El insidioso Ego

Manuel Sañudo Gastélum.
Manuel Sañudo Gastélum.

“La conciencia nos hace egoístas a todos”

 Oscar Wilde

El ego es la parte de nuestra mente que organiza conscientemente nuestros pensamientos e intuiciones, sentimientos y sensaciones. Es una parte, adquirida con los años, que influye decisivamente en los resultados personales. Es la que nubla o aclara nuestra verdadera esencia.

 

El ego, según Carl Gustav Jung, “es el yo que es el punto focal de la conciencia. Es el portador de nuestra conciencia consciente de existir, así como el sentimiento permanente de identidad personal. Es el portador de la personalidad. El yo surge del sí-mismo y desempeña papeles de crucial importancia, pues percibe significados y juzga valores y actividades que favorecen o desmerecen la vida”. Resulta de la diferenciación que el contacto con la realidad exterior impone a la estructura psíquica primitiva. De hecho es un sistema de adaptación a la realidad. En psicología se define como “la unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; es, pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos”.

Dado que es nuestra relación con el medio ambiente, el ego se erige como el intermediario subjetivo, y afectado emocionalmente, entre nuestro ser verdadero y la realidad. Puede, entonces, ser un poderoso aliado o un sigiloso enemigo…

Lo más cercano a nuestra verdadera naturaleza – o esencia, si así se prefiere – lo podemos ver en los bebés. Ya, de niños, luego adultos, nos alejamos de ella; y por lo mismo, empezamos con el sufrimiento. Sufrimiento en los negocios y en la vida. Puesto que el ego ha ido sobreponiéndose encima de lo que es la esencia: con virtudes, defectos, emociones, actitudes y demás componentes de lo que Jung denomina “personalidad”.

Según la personalidad de cada quien – si la persona no hace algo al respecto -, así será su conducta en todos los órdenes vitales. Y los negocios no son la excepción, contrariamente a lo que se cree. Ya que, por su supuesta frialdad, muchos opinan que en el manejo de ellos lo único que actúa es la razón. No podrían estar más lejos de la verdad. Acepto que habrá negocios en los que las decisiones sean un poco más razonadas que emotivas, y a la inversa. Pero, afirmo que no hay dueño, director o ejecutivo en el mundo que no le infunda su ego a las decisiones “de negocios”. Menciono algunas muy conocidas de todos: la codicia, la ira, el apego, los celos… Si ganamos dinero nos sentimos felices, si lo perdemos entristecemos. Si ganamos mucho, puede ser que nos invada el miedo de perderlo, y así sucesivamente en una progresión de deseos insatisfechos. Estas emociones arrastran a quien no sepa controlarlas. No pueden desaparecer, pero sí canalizarse con la mayor adhesión posible a la sabiduría de la mente limpia del ser. Éste, el que realmente somos, no lo que creemos que somos, ni lo que los demás quieren que seamos o creen que somos.

Actuando conforme a esa esencia, la vida y los negocios – en teoría – deben de facilitarse. Digo que “en teoría”, pues la verdad es que casi toda la humanidad estamos afectados por un insidioso ego. Que se la pasa evaluando, juzgando, percibiendo información, para luego codificarla hacia la mente en función de sus encuadres dominantes.

Esos encuadres nos alejan de lo que somos y nos engañan con lo que creemos que somos. Con esta desfiguración informática lo menos que puede suceder – en el campo empresarial – es el sufrimiento innecesario; no digamos lo que pueda acontecer con la calidad de las decisiones tomadas desde el andén de la negatividad emocional.

En una ocasión comenté con un amigo que “hasta las guerras son producto de las emociones” (codicia, ira…) y mi interlocutor – quien presume de ser muy racional – refutó tajantemente: “¡las guerras son por dinero!”. Me pregunto, entonces, la motivación por el dinero ¿acaso no tiene que ver con la codicia?

Es bueno que muchos científicos, como el Dr. Daniel Goleman, ya estén aceptando y estudiando la fuerza de las emociones – bien o mal canalizadas –, en el día con día, en todas las órbitas de la actividad humana. Goleman es conocido por su primer libro “La Inteligencia Emocional”, que posteriormente los empresarios tomaron como guía importante para seleccionar y orientar mejor a su personal.

La perspectiva no es para desanimarse, sino para aceptar templadamente que somos emoción y razón. Mente y corazón. Que, para vivir mejor los negocios y la vida, es obligado aceptar, reconocer y saber encauzar convenientemente las emociones… Si queremos negocios saludables en el concepto más amplio de la palabra.

 “Los años arrugan la piel, pero al corazón lo arruga el ego”

 Anónimo.

 *El autor es Consultor en Dirección de Empresas.

Correo: manuelsanudog@hotmail.com

www.manuelsanudocoach.com.mx  

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