Trump y Cruz: miopía hacia el Islam

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Como era de esperarse, los ataques terroristas perpetrados en Bélgica y después en Pakistán han incentivado los temores de que Estados Unidos vuelva a ser presa de un atentado. Y la sola idea de que esto pueda ocurrir le ha inyectado un nuevo vigor a la retórica antiinmigrante y antimusulmana de Donald Trump y Ted Cruz.

Esos ataques merecen, desde luego, una condena absoluta. Pero se debe hacer una cuidadosa distinción entre los grupos terroristas que están detrás de ellos y la comunidad musulmana en general.

El problema con las propuestas de los dos candidatos republicanos es que no hacen diferenciación alguna. Sus ideas atentan contra todo el Islam. Cruz, por ejemplo, volvió a proponer mantener bajo severa vigilancia a los vecindarios musulmanes, en tanto que Trump reiteró que no se debe permitir la entrada a Estados Unidos a los seguidores del profeta Mahoma.

Ambas ideas no sólo son contrarias a la Constitución, que prohíbe discriminar sobre la base de la religión que se practica, sino que tendrían repercusiones totalmente opuestas al fin que persiguen. En lugar de ayudar a mantener la seguridad del país la debilitarían al aislar a los musulmanes del resto de la sociedad. Esto es justamente lo que ha ocurrido en Europa. Tanto en Francia como en Bélgica y otros países que han sido víctimas de graves atentados terroristas, quienes practican el Islam no se han integrado. Esta falta de asimilación, de sentirse extraños y ajenos, de no disfrutar de las mismas oportunidades educativas y laborales ha creado un profundo resentimiento entre los musulmanes, especialmente entre los jóvenes. Para muchos de ellos la respuesta ha sido aliarse a grupos extremistas como Al Qaeda o ahora el Estado Islámico.

En Estados Unidos, si bien no todo es armonía, en términos generales los musulmanes se han integrado mejor a la sociedad. Disfrutan prácticamente de los mismos derechos y tienen las mismas oportunidades que los demás. Este es, sin duda, el antídoto más eficaz para evitar la propagación de grupos extremistas dentro del país. Y la mejor forma de vigilar y prevenir que el cáncer del radicalismo se extienda es contar con la cooperación de la misma comunidad musulmana. Para ello se requiere, obviamente, que las autoridades establezcan lazos fuertes y de confianza mutua con este grupo.

Las ideas de Trump y Cruz van en sentido contrario a este propósito y por ello son sumamente peligrosas. Lejos de crear alianzas para trabajar de manera conjunta en mantener la seguridad y la paz en el país, alienarían a los musulmanes que viven aquí, lo que incrementaría la posibilidad de que surgieran agrupaciones radicalizadas y, en consecuencia, el riesgo de ataques terroristas.

 

**María Luisa Arredondo es fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

 

 

 

 

 

 

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