how to treat alopecia

Facebook
Twitter
Google +1
LinkedIn

Los Castro no quieren normalizar relaciones

|

30 de octubre, 2015

|
Los Castro no quieren normalizar relaciones
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Siempre he estado convencido de que los hermanos Castro  conocen mejor a los presidentes y los intríngulis del poder político en EE.UU,  que a la inversa. En Washington no acaban de entender que ambos dictadores y su Junta Militar  no desean  tener relaciones  amistosas y  normales  con EE.UU,  sino que se levante el embargo, recibir créditos, y muchos turistas del “Norte” con sus billeteras abultadas.  Y punto.

Debido a que la crisis venezolana cabalga al galope  el cese del embargo urge  al régimen castrista. Pero tener relaciones políticamente amistosas y normales  con Washington no sólo no le interesa,  sino que va a hacer todo lo posible para  impedirlas, o para torpedearlas  aún si levanta el  “bloqueo”  (término militar que nada tiene que ver con un embargo comercial  unilateral  de un país a otro).

La percepción de la élite dictatorial cubana es que “demasiado” acercamiento  a  EE.UU  le traería problemas internos, y también externos, por cuanto estaría “traicionando” su historia de liderazgo izquierdista antiestadounidense en Latinoamérica.  Pero sobre todo temen que erosione  el   control  orweliano  que hoy tiene sobre toda la sociedad  cubana.  La gente  en la isla sentiría menos miedo para ir exigir más libertades  en general  al convertirse el  “ïmperio” en un buen amigo.

La gerontocracia  de comandantes “históricos”  no  está preparada –ni quiere estarlo– para  lidiar en forma civilizada con la  “contaminación” política, ideológica, económica,  cultural, psicológica y social que podría emanar de una relación fluida  con EE.UU.  El entrenamiento de la  nomenklatura castrista  siempre se ha basado en todo lo contrario, el enfrentamiento visceral  al  “enemigo imperialista”.

Destino Manifiesto castrista

Como reacción a unos cohetes de fabricación estadounidense lanzados contra la casa de un campesino en la Sierra Maestra por aviones de la dictadura batistiana, el 5 de junio de 1958 Fidel Castro  escribió una carta a Celia Sánchez  que  devino  el  Destino Manifiesto  de “su”  revolución:  “Cuando esta  guerra  se acabe   empezará para mí  una guerra mucho más larga y grande:  la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que este va a ser mi destino verdadero”.

Esa guerra  no terminó  con la reapertura de embajadas en La Habana y Washington.  Y no terminará mientras gobiernen  en la isla los Castro y los  comandantes que se lanzaron a la guerra anti-yanqui  convocada  por su  jefe.  No habrá  una relación cordial  entre Cuba y EE.UU  mientras no haya en la isla un nuevo liderazgo político desideologizado.

Pero  eso no lo comprenden  en  Washington.  Incluso si se levanta  el embargo  la cúspide  castrista  colocará piedras  en el camino para bloquear  el proceso normalizador.  El comandante José Ramón Machado Ventura, segundo jerarca del régimen, el 3 de octubre pasado adelantó algo al  respecto:   “el Partido Comunista de Cuba será siempre la columna vertebral de la resistencia de la nación cubana“. En el argot  castrista  eso significa que continuará  la lucha política y mediática contra EE.UU.

Las fuertes  alianzas  con Rusia, Irán,  China,  Norcorea,  Siria,  la intervención directa en Venezuela para apoyar al régimen chavista,  así como alentar posiciones antiestadounidenses en gobiernos de América Latina,  formarían parte del arsenal  geopolítico castrista  para mantener serias diferencias y  empantanar  una posible normalización total de relaciones.

Seguirán culpando a EE.UU

Es un error creer que con el fin del embargo el castrismo se va a quedar sin discurso político al no poder seguir echando la culpa a EE.UU del cataclismo económico cubano. No,  los Castro jamás  van admitir que la miseria masiva  en Cuba ha sido responsabilidad de ellos y del socialismo.

Al día siguiente de la derogación de la Ley Helms-Burton el  régimen  lanzaría su Plan B:   una  ruidosa campaña diplomática, legal, política y mediática, a nivel mundial, en reclamación de los más de 100,000 millones de dólares que dice debe  pagar  EEUU a Cuba por los daños ocasionados por el  embargo.  Argumentaría  que fue debido al  embargo  que Cuba se empobreció,  se quedó sin  recursos financieros,  sin maquinarias y materias primas, sin alimentos suficientes,  al margen de la revolución tecnológica.

Insistirán en que si Washington no desembolsa ese dinero  no será posible  mejorar  el nivel de vida de los cubanos, ni la reconstrucción del país, ni la creación de la infraestructura que se necesita  para recibir inversiones estadounidenses, ni  desarrollar la economía e insertarla  en la economía global.

Silencioso traspaso del poder

La Habana  tiene prisa  para el cese del embargo por dos motivos: 1) con el desplome de los precios del petróleo el panorama político y financiero de su mecenas venezolano pinta  cada vez peor;  y 2) el fin del  “bloqueo” facilitaría  económicamente   el  silencioso  traspaso  del poder político-militar de los Castro y los “históricos”  a sus familiares  y el generalato más joven.

Tengan o no  apellido Castro,  ellos se encargarán  de  instalar el  modelo  neocastrista.  Serán  quienes se van a “empoderar” con un  cese del embargo.  Por ley, los cuentapropistas  no pueden negociar directamente con  entidades extranjeras.   Por cierto, de  no derogarse las actuales leyes estalinistas antimercado  difícilmente habrá inversiones estadounidenses  importantes  en Cuba.

Las bases de ese  modelo  sucesor  serán presentadas en el próximo Congreso del Partido Comunista,  en  abril de 2016. Se trata de  una hibridación  de capitalismo de Estado con elementos postsoviéticos, chinos y   con fuertes rasgos fascistas  por su carácter marcadamente  militar. Y  ojo, a mi modo de ver el “cambio” más relevante  que en materia económica  ha realizado el raulismo  hasta ahora  ha sido la  militarización de la economía.

Más militarizado que nunca

Creo que la gran paradoja  del  “deshielo”  Cuba-EE.UU  es que se produce cuando  el país  está más controlado que nunca directamente  por las fuerzas armadas  y se desdibujan de su  sistema político las apariencias formales de una  “democracia socialista” ortodoxa,   para parecerse más  a un régimen militar fascista.

Ya no importa  lo que dice  el marxismo-leninismo,  o  la Constitución  Socialista cubana, sobre el papel rector del Partido Comunista.  Esa militarización  no se la imaginaron los dirigentes  leninistas  y estalinistas  de la vieja guardia comunista, como Blas Roca, Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez,  César Escalante,  o Lázaro Peña. Ninguno de ellos  tendría hoy la fuerza política, la influencia  y el poder que tuvieron en su tiempo.

GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.) es una gigantesca corporación realmente capitalista del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que recibe  todas las divisas que entran al país y casi el 80% de los ingresos generados en  la isla. No rinde cuentas institucionalmente al gobierno de la República.

Así  los Castro se ríen  de los principios básicos  del  socialismo  diseñado por Marx,  según los cuales el  “Estado popular,  obrero y campesino”  es el  encargado de distribuir y redistribuir socialmente  el “plusproducto”  creado  por los trabajadores, etc.  Por eso Antonio Castro puede pasear en un yate lujoso  por el Mediterráneo.

Y esa claque militar que manda en Cuba  definitivamente lo que quiere es quitarse de encima el embargo para acceder a créditos y enriquecerse  con el turismo y los negocios que pudieran  hacer con los estadounidenses.  Y para facilitar financieramente  la ya inevitable la sucesión, por razones biológicas, hacia una dictadura militar cuyos integrantes van a conectarse  al capitalismo, pero sin permitir a los cubanos de a pie que lo hagan también.

En tanto, la normalización total de las relaciones con Washington  no figura en los planes del castrismo. Su Destino Manifiesto no lo contempla.

Al parecer tampoco está  en los planes neocastristas.  Pero acontecimientos impredecibles  podrían cambiarlo todo y dejar a ese relevo dictatorial colgado de la brocha.

 

 

Comments

comments

Share This Article

Otras Notas

¿Dónde queda la esperanza de los menores migrantes?
¿Dónde queda la esperanza de los menores migrantes?
Atacan derechos políticos de mexicanos en EEUU
Atacan derechos políticos de mexicanos en EEUU
El voto latino joven y la generación del ‘yo no me dejo’
El voto latino joven y la generación del ‘yo no me dejo’

Conéctate con los columnistas