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¿Tirando piedras al vecino?

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26 de febrero, 2016

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¿Tirando piedras al vecino?
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Una de las mayores pifias que ha cometido últimamente un funcionario del régimen castrista la cometió recientemente la doctora Olga Rosa González, del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana (CESHEU), cuando en una entrevista para Cubadebate dijo que si Radio TV Martí fuese “desfederalizada” y gestionada por una entidad privada tendría más credibilidad porque no sería ya un entidad del gobierno de Estados Unidos.

La investigadora de ese “think tank” marxista-leninista afirmó que una emisora radial no operada por el gobierno de Washington   “podría contratar a periodistas independientes que ya no serían pagados, oficialmente, por el Gobierno estadounidense sino por una entidad privada“.

Agregó que con su privatización Radio TV Martí “podría lograr un nivel de credibilidad importante ante sus públicos” y sus periodistas sentirían más libertad para expresarse porque no tendrían el temor a estar trabajando para el gobierno de EEUU.

Creo que la doctora González, o no lo pensó bien, o la burbuja política castrista en que está inmersa le impidió percatarse de que lo que hizo fue destacar que Granma, Juventud Rebelde,   la TV Cubana, Radio Habana-Cuba, y los restantes medios de comunicación en Cuba no tienen credibilidad porque son propiedad estatal y gestionadas directamente por el Gobierno y por el Departamento Ideológico (DI) del Comité Central del Partido Comunista (PCC).

Y al tocar el tema de los periodistas independientes puso sobre el tapete que en la isla a los periodistas que no trabajan en los medios del Estado se les apalea, hostiga, y encarcela, y se les impide que hagan su trabajo.

Este error académico es típico en un sistema totalitario, ya sea fascista, comunista o una autocracia religiosa. A los ciudadanos, incluidos los académicos, se les adormecen las neuronas, acostumbrados a que la élite dictatorial piense por ellos, y a no analizar las causas de la devastadora crisis nacional, ni la inviabilidad del sistema sociopolítico imperante.

En Cuba la población es educada para obedecer sin chistar las “orientaciones” del PCC y del Gobierno. Y hay aquí una diferencia clave:   mientras la dictadura convencional de Fulgencio Batista censuraba o clausuraba excepcionalmente algún medio opositor pero nunca los estatizó, el régimen totalitario de los Castro convirtió en propiedad del Estado a todos los medios de comunicación.

A partir de ahí, desde 1960 Fidel Castro utilizó la TV cubana –ya propiedad suya– y los demás medios para lavarle el cerebro a la población con discursos al estilo de Hitler y Mussolini, igualmente con un evidente éxito. Fidel hizo un uso de la TV nunca antes visto en el mundo.

Cuba, líder en 1958

Aquella televisión había sido una de las pioneras de Latinoamérica y no por obra del gobierno de Carlos Prío, sino de los audaces empresarios cubanos Gaspar Pumarejo y Goar Mestre, quienes convirtieron a Cuba en el segundo país del mundo (luego de EEUU) en tener una red de TV de alcance nacional.

Los académicos de la isla serían sancionados si investigasen y revelasen que, según las estadísticas de la UNESCO,  Cuba era la nación de América Latina con más periódicos, revistas, y aparatos de TV per cápita. Y con un millón de aparatos era el octavo país del planeta en radiorreceptores per cápita. Había decenas de diarios nacionales, 126 revistas semanales y 160 radioemisoras. Todos privados, que contrataban periodistas independientes como desea la doctora González que haga Radio y TV Martí.

Hoy Cuba tiene sólo dos diarios nacionales y ambos son órganos oficiales del Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunistas. Y todos los demás medios son voceros directos del gobierno.

Es cierto que los medios de propiedad estatal no gozan de mucha credibilidad —aunque en las naciones democráticas hay mecanismos reguladores que vigilan su objetividad—, pues tienen que ajustarse a una política editorial que trazan directivos pagados por el gobierno. Y en los países del Tercer Mundo incluyen propaganda política y alabanzas a las principales figuras públicas.

Lo insólito aquí es que, según el CESHEU, los medios propiedad del gobierno de EE.UU no tienen credibilidad, pero sí la tienen los del gobierno castrista ¿Cuál lógica es esa?

‘…Lo que me es útil’

En Cuba no sólo el Estado monopoliza los medios, sino que se manipula la información cotidianamente. No se basan en la regla de oro enunciada por José Martí de que “la palabra es para decir la verdad, no para ocultarla, sino en la cínica filosofía del estadounidense William James:   “Sólo es verdad lo que me es útil”.

Para los Castro y el PCC si algo es verdad pero no conviene a la “revolución”, es mentira y no se publica o difunde. Y si es mentira, o una verdad a medias, pero conveniente para el régimen se publica al instante sin muchos remilgos acerca de su veracidad.

Por eso el pueblo cubano es uno de los más desinformados del mundo. Si bien con los “paquetes de TV”, los teléfonos celulares, y las tabletas iPad enviadas desde el extranjero, algunos se enteran de lo que oculta la prensa nacional, la abrumadora mayoría de la población tiene una visión distorsionada de la realidad mundial. Y no conoce las estadísticas de la crisis social, política y económica de la nación.

El ocultamiento de lo no conveniente y la manipulación de lo que se publica ya forma parte del ADN del periodismo en Cuba. Esa antiética es lo normal. El redactor hace lo que le enseñaron en la universidad y le dicen sus jefes.

Si el Presidente de una nación aboga por levantar del embargo a Cuba y porque haya una apertura política en la isla, libertad de expresión y que no se reprima a los opositores, los editores de los medios cubanos publican únicamente lo del embargo y suprimen olímpicamente todo lo demás.

En la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana hasta hace poco había una asignatura llamada “Cable Internacional” –no sé si aún existe–, que en realidad debió llamarse “Lavado de cables”.   En el examen los profesores entregaban a los estudiantes despachos noticiosos de AP, EFE, AFP, Reuter, DPA, etc, y les decían que lo redactaran “correctamente”. En la medida en que el alumno lo limpiara muy bien del “veneno enemigo capitalista”, o no tanto, obtenía una mejor o peor calificación.

La mayor lavandería de cables del país es Prensa Latina, la agencia de noticias internacionales de Cuba. En La Habana sus editores “lavan” los despachos noticiosos que reciben de las agencias noticiosas internacionales. Les suprimen lo inconveniente para el régimen, le ponen un poco de propaganda y las siglas de Prensa Latina (PL) y la lanzan al mundo como un despacho propio. Por eso con tan pocos corresponsales en el extranjero PL distribuye noticias fechadas en Katmandú (Nepal), Burundi,   Macao, o las Islas Seychelles.

 

Una sola cara de la moneda

Y de la espantosa realidad cubana ni hablar. La versión edulcorada que ofrecen los medios es absurdamente ridícula. Un extranjero que compre “Granma” no tiene la más mínima idea de lo que ocurre en el país.

Tampoco se cumple en la isla la regla universal de que en toda noticia hay que ofrecer todos los elementos en juego, y que con despolitizada objetividad hay que reflejar las dos caras de la moneda y no una sola. El PCC obliga a que solo se dé lo favorable al régimen. Y punto.

Ninguno de los directores de los más de 500 medios de todo tipo que hay en Cuba tiene autoridad para decidir nada importante. No pueden trazar la política editorial del medio, ni publicar nada que no haya sido aprobado por el PCC, o no pase por la férrea censura.

Y la censura no se ejerce con la presencia física de un censor, como los había en la Alemania nazi o la España de Franco, sino que cada periodista tiene trazada en el piso una raya imaginaria que no puede pasar nunca si quiere seguir en la profesión. Se trata de la autocensura forzosa. En todas las instancias territoriales del PCC hay funcionarios del DI encargados de que nadie pase esa raya. Y funciona igualmente para los corresponsales extranjeros.

Después de este bosquejo de los medios cubanos de comunicación oficiales cabe preguntarse ¿Son creíbles?

Moraleja: con tan frágil techo de cristal, los doctores y doctoras del CESHEU no debieran tirar piedras al vecino del Norte.

 

 

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