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Los Castro, violadores de soberanías

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20 de febrero, 2015

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Los Castro, violadores de soberanías
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Siempre he estado convencido de que para que lo respeten a uno, igualmente uno debe respetar a los demás. Es lo justo.  Sin embargo, el general Raúl Castro y su hermano Fidel no parecen pensar igual.  Al menos no se han ajustado nunca a esta lógica que  rige la convivencia humana y que el prócer mexicano Benito Juárez resumió con una genial frase:   “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

En el contexto de las negociaciones para  restablecer  las relaciones diplomáticas con Estados Unidos el dictador cubano insiste en que la soberanía cubana hay que respetarla, y que  nadie  puede inmiscuirse en los asuntos internos de la isla para pretender modificar el sistema político imperante en Cuba.

Eso suena muy bien, lo que pasa es que el régimen que ambos Castro han encabezado desde 1959 es el que más ha intervenido y sigue interviniendo en los asuntos internos de las naciones de América Latina precisamente para tratar de cambiar sus sistemas políticos.

¿Con qué moral habla Raúl Castro de no inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba cuando hoy es La Habana la que de hecho dirige  el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, donde tiene destacados a unos 100,000 cubanos que son funcionarios gubernamentales clave que lo controlan todo, incluyendo generales, coroneles y oficiales de contrainteligencia que son los que trazan la estrategia represiva y de supervivencia del autoritarismo chavista?

La Cuba castrista ha intervenido militarmente en más países de la región que Estados Unidos, que es mucho decir.   En el siglo XX, con tropas regulares, o con fuerzas contrainsurgentes,  Washington intervino directamente en 10 países de la región:   México, Guatemala, Nicaragua, Bolivia, Panamá, República Dominicana, Cuba, Haití, El Salvador y Granada.  La única intervención militar en Sudamérica ocurrió cuando en 1967  envió a Bolivia un grupo de “boinas verdes” para ayudar a acabar con la guerrilla del Che Guevara.

Intervención en 16 países

En tanto, el gobierno copresidido por Raúl Castro –desde 1959 a 2011 en que pasó a ser el “número uno”– ha hollado la soberanía de 16 países latinoamericanos. Durante décadas los Castro entrenaron, financiaron, organizaron,  armaron y en buena medida dirigieron grupos  guerrilleros o  de  terrorista y elementos subversivos que provocaron cruentas guerras o realizaron atentados sangrientos en todas las naciones de Sudamérica, excepto Guyana y Surinam, y en toda Centroamérica si se exceptúan Costa Rica y Belice.

Sin embargo, eso no es lo que dicen la mayoría de los libros de historia en las escuelas y universidades latinoamericanas, los mismos en los que el Che Guevara figura como una leyenda del romanticismo revolucionario y no como el  hombre que siendo el tercero en la jerarquía de la isla se fue con combatientes cubanos a  inmiscuirse  en los asuntos internos de Bolivia para   incendiar toda Latinoamérica e imponer  el  totalitarismo comunista desde el Rio Grande a la Patagonia.

La primera intervención se produjo tan tempranamente como en abril de 1959, cuando los Castro enviaron a Panamá a 82 combatientes cubanos para derrocar al presidente Ernesto de la Guardia e iniciar allí un movimiento revolucionario.

Posteriormente la llamada revolución cubana intervino en Venezuela, Bolivia, Colombia, Perú, Uruguay, Chile,  Paraguay,  Brasil, y Argentina. Y se suman las intervenciones directas en  Panamá, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana y Granada. En Guatemala y El Salvador esas guerras civiles  dejaron un saldo de 275,000 muertos.

Recordemos a los Tupamaros en Uruguay,  los Montoneros y el ERP en Argentina,  las FARC, el M-19, y el ELN en Colombia; las FALN y el MIR en Venezuela; Sendero Luminoso y el MIR en Perú; las FAR y el EGP en Guatemala; el FSLN en Nicaragua; y el FMLN en EL Salvador, para citar algunas de las  entrenadas, armadas, o financiadas por los Castro. También hubo guerrillas rurales o urbanas de cubanos o directamente conectadas con Cuba en Chile, Brasil, Bolivia,  Honduras  y República Dominicana.

Y no olvidemos la intervención cubana en la isla de Granada, donde de hecho los Castro dirigieron el gobierno de Maurice Bishop en los años 80. A esa isla fueron enviados casi un millar de cubanos a construir un aeropuerto con una pista enorme para el aterrizaje de grandes aviones militares de la Unión Soviética posibles  portadores de armas nucleares tácticas.  Pero desembarcaron tropas estadounidenses y  pusieron fin al gobierno pro-castrista.  Las fuerzas cubanas se rindieron a los invasores.  Se negaron a cumplir la absurda orden de Fidel Castro de “combatir hasta la muerte”.

También  cientos de miles de cubanos fueron enviados a combatir en Africa  y Medio Oriente (Angola, Argelia, el Congo, Siria y Etiopía),  donde murieron miles de ellos”.

 Segundo ‘hombre fuerte’

Desde febrero de 1959  Fidel  impuso como segundo al mando de Cuba a su hermano, cuando lo nombró jefe de la Comandancia General de las FAR.  Todos esperaban que ese cargo fuese  para el comandante Camilo Cienfuegos, el héroe más destacado en la guerra contra la dictadura de Batista, y no Raúl, quien realmente combatió poco en las montañas orientales. Luego el Comandante en Jefe sembró como “número dos” de la dictadura a su hermano en todos los congresos partidistas, desde la creación de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en 1962; el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURSC) en 1963,  y el Partido Comunista en 1965; y también en el Consejo de Ministros y el Consejo de Estado.

El ahora primer “hombre fuerte” de la isla fue uno de los creadores en La Habana de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), brazo castrista para fomentar la revolución y la subversión política a nivel mundial, con la consigna enunciada por el Che Guevara  de crear “dos, tres, muchos Vietnam“, que constituyó un intento por rescatar la  “revolución permanente” de León Trotsky, tan irresponsable como ilusoria.

Y aunque la guerrilla del  Che fue aniquilada  los Castro continuaron con su estrategia  de fomentar la lucha armada como “única vía para lograr la liberación de los pueblos” e imponer el castrismo en todas partes.  Se dispararon  a nivel continental las guerrillas rurales y urbanas, los atentados, y los asaltos a bancos para obtener fondos para la revolución.

Atentados sangrientos

Oficiales de inteligencia cubanos, con el concurso de  “voluntarios” de otros países asesinaron a  varios militares que participaron en la captura y ejecución del Che en Bolivia. El presidente boliviano, general René Barrientos,  pereció carbonizado en un  misterioso accidente en un helicóptero,  18 meses después de ordenar ejecutar  al Che.  El coronel Jorge Centeno Anaya, jefe del Ejército boliviano cuando el Che fue capturado, murió en un atentado en París.

Igualmente el  coronel Roberto Quintanilla, jefe de inteligencia del Ministerio del Interior boliviano cuando la captura del Che, fue asesinado en Hamburgo en 1971.  Y el capitán Gary Prado Salmón, que comandó las tropas que capturaron al Che, fue baleado y quedó paralítico.

Otro atentado relacionado –directa o indirectamente– con Raúl Castro se hizo famoso. En septiembre de 1980 un  comando guerrillero argentino del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP,  castrista), encabezado por Enrique Gorriarán Merlo,  mató al ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle en Asunción, Paraguay.    Gorriarán Merlo admitió en Argentina que él como jefe del ERP, y muchos de sus compañeros de armas  habían recibido el entrenamiento militar en Cuba.

Merece la cárcel

En fin, el general Castro es doblemente culpable ante la historia. En la isla comparte con Fidel la responsabilidad por las miles de muertes causadas, los atropellos y la violación flagrante de los derechos humanos y todo el sufrimiento causado durante 56 años. Y en el plano internacional es corresponsable de la violación de la soberanía nacional de muchos países de Latinoamérica, con ríos de sangre derramada.

Pero apuesto a que en la Cumbre de las Américas, a celebrarse en abril próximo en Panamá, ningún mandatario latinoamericano tendrá suficiente coraje para decirle a Raúl Castro en su cara que él  debiera estar en la cárcel por tanto sufrimiento causado dentro y fuera de Cuba, y aclararle que por ser un dictador no tiene derecho  a estar presente en ese cónclave democrático.

Por el contrario, probablemente Castro allí será agasajado.

 

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