how to treat alopecia

Facebook
Twitter
Google +1
LinkedIn

Sin azúcar… y sin país

|

02 de agosto, 2016

|
Sin azúcar… y sin país

 

Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Sin azúcar no hay país”, decía una popular frase en tiempos de la república normal cubana. Siempre pensé que era una exageración, hasta que Fidel Castro me demostró que era la pura verdad:   hoy en la isla no hay azúcar, y tampoco hay país, económicamente hablando.

Como se esperaba, la producción azucarera cubana en la zafra recién terminada no llegó a los 1.6 millones de toneladas métricas. Quedó 300,000 toneladas por debajo de la cifra de 2015, y fue tres veces inferior a los 5.1 millones de toneladas que la isla produjo hace 91 años, en 1925.

Y ello ocurre cuando el general Raúl Castro anuncia más ajustes económicos y un agravamiento de la crisis crónica y estructural debido a la disminución de los subsidios y de las entregas de petróleo a la isla.

La causa del empeoramiento de la crisis, sin embargo, no es económica, sino política: el rechazo de los hermanos Castro a liberar las fuerzas productivas y abrir la economía cubana.

Caracas ya redujo el flujo de petróleo venezolano a la isla, de 100,000 a 53,000 barriles diarios. Eso se suma a la pérdida de ingresos recibidos por la reexportación cubana del petróleo obsequiado por Venezuela, el descenso de los precios del níquel, y la pobre zafra azucarera.

De haberse producido los dos millones de toneladas previstos, suponiendo un consumo nacional de unas 700,000 toneladas (TM), Cuba habría podido exportar 1.3 millones de TM, por valor de unos 600 millones de dólares, $200 millones más de lo que seguramente va a recibir.

Nuevamente el Grupo Empresarial AZCUBA (estatal) vuelve a culpar del fracaso a las inclemencias del clima. O sea, que la sequía cuando las cañas deben crecer, o las lluvias antes de terminar la cosecha son un ensañamiento de Satanás contra Cuba, y no afecta a los demás productores de azúcar de caña del planeta. Por favor.

Las verdaderas razones fueron las deficiencias operacionales en la industria y los campos de caña, ausentismo, problemas con el transporte, los bajos salarios, negligencia y apatía laboral, bajos rendimientos cañeros e industriales, etc. Y todas vienen en el ADN del sistema comunista. No tienen remedio.

En el caso de Cuba la incapacidad socialista para producir cualquier cosa fue agravada por Fidel Castro, un psicópata que, cual Iván el Terrible o Enrique VIII, dirigió el país a base de puñetazos en la mesa, caprichos personales e ideas fijas desconectadas de la realidad.

‘Masacre’ industrial

Ese “iluminado” comandante a principios de siglo sentenció: “El azúcar es la ruina de Cuba“, y calificó de “disparate” a la actividad azucarera. Ordenó desmantelar 100 de las 156 fábricas de azúcar de la isla, y los cañaverales se redujeron de dos millones de hectáreas a unas 700,000. Lo peor fue que lo hizo cuando el precio internacional del azúcar comenzaba a subir, al punto de que en 2010 alcanzó 31 centavos la libra, el más alto en 32 años.

Cuba fue la azucarera del mundo durante más de 160 años, desde la revolución en Haití a fines del siglo XVIII. En los años 50 del siglo XX la isla exportaba la mitad de toda el azúcar que se comerciaba en el mundo y producía entre 5.3 y 7.1 millones de TM en 161 ingenios. Pero llegó Castro y asesorado por el Che Guevara a fines de 1960 estatizó la industria azucarera. En sólo dos años la producción se derrumbó de 6.8 millones de TM a 3.8 millones de TM.

Ahora la baja producción de azúcar de 2016 igualmente se produce cuando el precio del azúcar en el mercado mundial ha subido a su mayor nivel en los últimos cuatro años. A principios de julio se colocó a 20,8 centavos la libra en el mercado de New York, y se ha mantenido desde entonces entre 19 y 21 centavos.

La Organización Internacional del Azúcar (OIA) prevé para el resto del año un déficit de azúcar de 6.7 millones de toneladas. Es decir, no habrá azúcar suficiente para cubrir la demanda global. No se vislumbra un descenso de los precios a corto plazo. Y cualquier precio superior a los 18 centavos la libra sobrepasa los costos de producción y da ganancia, según los expertos.

Más divisas que el turismo

Si Fidel no hubiese destruido la industria azucarera y Cuba hubiese producido 6 millones de toneladas, restamos el consumo doméstico y la isla habría podido exportar 5.3 millones de toneladas, por valor de $2,332 millones de dólares, una cifra muy superior a los ingresos reportados por el turismo en 2015, y seis veces mayor que la cifra que probablemente logrará con la exportación de azúcar este año.

Y hay más. De haber dedicado la isla un millón de hectáreas de caña, de los dos millones que había en 2003, a producir etanol, con un rendimiento parecido al de Brasil de 7,500 litros por hectárea se habrían podido producir 7,500 millones de litros de ese biocombustible, que exportados a $0.95 habrían aportado al país $7,125 millones de dólares, el triple de los ingresos por el turismo.

Brasil, el mayor productor mundial de azúcar (31.6 millones de toneladas en 2015) ya dedica la mitad de la caña a producir etanol. Pero Castro I en 2004 calificó de monstruosidad producir etanol en vez de azúcar y nadie se atreve a hablar de eso.

También Cuba podría tener una vasta industria de derivados de la caña para producir y exportar papel, madera de bagazo para la construcción y muebles, electricidad, fertilizantes, medicamentos. Obtendría miles de millones de dólares adicionales.

Los rendimientos más bajos del mundo

Nada de eso es posible con los hermanos Castro y su Junta Militar aferrados a un modelo socioeconómico inviable. Desde 1967 los rendimientos cubanos de caña por hectárea son los más bajos de las Américas y del mundo. Luego de 1960 jamás los cañaverales cubanos han llegado siquiera a las 69-73 toneladas del promedio mundial. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), desde 2002 el promedio cubano ha oscilado entre 24 y 44 toneladas por hectárea (en 2014).

En cambio, Perú, Guatemala y Colombia obtienen entre 93 y 120 toneladas de caña por hectárea; Brasil entre 80 y 90; El Salvador, 82; Honduras, 70; México 75-85 toneladas y en Puebla alcanzan hasta 125 toneladas. Y en Africa, Swazilandia obtiene entre 100 y 125 toneladas/ha. Antes de 1959 ninguna nación latinoamericana o africana superaba a Cuba en rendimientos cañeros.

El régimen reconoce que la eficiencia en las fábricas azucareras es de un 10% (obtención de azúcar por cada 100 partes de caña verde), cuando el promedio cubano desde los años 30 hasta 1960 nunca bajaba de 12%, y en 1940 constituyó un récord mundial con 13.17%, algo nunca visto, pues el contenido de sacarosa de la caña oscila entre 10% y 14% según la ciencia botánica.

Lo más nefasto aquí es que el general Castro es el mayor fanático del “genio” de Castro I y se niega a realizar los cambios que la nación demanda desesperadamente. Y en tanto, la gente se empobrece más y más. Hoy el desgaste de la nación y el desprestigio de los dinosaurios de la Junta Militar son mayores que nunca.

La dictadura solo se mantiene en el poder a base de represión, intimidación y controles de todo tipo. Y económicamente subsiste por las remesas, paquetes de todo tipo, y los dólares que recibe por concepto de viajes de los “gusanos” –que tanto vilipendia– residentes en EE.UU, y que en 2015 ya superaro9n los $6,500 millones

La zafra cubana, sin castrismo, pudo haber sido de 7 millones de toneladas. Ese fue el tonelaje de azúcar logrado por las fábricas de cuatro hermanos cubanos, los Fanjul, en unos pocos centrales en EE.UU y República Dominicana, país en el que uno solo de sus centrales, “La Romana”, en esta última zafra produjo 400,000 TM, es decir, más de lo que dejaron de producir decenas de centrales cubanos.

Moraleja:   Hoy Cuba necesita más que nunca exportar azúcar para poder importar de todo, pero produce menos. Maravillas del socialismo.

 

 

 

Comments

comments

Share This Article

Otras Notas

¿Sabrán los demócratas lo que está en juego en 2020?
¿Sabrán los demócratas lo que está en juego en 2020?
Ante la muralla invisible del racismo
Ante la muralla invisible del racismo
México, sometido a los caprichos de Trump
México, sometido a los caprichos de Trump

Conéctate con los columnistas