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La obsesión de Trump por Obama

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27 de junio, 2017

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La obsesión de Trump por Obama

 

María Luisa Arredondo*

Para nadie es un secreto que Trump siente un desdén malsano por Obama que raya en la obsesión.

Desde que el afroamericano llegó a la Casa Blanca, Trump se dedicó a tratar de minar su mandato poniendo en tela de juicio que hubiera nacido en Estados Unidos. Estos señalamientos, sin base alguna, perduraron hasta que el magnate tomó las riendas del país, cuando finalmente reconoció que Obama había nacido en Hawaii.

Pero la animadversión continúa. Si algo ha caracterizado a la presidencia de Trump, además de los escándalos, es justamente la idea fija de borrar y manchar el legado de Obama, desde la ley del seguro médico hasta las políticas para combatir el cambio climático y reanudar relaciones diplomáticas con Cuba.

Trump en la Casa Blanca, cuando conoció a Obama.

Trump en la Casa Blanca, cuando conoció a Obama.

La investigación en torno a Rusia le ha dado nuevas armas para atacar al expresidente. Debido a que un funcionario de la administración Obama admitió que podrían haber hecho más para impedir la injerencia de Moscú en las elecciones estadounidenses, Trump acusa ahora a Obama de haberse coludido con los rusos y de obstruir la justicia.

La burla, por supuesto, no podría ser mayor. Durante todos estos meses, Trump se ha dedicado a poner en duda que Rusia haya interferido en el proceso electoral para ayudarlo a ganar y ha negado con vehemencia haberse coludido con Putin, como muchos sospechan. Ahora, repentinamente, parece aceptar que sí hubo injerencia de los rusos, pero el culpable es Obama.

Se trata, por supuesto, de otra de sus mentiras y tretas para desviar la atención por las críticas hacia el plan de salud republicano y los avances en las investigaciones del Rusiagate.

Si bien es cuestionable si Obama pudo haber sido más duro para impedir el ataque ruso, no es cierto que se haya quedado cruzado de brazos. Obama no solo confrontó a Putin, sino que le impuso nuevas sanciones a Rusia e incluso ordenó la inserción de armas cibernéticas dentro de la infraestructura de ese país con la intención de activarlas posteriormente.

Se sabe, asimismo, que el expresidente no quiso hacer más aspavientos para que no se le acusara de interferir en el proceso electoral a favor de Hillary Clinton.

Aunque Obama podría defenderse de estas calumnias, es poco probable que lo haga porque es un hombre discreto y respetuoso del protocolo que obliga a los exmandatarios a evitar confrontaciones con sus antecesores.

Trump se aprovecha bien de esta circunstancias, tal vez con la esperanza de ganar tiempo y quitarse un poco la presión que tiene por las críticas que enfrenta. Pero es obvio que esta estrategia no le funcionará y, por el contrario, podría causarle aún más perjuicios y problemas.

*Fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

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