De la codependencia a la autonomía (Carta de renuncia)

Manuel Sañudo3Manuel Sañudo

Un día, ojalá que a tiempo y no que tarde, padre e hijo descubrirán que deben renunciar a los roles de protector y de protegido, pues ambos tienen que evolucionar, tienen que crecer y transitar a lo que sigue. Esa es la Ley de la Vida…

Papi querido – corrijo – Querido papá, pues “papi” es para una niña, que ya no lo soy, y ni debo seguir siéndolo, no obstante que me duela dejar de lado a esa niña protegida y abrigada por ti. Ya soy una mujer que tiene que tomar sus propias decisiones, abrazar las consecuencias de sus errores y disfrutar de sus aciertos. Ya es hora, querido papá, que ponga en práctica lo mucho que tú, mamá, y la vida, me han estado alentando a hacer. Es hora, aunque me llene de ansiedad, de caminar mi propio camino, de afrontar mis inseguridades, sin cavilar en lo que pensarás, y sin pensar en el qué dirán. Créeme, papá querido, que esta renuncia no es un acto de desamor, sino al contrario, es un acto de total amor por mí misma, y por ti también. Déjame demostrarme que yo puedo sola conmigo y con mi vida, y que si me equivoco aprenderé del “fracaso”. Recuerda que muchas veces me dijiste que no hay fracasos, sino decisiones que no fueron las acertadas, y que de ahí sacaré las que sí lo son. No dejaré de ser tu hija, ni tú mi papá, ahora seré la que debo ser, una joven adulta que ha sido bendecida por las enseñanzas y el cobijo de un padre como tú. Toma en cuenta que la sobreprotección me “funcionaba” porque me hacía sentirme amada como niña de papi, pero esa sobreprotección retiene mi proceso de crecimiento, de evolución, de desarrollo – y de paso el de mis hijos. Ahora, después de esta renuncia, y pasado el duelo de mi niña interior, que extrañará a su papito, seré tu hija adulta, la mujer que dejó atrás las muñecas y las calcetas, y que creció sin que ambos quisiéramos aceptarlo. Suéltame, déjame andar con mis propios pies, que ya puedo sola; el día de mañana, lo mismo tendré que hacer con mis hijos. Adiós papi protector, bienvenido padre querido.

Firmado: tu hija, la adulta.

Mi querida… ¿Pequeña?, ¿Cómo te nombro?, ¿Cómo te suelto? – Bueno, como quiera que sea, ya encontraré un nuevo nombre para esa muchacha adulta que me ha renunciado al puesto de “mi” niña, y lo ha cambiado por el de mujer madura, que quiere autonomía y salir del nido cálido de la protección. Te confieso que tu carta de renuncia me lanzó a un remolino de emociones, desde la tristeza por el nido vacío, hasta la del orgullo de verte como la adulta que desde joven procuré educar para que fuese libre; sabedor de que me iré primero de este mundo, antes que tú, y que no sería justo, ni funcional para ti ni para tus hijos, esa codependencia en la que caemos los padres sobreprotectores.

padre e hija

Es curioso, pero esa sabiduría la tienen las criaturas del reino animal, como las águilas, que literalmente arrojan del nido a sus retoños cuando saben que pueden volar solos. Pero yo no, yo no soy águila, soy un papá vigilante – o era, hasta esta renuncia – que quiere evitar que sufras, pero eso no es posible. No puedo, ni debo, pretender controlar lo que la vida tiene reservado para ti, aunque eso no sea lo que yo creo y quiero que sea. Acepto, créeme que con un “dolor gustoso”, tu renuncia y agradezco que ahora seas tú quien me da lecciones a mí, que seas tú mi maestra, pues eso habla de que algo bueno habremos hecho, tu madre y yo, en la crianza y en la educación prodigadas. Reconozco que ya empezaba a dudar de mi papel de Súper Papi, del que puede y debe ayudar, del que puede evitar que te caigas (y que aprendas) y de aquél que sufre, porque sufres.

Acepto, querida hija, el nuevo puesto que la vida y tú misma me han dibujado. Haré lo posible por honrar mi nuevo espacio, y te bendigo por esta epifanía encendida en nuestras vidas. Adiós mi niña mimada, bienvenida esa mujer madura, que es mi hija adulta.

Firmado: Papá

“Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles lo mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje, y disipar el miedo a perder algo tan amado. Fue apenas un préstamo. El más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros sólo mientras puedan valerse por sí mismos, luego les pertenecen a la Vida, al Destino y a sus propias familias”

Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Manuel Sañudo Gastélum

Coach y Consultor

www.manuelsanudocoach.com.mx

manuel@entusiastika.com

DR © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción sin el permiso del autor.

 

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