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Un accidente llamado Trump

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27 de julio, 2015

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Un accidente llamado Trump
Maribel Hastings.

Maribel Hastings.

WASHINGTON, DC  –  Allí estaba Donald Trump, en la frontera mexicoestadounidense en el sector de Laredo, Texas, invitado por un sindicato de la Patrulla Fronteriza, rodeado de funcionarios de la ciudad, con el tránsito vehicular detenido en la bulliciosa franja, y decenas de periodistas de todas partes siguiendo cada uno de sus pasos y comentarios.

Y aquí estoy yo escribiendo sobre él y ahí estamos casi todos atentos a Trump en este nuevo reality show que ha montado no sé si porque realmente pretenda seguir buscando la nominación o sólo más publicidad para sus actuales o futuros proyectos.

El Donald es como un accidente de tránsito. Uno no quiere mirar pero el morbo gana.

El circo de su precandidatura se ha legitimado ocupando primeras planas, editoriales, programas políticos, y encabezando noticieros en inglés y español. Trump es Trump. Insulta, repite las mismas frases, no ofrece planes ni especificidades. Sólo fanfarronea.

Pero tal exposición ha hecho que encabece las encuestas en la preferencia republicana, lo que le garantiza un espacio en el primer debate del GOP el próximo 6 de agosto organizado por la cadena Fox News en Cleveland, Ohio. Sólo participarán 10 precandidatos con los mayores porcentajes de apoyo. Seis quedarán fuera, entre esos algunos que quizá puedan ofrecer planes, pero no son tan mediáticos como Trump.

A diario se reporta en qué andan los otros precandidatos, pero Trump se ha robado todo el oxígeno. Los otros, incluyendo aquellos que intentan presentar ideas, han sido relegados a reaccionar a lo que hace o dice el polémico empresario.

El Partido Republicano no debería tomar a la ligera el efecto que Trump pueda tener sobre su colectividad y el mensaje que envíe a los votantes, no tanto a los republicanos que participan en la primaria y deciden quién será su nominado, sino, a largo plazo, entre los votantes que participan de la general, pues hay impresiones que perduran.

Faltan 16 meses para la elección general, pero todo lo que los votantes oyen de parte del bando republicano es Trump y más Trump tachando, por ejemplo,  a los inmigrantes mexicanos de criminales y violadores, cuestionando el heroísmo del senador republicano de Arizona, John McCain, porque fue capturado en Vietnam, o llamando idiota a uno de sus rivales, el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham.

Y aunque un reciente sondeo de Univisión concluyó que un 61% de los votantes latinos cree que las declaraciones de Trump sobre los mexicanos representan la opinión de Trump y no la del partido, un 32% cree que sus comentarios reflejan las posturas de Trump (14%) o de Trump y el Partido Republicano (18%). Eso es 32%, o uno de cada tres votantes latinos. Asimismo, casi un 80% de esos votantes latinos, según el sondeo, tachó de ofensivos los comentarios de Trump.

Si quedaba algún latino que no sabía quién era Trump, luego de estar en boca de figuras hispanas de la prensa, del espectáculo y de líderes nacionales, ya todos saben quién es Trump y que es republicano. Muchos argumentan que Trump dice lo que otros callan y su delantera en las encuestas refleja que un sector republicano coincide con él. La ‘marca’ republicana ya estaba en aprietos con los latinos y Trump ha venido a colocarle la cereza al pastel.

Y su efecto se siente en el Congreso. Trump politizó la trágica muerte de la joven Kathryn Steinle en San Francisco presuntamente a manos de un indocumentado que había sido deportado cinco veces.

El resultado ha sido  el avance de medidas en el Congreso para penalizar a las ciudades “santuario” que se niegan a colaborar con autoridades migratorias federales.

Jefes de policía de estas ciudades argumentan que la colaboración de policías locales o estatales con agencias federales de inmigración sólo genera desconfianza entre los sectores inmigrantes, afectando la seguridad de todos porque muchos de esos inmigrantes no reportan cuando son víctimas o testigos de delitos.

La Cámara Baja aprobó la medida que penaliza las ciudades “santuario” y ahora pasa al Senado.

Irónicamente esas ciudades “santuario” se fortalecieron por la inacción del Congreso en impulsar una reforma migratoria que permita determinar quiénes deben ser removidos. Los republicanos la bloquearon en la Cámara Baja.

Pero los republicanos como Trump prefieren explotar las tragedias con fines políticos y evadir las soluciones reales.

En el programa Al Punto de Univision, el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, ahora analista republicano de la cadena, declaró que la candidatura de Trump es un globo que espera explote pronto.

Por ahora el accidente llamado Trump sigue flotando. Para cuando explote, ya habrá hecho bastante daño.

**Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice

 

 

 

 

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