Latinoamérica en nivel de vida, con un ingreso per cápita ($356) que duplicaba al de España ($180), según el Banco Mundial.

La pobreza es una fatal desventaja para enfrentar desastres naturales. En la isla casi todas las edificaciones, incluyendo industrias, almacenes, puertos, carreteras, calles, acueductos, y sobre todo las viviendas, están en muy mal estado, muchas a punto de caerse, o en condiciones tan deplorables como en Haití o en el Africa Subsahariana. Y son más fácilmente destruidas por un huracán, o por inundaciones.

Es muy triste que tantas familias cubanas junto con sus casas pierdan los pocos bienes personales que poseen, sin la esperanza de poder recuperar jamás algunos de ellos, sobre todo quienes no reciben remesas de sus familiares en el extranjero.

Al no haber empresa privada, ni instituciones sólidas, ni corporaciones nacionales o extranjeras que puedan ayudar, la población cubana depende del gobierno, totalmente en la quiebra. Y lo peor, el Estado monopoliza la ayuda internacional que llega a la isla. Nadie puede ayudar a nadie directamente, tiene que enviarlo al gobierno, que luego vende en las tiendas en divisas esas donaciones recibidas, y a precios exorbitantes.

Esta vez también el gobierno comenzó a vender a los damnificados las donación recibidas, pero la fuerte presión popular y algunas protestas obligaron al régimen a entregarlas gratuitamente Pero estamos ante unos dirigentes sin escrúpulos. Probablemente dentro de algún tiempo volverán a vender las donaciones en las “shopping”.

Y hay más, debido a la soberbia inherente al castrismo el gobierno cubano rechaza de plano cualquier ayuda de Estados Unidos, el país más rico del mundo y el que está mejor preparado y equipado para ofrecer una asistencia valiosísima a Cuba.

Irma golpeó a una nación muy pobre que en 2016 sufrió una recesión y se halla en medio de otra. Huracanes aparte, el Producto Interno Bruto (PIB) cubano no podrá crecer en largo rato debido a la disminución de los subsidios y del petróleo gratuito enviados desde Venezuela. Por su parasitismo congénito la economía cubana solo se mantiene a flote con subsidios externos.

Fatal círculo vicioso, no ’cash’, no importaciones

Irma devastó el 75% del territorio nacional. Aunque todavía no hay un balance final, se sabe que en la industria turística, la principal del país, las afectaciones son cuantiosas y su recuperación demorará meses. También se perdió o dañó seriamente un 35% de la superficie cañera del país, es decir unas 435,000 hectáreas (32,400 caballerías). Las cañas fueron acostadas o partidas por el viento.

Súmense los daños a la ya deteriorada infraestructura del país, incluyendo la electroenergética, la vial, y la industrial; y la pérdida de cosechas de todo tipo. Se dibuja en el aire la sombra de un nuevo “período especial”, que ya se veía venir antes de Irma.

El inevitable descenso en la producción de azúcar, y del flujo de turistas en los próximos meses (ya se informó que desde que pasó el ciclón ha caído en un 50%) profundizarán la caída del PIB en 2017 y en 2018, y agravarán la falta de “cash” para hacer importaciones, en una nación que tiene que importarlo casi todo, porque no produce casi nada.

Y ahí está el detalle. Ahora con Irma la nación ha quedado más atrapada que antes en un círculo vicioso funesto: debido a su improductividad económica Cuba depende de las importaciones, pero por producir poco no genera recursos suficientes para importar lo que necesita. Encima, las divisas regaladas por Venezuela han descendido drásticamente

¿Qué no hay solución alguna? Sí la hay, no solo para reconstruir lo destruido por Irma, sino para salir de la pobreza que agobia a la sociedad cubana: liberar las fuerzas productivas y permitirles a los cubanos que puedan invertir capital, crear empresas privadas que exporten e importen libremente y produzcan todo lo que quieran en todas las ramas de la industria, los servicios, el transporte, la agricultura, la minería; abrir las puertas al capital extranjero con leyes y garantías claras. Y devolverles a los ciudadanos las libertades y derechos que les fueron secuestrados hace casi 60 años.

Si esos cambios políticos y económicos estructurales no ocurren no habrá recuperación posible de Irma, como no la ha habido de ciclones anteriores. Y los cubanos serán cada vez más pobres.

 

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