Una peligrosa visión de Estados Unidos

 

Donald Trump, el día en que anunció su campaña por la nominación presidencial republicana en 2015. Foto: Tomada de internet.
Donald Trump, el día en que anunció su campaña por la nominación presidencial republicana en 2015. Foto: Tomada de internet.

 

Frank Sharry*

Desde que bajó por aquellas escaleras para hacer el anuncio de su campaña racista y antimexicana hace exactamente un año, Donald Trump ha estado diseminando una oscura visión de un Estados Unidos en declive. De esta manera, ha hecho su mejor esfuerzo por arrastrar hasta el fondo nuestras normas democráticas, instituciones políticas y valores estadounidenses. El alarmismo racista de Trump y su paranoia en respuesta a los horrores de Orlando han sido las más recientes pruebas en todo este año de que está promoviendo una peligrosa visión de Estados Unidos y de que definitivamente no es apto para dirigir a nuestra gran nación.

Durante todo el año pasado, Trump ha hecho abyectas declaraciones racistas –llamando “violadores” a los inmigrantes mexicanos; diciendo que un juez nacido en Estados Unidos de padres mexicanos no puede juzgarlo; y dudando de que un juez musulmán fuese justo. No olvidemos que Trump empezó su ascenso en el Partido Republicano como un obsesivo del origen de las personas, asegurando que el presidente Obama no nació en Estados Unidos.

Durante todo el año pasado, Trump ha impulsado viles ideas políticas arrebatadas de los extremistas movimientos antiinmigrante y nacionalista blanco, pidiendo una “Fuerza de Deportación” para cercar y deportar a 11 millones de inmigrantes en un periodo de 18 a 24 meses; buscando prohibir la admisión de todos los musulmanes a Estados Unidos; intentando revocar la ciudadanía por nacimiento a 4.5 millones de niños estadounidenses nacidos de padres inmigrantes en Estados Unidos; promoviendo que se eliminen las protecciones a 700,000 Dreamers en su primer día como presidente; y pidiéndonos acorralar y retornar a su país a refugiados sirios que ya están reubicados en Estados Unidos.

Durante todo el año pasado, Trump ha expuesto una visión divisionista de Estados Unidos, con base en criterios raciales y religiosos, buscando abierta e implícitamente redefinir la concepción de lo que es un “verdadero” estadounidense y poniendo en duda la lealtad y el patriotismo de millones de sus compatriotas. En gran medida debido al clima de intolerancia y al “nosotros contra ellos” que él mismo ha inspirado, sus eventos de campaña y los actos inspirados en él de fanatismo, intolerancia, violencia y acoso se han repetido con tanta frecuencia, que los hemos rastreado a través de un “Mapa del Odio de Trump”. Hemos tenido que actualizar dicho mapa para destacar nuevos incidentes con un preocupante nivel de frecuencia.

Durante todo el año pasado, Trump ha encarnado todo aquello que Estados Unidos en 2016 no debería ser.

Más allá del partido, Trump nos está forzando ahora a escoger entre qué tipo de país aspiramos. Los republicanos que apoyan a Trump tienen qué escoger: continuar abrazando a un demagogo autoritario que promete dividir al país en términos raciales y religiosos y pisotear las normas y tradiciones democráticas de Estados Unidos; o tomar una posición y revocar su apoyo a Trump. Apoyar a Trump es apoyar el racismo. Respaldar a Trump es estar interesado en un partido y en el poder más que en defender nuestro ideal fundacional de que todos los hombres y mujeres han sido creados por igual. Defender a Trump definirá para siempre a quien lo apoye como alguien que se rindió a un hombre que ha probado, durante todo el año pasado, que quiere llevar al país por una peligrosa y antiestadounidense dirección”.

*Director Ejecutivo de America’s Voice

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