La Tuta, una captura de impacto limitado

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

La reciente captura de Servando Gómez, “La Tuta”, un exmaestro de escuela primaria que como jefe de Los Caballeros Templarios se convirtió en el narcotraficante más buscado por las autoridades mexicanas, le ha traído una buena dosis de dividendos al gobierno de Enrique Peña Nieto, tan necesitado en estos momentos de aciertos políticos. Pero el efecto positivo durará poco.

Si bien la caída de “La Tuta” ha sido aplaudida por vastos sectores de la sociedad mexicana e incluso por la DEA, la realidad es que su arresto representa más que nada un golpe mediático porque el poder del capo estaba ya muy mermado desde hace más de un año, cuando el gobierno federal decidió intervenir en Michoacán. Basta recordar que a principios de febrero, el narcotraficante anunció a través de uno de sus videos que se retiraba de la vida criminal porque sentía que tenía que cuidarse.

Al momento de su captura, en una modesta casa en la ciudad de Morelia, Servando Gómez andaba a salto de mata y se rindió sin oponer la menor resistencia. El operativo, en el que no se disparó un solo tiro, se llevó a cabo de manera relativamente sencilla, lo que refleja que La Tuta estaba ya muy lejos de ser el criminal que en una  época controló la política, el comercio y la policía de Michoacán mediante el terror y la compra de conciencias.

El arresto de La Tuta, por otra parte, tendrá un efecto prácticamente nulo en la lucha contra el narcotráfico y en los esfuerzos para pacificar Michoacán porque las causas de la violencia y del auge del crimen en ese estado permanecen intactas. Aunque la caída de Servando Gómez debilita a los Caballeros Templarios, éstos no tardarán mucho en reagruparse y nombrar a un nuevo líder. Es también posible que el cartel se atomice y que surjan nuevos grupos criminales que se disputen el poder de la entidad.

Por desgracia, Michoacán es desde hace años tierra fértil para el crimen organizado porque hay una peligrosa mezcla de pobreza, falta de oportunidades laborales y educativas, cultura de la corrupción en todos los niveles y ausencia de estado de derecho. Esas condiciones hicieron posible que surgieran primero La Familia Michoacana y después Los Caballeros Templarios, ambas organizaciones fuertemente arraigadas en la sociedad por su supuesta solidaridad con los más pobres y sus estrechos vínculos con la clase política. Lo único que podría empezar a cambiar la situación sería la llegada de una nueva generación de políticos dispuestos a darle a la juventud las oportunidades que merece y a no dejarse corromper por el crimen organizado. Pero por ahora esa posibilidad se ve remota.

 

 

 

 

 

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