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Los obstructores del entusiasmo

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25 de febrero, 2015

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Los obstructores del entusiasmo
Manuel Sañudo Gastélum.

Manuel Sañudo Gastélum.

El entusiasmo es un estado de exaltación que confiere a los sentidos y a los pensamientos un poder que genera energía para realizar cosas que generalmente no podríamos hacer. Se puede considerar que una persona se encuentra “entusiasmada” cuando denota una evidente exaltación y fogosidad en el ánimo, puede simplificarse en momentos por algo que cautive su atención, este estado, en ocasiones, favorece el movimiento encauzado a alcanzar un objetivo.

Sin embargo, el entusiasmo se puede topar con diversos obstáculos que le cerrarán el camino y bajarán su nivel de energía, pues es fuerza motora. De paso, menguarán el ánimo personal y la calidad del resultado que se busca.

Si podemos identificar al enemigo lo podremos vencer. Aunque, por otro lado, si calificamos como “enemigos” a esos obstructores les estaremos dando una connotación hostil y eso también afecta el ánimo. Pero no por eso hay que perder de vista que son trabas que se interponen, y que atentan contra la energía del entusiasmo.

Es preferible ver los obstáculos como amigables señales que nos indican que debemos esquivarlas, que hay que sortearlas en vez de resistirlas, como sinuosidades en la ruta hacia el éxito. A eso le llamamos “vencer” al obstructor. No para atacarlo, sino para evadirlo. Pues la pelea y el enfrentamiento deterioran la voluntad que se requiere para el resultado. Hay que cuidar y sostener el brío entusiasta y no desperdiciarlo en luchas estériles.

Si lo deseable es rodear los obstáculos, en vez de pelear con ellos, lo primero que hay que hacer es identificar cuáles son, dónde y cuándo podrían aparecer. Una vez identificados esquivarlos será más fácil.

Hagamos un listado de los posibles obstructores:

ü  El auto concepto en que nos tengamos: frecuentemente nos auto limitamos y desilusionamos de alguna idea o proyecto, puesto que creemos que no es para nosotros. Porque así lo dicta el paradigma de lo que creemos que debemos ser, hacer o tener – “Eso no es para mí”, “estoy viejo para hacer o cambiar…”, “no es cosa de hombres” – y muchos más auto conceptos castrantes que matan las ideas antes de nacer e inhiben cualquier asomo del entusiasmo.

ü  La lentitud en lograr el resultado: este obstructor tiene como pariente cercana a la impaciencia. A veces sí que la espera es lenta, pero en otras es que somos impacientes. Todo fruto precisa de un tiempo de maduración. Esto me recuerda una graciosa frase de un amigo que dijo: “Dios mío, dame paciencia, ¡pero ya!”… Hasta para pedir somos impacientes.

ü  El qué dirán: lo que otros digan de lo que hacemos, sus críticas negativas, bromas de mal gusto o frases desmotivadoras – probablemente con envidia y regularmente con un equivocado sentido de la amistad – seguramente afectarán nuestra estima y, como secuela, la carga energética de la emoción. Recordemos que lo que otros piensen de nosotros no debe ser de nuestra incumbencia. Lo más importante es nuestra voz interior.

ü  Aliados flojos o débiles: si el proyecto depende del concurso de un equipo de trabajo y éste es flojo o débil ello irá contra el resultado. Tengamos cuidado al seleccionar a los aliados. Por el contrario, un buen equipo produce una masa energética que sinergia el entusiasmo colectivo.

ü  Estándares equivocados o malos sistemas de información: el avance genera más entusiasmo. Para medir el progreso de cualquier tarea necesitamos, si no muchos pero sí muy fieles medidores de los adelantos que se vayan logrando. Si los instrumentos de medición son deficientes no nos dirán la verdad. Sin ésta, andaremos perdidos y mermará el entusiasmo. Revisemos qué queremos medir y cómo, para sostener el ánimo en los niveles adecuados.

ü  Presionar al resultado: la excesiva insistencia, en las personas, recursos, procedimientos, etc., hará que el resultado se tarde más e incluso se malogre. Pensemos en la “Ley de la granja”: no porque reguemos más el plantío, dotemos de más fertilizantes y labranzas el fruto nacerá antes de su tiempo. Es inútil violentar el ciclo normal de los procesos, de los proyectos, de los cambios en general. Como dice Paulo Coelho, en su libro Manual del guerrero de la luz: “Los dos mayores errores de una estrategia son: el actuar antes de hora y el dejar que la oportunidad pase de largo”. Lo que requiere de paciencia y de rapidez, al mismo tiempo.

ü  Escasez de recursos: sí, desafortunadamente el dinero y otros recursos, como los humanos, son imprescindibles ¿Cómo estar entusiasmado cuando no hay dinero?, ¿o cuando se tiene hambre? ¿o se está en solitario frente a la tarea? Hay que sacar fuerzas de la flaqueza, buscar asociados en lo económico y en la labor de equipo. O posponer y pausar el proyecto, mientras llegan los recursos. El verdadero hacedor, entusiasta, tiene el ingenio para sacar resultados prácticamente de la nada. Con dinero, ¡casi cualquiera lo haría! – Y ni aún así, hemos conocido millonarios que no hacen nada, que no aportan, pues no tienen entusiasmo.

ü  La dispersión: estar metidos en demasiados proyectos, sin los apoyos necesarios, hará que terminemos por querer lograr todo y terminar en nada o en muy poco. En unas sí y en otras no. Seleccionemos las mejores oportunidades y en ellas destinemos nuestros mejores esfuerzos, capacidades y recursos. Van implícitas la depuración y la renuncia, pues oportunidades puede haber muchas, pero no podemos aprovecharlas todas, a menos que tengamos súper estructuras de apoyo y recursos de sobra. 

ü  Miedo al cambio: que puede llegar al auto sabotaje. Los sicólogos afirman que la persona se puede auto sabotear por temor al cambio. Peor aún, por miedo al éxito. Increíble, ¿verdad? Aunque cueste trabajo creerlo, en muchas personas se da este agobio irracional frente al éxito.

ü  Mala salud: parecería obvio decirlo, pero sin ésta no hay energía, ni chispa para emprender. Es definitivo que el entusiasmo (el ánimo) está conectado con el malestar o con el bienestar.  

ü  Obsesión por la excelencia: es bueno ser excelente, pero es malo frenar el nacimiento y aterrizaje de las ideas al estar obsesionado por la perfección. Más vale avanzar en lo bueno, que perderse en el sueño guajiro de la excelencia.

“Estar entusiasmado es mostrar gozo en cada tarea, haciendo el mejor de mis esfuerzos”

 

Manuel Sañudo Gastélum

Coach y Consultor

www.manuelsanudocoach.com

www.entusiastika.blogspot.mx

DR © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción sin el permiso del autor.

 

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