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Los rasgos fascistas de Fidel Castro

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11 de agosto, 2015

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Los rasgos fascistas de Fidel Castro
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Embriagado como el Quijote con  sus apasionadas  lecturas, en este caso de artículos, discursos y ensayos de Adolfo Hitler (incluyendo “Mein Kampf”,  “Mi  lucha”),  Benito Mussolini,  y José Antonio Primo de Rivera  mientras estudiaba bachillerato en el Colegio de Belén,  Fidel Castro en su alegato de defensa en el juicio por el  asalto al cuartel Moncada  exclamó dramáticamente: “¡Condenadme, no importa, la historia me absolverá!”.

Aquel joven abogado, que este jueves día 13 cumple  89 años, subestimando como siempre a los cubanos, estaba convencido de que muy pocos, o tal vez  nadie en la isla  reconocería su plagio  disfrazado  y resumió  una frase pronunciada por  Hitler 30 años antes.

Siendo el  líder del  Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (nazi), Hitler con  grupos paramilitares fascistas atacó el Ministerio de Defensa en Múnich en noviembre de 1923.  Subyugado por  la Marcha sobre Roma de  Mussolini (que lo llevó al poder  en 1922), el plan de Hitler era  iniciar en  Baviera una rebelión nacional y marchar  sobre Berlín para tomar el poder.

El  ataque fracasó,  Hitler fue herido  pero  escapó  y se  escondió en el ático de la casa de su amigo Ernst “Putzi” Hanfstaengl,  donde dos días después fue sorprendido y  arrestado.  En el juicio, el Führer, como ya le llamaban, declaró:   Aun  cuando los jueces de este Estado puedan condenar nuestra acción, la historia, diosa de la verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este juicio y me declare libre de culpas”. 

Recibió una condena de 5 años. Cumplió menos de un año  y en su celda escribió “Mein Kampf”,  la plataforma programática del  nazismo.

Cualquier parecido con los planes del asalto al cuartel  Moncada para iniciar la guerra en Oriente,  avanzar hasta  La Habana y tomar el poder;   la huida del jefe del asalto y su captura  después mientras  estaba escondido, y su prisión  en la  que escribió el programa político de “su” revolución, no parecen ser pura coincidencia. Basta hurgar  en  los orígenes  políticos de Fidel Castro.

El sacerdote jesuita Armando Llorente, profesor, mentor y amigo de Fidel en el Colegio de Belén de La Habana, quien con 94 años fue entrevistado en Miami   hace algunos años –entrevista reproducida por  el semanario Elveraz.com–, cuenta que Castro  pidió en la biblioteca del colegio el libro de Hitler, el que  impresionó mucho al joven.

”Estudiaba y leía mucho, con especial predilección libros sobre los conquistadores españoles y escritos de los líderes del nazismo y del fascismo, como Hitler, Mussolini y José Antonio Primo de Rivera”, explicó el prelado español al periodista.

El religioso agregó:   “(Fidel) cantó conmigo el “Cara al sol” veinte mil veces y con el brazo en alto”.  “Cara al sol” era el himno de la Falange Española, el partido fascista.

Y según José Ignacio Rasco, amigo y colega de estudios de Fidel en el Colegio de Belén y  en la Universidad de La Habana, Castro  al llegar a la Escuela de Derecho  se sabía Mein Kampf   casi de memoria  y recitaba fragmentos de discursos de Mussolini  y  de Primo de Rivera, el líder falangista.  De este último Fidel tenía ensayos y artículos en la Comandancia de la Sierra Maestra, según constató el periodista  y político José Pardo Llada cuando a fines de 1958 estuvo en la comandancia general rebelde.

Pardo Llada relató  que  Fidel  le explicó que admiraba mucho al dirigente fascista español  porque siendo de familia acaudalada lo dejó todo para luchar por un ideal, igual que había hecho él (Castro).  Y por cierto, el padre de Fidel,  Angel Castro,  era un falangista convencido y gran admirador de Primo de Rivera.

El parecido Hitler-Mussolini-Castro

Pero  lo importante aquí no son las simpatías de Castro  por el fascismo, como  las tuvieron  también Juan Domingo Perón, Getulio Vargas y otros líderes populistas  latinoamericanos en la primera mitad del siglo XX, sino  su  parecido con  Hitler y Mussolini a la hora de gobernar,  y los rasgos fascistas  que  le imprimió a la revolución  “tan verde como las palmas”.

De palabra fácil, con el mismo afán  narcisista de escucharse a sí mismos,   los tres dictadores convencían a las “masas” de  que  lo blanco era negro.  En los discursos de Hitler muchas  mujeres se desmayaban de la emoción.  Documentales de  la época  muestran  cómo  Hitler, Mussolini y Castro al hablar en actos públicos  adoptan  las mismas  poses histriónicas.

Mussolini creó las Camisas Negras,  bandas paramilitares  con las que entró en Roma,  y Hitler las  Camisas Pardas,  milicias nazis.  Castro organizó las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR), fascistas de pies a cabeza.

Las BRR, sin camisas pardas o negras para que parezcan “pueblo”,   hostigan y dan palizas a los disidentes  y defensores de los derechos humanos.  La más hitleriana  de ellas, el  Contingente Blas Roca, golpeó  con hierros y bates de béisbol  a los manifestantes del  llamado “Maleconazo”,   en agosto de 1994, cuando  miles de personas recorrieron buena parte de la hermosa  avenida habanera que bordea el litoral  gritando “Libertad”, “Abajo Fidel” y  “Abajo el comunismo”.

Salvo  los guardias rojos netamente fascistas  de Mao Tse Tung, que en China  sembraron el terror y asesinaron a miles de personas  durante la “revolución cultural”, en  ningún otro país comunista hubo este tipo de milicias represivas de civiles fanáticos  manipulados por el dictador.  Durante el terror estalinista en la Unión Soviética y otros  países comunistas  era  la policía gubernamental  la que se encargaba de reprimir.

Prácticas medievales

Hay testigos de  cómo en un policlínico de El Vedado,  cerca de la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC), una turba  convocada  por el Partido Comunista  sacó a una psicóloga  que deseaba emigrar,  y  agarrada por dos hombres fue conducida  por un  tramo de la calle 17, mientras cientos de personas le gritaban improperios.  Le pusieron  en la cabeza un capirote medieval  (gorro en forma de cucurucho) como los que en la Edad Media se les colocaba  a los acusados  de herejes durante  la Santa Inquisición para que la población los insultara.

Los actos fascistas  de repudio, que incluyeron  tirar huevos, pintura,  piedras, y romper a golpes puertas y ventanas de las viviendas de los aspirantes a emigrantes, han continuado hasta el día de hoy,  en medio del “deshielo”  con EE.UU., ahora contra las Damas de Blanco y opositores políticos.

Hitler llamaba “gusanos” a los judíos,  y  Fidel así  llamó  a  los que  no estaban de acuerdo con él. Mussolini resumía al fascismo con una frase:   “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.  Castro dijo lo mismo en 1961:   “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. 

La consigna  de “Comandante en Jefe, ordene”  más fascista no podía ser, al igual que  la frase  “Pa’ lo que sea, Fidel, pa’ lo que sea”. Como en Alemania e Italia, el régimen castrista ha sido estrictamente militar. Desde  1959 las posiciones cumbres  han sido ocupadas todas por comandantes “históricos”. La agricultura y la construcción se dirigían desde “Puestos de Mando”. Cinco de los siete vicepresidentes del  Consejo de Ministros son militares. Y a  Fidel, que nunca se quitó su uniforme,  le encanta que le llamen “Jefe”, palabra que en alemán se dice Fuhrer.

Discípulo de Goebbels

Castro es el dirigente  latinoamericano  que más se ha ajustado a la lógica fascista de Joseph Goebbles  de que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad.  Nadie nunca mintió tanto a su propio pueblo y al mundo, y por tanto  tiempo.

Aferrarse a  ideas fijas desconectadas de la realidad y dar órdenes disparatadas  es otro rasgo común Hitler-Mussolini-Castro, así como  el poder  omnímodo  como tirano. El Fuhrer, el Duce,  y el  Jefe  cubano gobernaron a capricho, como emperadores romanos,  por encima del bien y del  mal.

El psicópata nazi  devino el  tirano más letal en la historia europea moderna, y el  también psicópata Fidel Castro el peor dictador habido  nunca en las Américas.

Habría que agregarle un décimo círculo al infierno de Dante para que ambos cumplan la condena dictada por la  “diosa de la verdad y de la ley”.

 

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