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Una autocracia fuera de serie

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08 de marzo, 2015

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Una autocracia fuera de serie
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

¿Cuántas dictaduras de medio siglo de duración, o más, ha habido en los tiempos modernos? ¿Y en el continente americano?  ¿Cuántas tiranías hay en el mundo actualmente?

Estas son preguntas que de oficio debieran  figurar en la agenda de los Jefes de Estado que se darán cita en Panamá en la Cumbre de las Américas, en abril próximo.  Porque cuando esos presidentes den la bienvenida y agasajen al general Raúl Castro  estarán legitimando al autócrata que encabeza la dictadura más longeva  y destructiva que se recuerde en Latinoamérica,  la segunda más  larga  en todo Occidente, y una de las seis más prolongadas a nivel mundial.

Creo que muy pocos de esos complacientes e indolentes mandatarios saben que en Europa  y en todo el Nuevo Mundo en los últimos 200 años habido sólo dos tiranías de más de medio siglo de duración y no por casualidad  ambas  marxista-leninistas:   la del Partido Comunista en la Unión Soviética, que se prolongó por 74 años (1917-1991) y la de los hermanos Castro en Cuba, con 56 años cumplidos y que, como van las cosas,  parece llegará  a sexagenaria. O sea, regionalmente la castrista  es una autocracia fuera de serie.

Y  les importa un comino a esos presidentes que hoy,  en pleno siglo XXI, entrado ya el tercer milenio y con humanos orbitando alrededor de la Tierra en una estación espacial, persisten en el mundo  48 tiranías.

Un total de 2,377 millones de personas –casi un tercio de la población mundial– en 2013 vivían bajo sistemas autoritarios no democráticos,  fundamentalmente en Africa, Asia y Medio Oriente, según un informe de Freedom House.  Por cierto,  en los 34 países más industrializados, miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),   no hay dictaduras. Obviamente la libertad humana genera progreso.

Por continentes, Africa  se lleva la  palma con 22 regímenes autoritarios.  Asia y Medio Oriente tienen 21.  Lejos  le sigue Europa con tres dictaduras disfrazadas de sistemas democráticos,  y las tres en naciones ex comunistas: Bielorrusia, Azerbaiyán y  Rusia.  Oceanía no tiene ninguna,  y América padece  la castrista,  y   también el muy corrupto régimen militar de Nicolás Maduro en Venezuela, del que se sabe ha robado al menos 350,000 millones de dólares que están depositados en bancos extranjeros, según han informado el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Las naciones africanas obtuvieron la  independencia básicamente en los años 60 y en muchos casos élites autóctonas tomaron el poder de forma permanente.  No pocos países aún están inmersos en una dilatada etapa postcolonial y  continúan bajo sistemas de partidos únicos, y  han sufrido  golpes de Estado, y cruentas guerras civiles o tribales.  O sea, luego de que los “padres de la independencia”  accedieron al poder, Africa  ha padecido regímenes militares que se mantienen hoy en casi la mitad del total de naciones de esa región.

Asia, en tanto, tampoco tiene  una tradición de democracia liberal al estilo occidental.  En muchas naciones persiste una concepción confuciana de la democracia, que prioriza el culto a una autoridad fuerte (modernamente el Estado), y la armonía social por encima de las libertades individuales,  la separación de poderes, o derechos constitucionales como en Occidente. Y en Medio Oriente aún hay algunos regímenes teocráticos, en los que la religión oficial también es la rectora de la vida política y económica.

Todo ello tal vez podría explicar por qué revoluciones marxistas  instalaron en Asia  cuatro de las cinco  tiranías de más de 60 años de duración a nivel global, tres de ellas aún  vigentes. Y por qué en Tailandia ha habido 18 golpes de Estado desde que se puso fin a la monarquía en 1932,

En Mongolia, un país en buena medida todavía semifeudal a principios del siglo pasado, los bolcheviques en 1921 impusieron un régimen totalitario que duró 69 años.  Moscú convirtió a la cuna de Gengis Khan en una colonia soviética. En una visita periodística que hice a ese país en 1980 pude constatar que todas las personas que tenían cargos de cierta importancia en la economía mongola eran rusos, hablaban en ruso,  y  lo controlaban todo. Al desintegrarse la URSS, Mongolia se independizó.

Vietnam, padece una dictadura comunista desde 1945, es decir, tiene 70 años de edad. La dinastía Kim en Corea del Norte ya lleva 69 años, pues Kim Il Sun fue colocado en el poder por Stalin en 1946. Y la del Partido Comunista en China fue instaurada por Mao Tse Tung en 1949, costó 65 millones de vidas hasta los años 70, entre ejecutados y muertos de hambre,  y tiene ya 66 años de vida.

Democracia y castrismo

América Latina, que  no tiene tradición política confuciana,  teocrática o tribal,  igualmente cuenta con una larga historia de dictaduras, al compás de un caudillismo fruto de una hibridación de la práctica caudillista española y  los cacicazgos indios precolombinos.  Desde la independencia misma sus pueblos  vivieron convulsiones sociales y políticas, revoluciones devastadoras,  y golpes militares.  Sin duda el paternalismo caudillista-estatista, el proteccionismo, el populismo embaucador y  la consecuente falta de libertades económicas y políticas, fueron responsables del retraso socioeconómico y político de muchos países latinoamericanos.

Pero ninguna de esas tantas dictaduras latinoamericanas  duró tanto como la castrista. La que más se le acerca en longevidad es la de los Somoza en Nicaragua, que se prolongó por 43 años (1936-1979). Le siguen  la de Alfredo Stroessner en Paraguay (1954-1989), con 35 años; la de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961) en República Dominicana, y Porfirio Díaz en México (1977-1911, con intervalos), ambos con 31 años; y la dinastía Duvalier en Haití, 29 años (1971-1986).

Además, luego de la última oleada dictatorial de los  60 y 70,  si se exceptúa a Cuba y Venezuela –cuyo régimen es teledirigido desde La Habana–,  hay democracia hoy en la región.  Algunas no muy liberales que digamos, ni  ejemplares, pero son democracias al fin.

Por eso desentona tanto la tiranía de los Castro. Ambos asaltaron el poder en 1959 y allí siguen   luego de haber destruido la nación cubana en todos los sentidos, mientras en el resto de Latinoamérica el ruido de sables y los “gorilas” golpistas  parecen haber quedado atrás.  Al menos así ha sido en las últimas tres décadas.

No hay elecciones desde 1948

Es cierto que el rebrote del populismo izquierdista está erosionando las bases  democráticas en Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Y que el narcotráfico y la corrupción han penetrado los estamentos de  poder en algunos países, donde la violencia se ha desbordado, y que algunos gobernantes hostigan y censuran los medios de comunicación  y enmiendan las Constituciones para seguir en el poder at infinitum.

No obstante, de manera general, pese a todo,  hoy en Latinoamérica hay  libertades individuales  económicas y políticas, incluyendo la libre expresión, se respeta la voluntad de los electores  y mal que bien  funcionan las instituciones –algunas muy precarias y contaminadas de autoritarismo “benigno”— que al menos garantizan el ejercicio democrático.

Nada de eso existe en Cuba.  Allí el régimen  pisotea los principios básicos de la modernidad. Los cubanos no ejercen sus derechos soberanos desde 1948, cuando fue electo presidente Carlos  Prío,  luego derrocado por el general  Batista en 1952.  Es decir, han pasado 67 años desde  aquellos últimos comicios libres, un récord continental  que será muy difícil de superar.

En fin, la asistencia del dictador caribeño a la Cumbre de las Américas será una grave afrenta a  los cubanos.  Y constituirá una violación  de la Carta Democrática Interamericana  (2001), según la cual si un gobernante no es electo en las urnas no puede participar en los cónclaves patrocinados por la OEA.

Raúl Castro, el  “hombre fuerte” de Cuba  por obra y gracia de su  hermano Fidel, jamás se ha sometido al escrutinio popular. Nunca ha sido electo para cargo alguno en toda su vida.

 

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