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Mireles: ¿mártir o caudillo?

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05 de agosto, 2014

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Mireles: ¿mártir o caudillo?

 

Mireles

Mireles fundó las autodefensas de Michoacán en febrero de 2013 para liberar a la población de los crímenes cometidos por los narcos. Foto: redpolitica.mx.

Por María Teresa Sarabia

Tepalcatepec, Michoacán.-  Surgió con la intención de ser un caudillo y liberar a los suyos de la delincuencia “templaria”.   Empezó siendo un doctor que curaba enfermedades y se convirtió en un cirujano de la sociedad michoacana que trataba de extirpar un cáncer expandido por los narcos en forma de violaciones a las menores de su pueblo, Tepeke, secuestros, asesinatos, torturas y extorsiones, entre otros crímenes abominables que terminaron por hartar a un pueblo sediento de justicia, y de los oídos sordos de un gobierno corrupto, sin escrúpulos y coludido con los criminales.

Su bisturí fueron las autodefensas que fundó en febrero del 2013.  Su quirófano: el estado de Michoacán; su equipo de operación eran esos aliados que hoy figuran vestidos con el uniforme de las fuerzas rurales de la Tierra Caliente y que le dieron la espalda, entre ellos: Luís Antonio Torres “El Americano”, y Estanislao Beltrán, “El Papá Pitufo”.  Se decían sus amigos.  Beltrán, primero fue su escolta, y el mismo Mireles dijo que era un cortador de limones, a quien luego de su accidente en una avioneta, designó como vocero de los comunitarios.

Pero esos “amigos”, y un comisionado para la seguridad estatal, Alfredo Castillo, que con fines perversos dirige los hilos del rumbo de Michoacán, fueron quienes a base de traiciones lograron atraparlo.  La poca imaginación de las autoridades los hizo crear una excusa que nadie se cree: portaba armas y drogas plantadas por el mismo gobierno.

Y ese líder capaz de mover ejércitos de autodefensas por todo el estado, y símbolo de fuerza y unidad, ha sido sujeto a todo tipo de humillaciones, entre ellas ponerlo tras las rejas lejos de Michoacán, en una prisión federal en Hermosillo, Sonora;  sin pelo y sin bigote, como cuando a “Sansón” quisieron quitarle su fuerza dejándolo sin su cabellera.    Apagado, triste, enfermo, Mireles dice: “tienen preso mi cuerpo, pero no mis ideales”.

EL FACTOR MIRELES

La presencia de José Manuel Mireles Valverde es impactante.  Cuando lo conocí era una tarde calurosa, típica de la tierra caliente.  Mas de 40 grados centígrados. Llegamos hasta su casa, en un modesto barrio del municipio.  El doctor, que aún no termina de recuperarse luego de aquel accidente en avioneta que sufrió en enero, tomaba una siesta.  Decidimos esperarlo en una pequeña terraza a la entrada de su casa.  Pasaron casi dos horas cuando repentinamente una figura alta, delgada, de pelo canoso, bigote poblado, portando su clásico sombrero negro, y vestido con una camiseta polo amarilla , un pantalón color caqui, y sandalias de piel, se asomó, nos vió y simplemente dijo: ¡pásenle!”

Entramos a una vivienda sencilla.  Con muebles viejos de madera, donde había algo de desorden ante la evidente falta de una mujer en casa.  En ese momento solo estaban: su padre y uno de sus escoltas.  Mi camarógrafo y yo comenzamos a acomodar las sillas para una entrevista que haría para la televisión.  Mireles analizaba cuidadosamente cada uno de nuestros movimientos.  Me veía con curiosidad.  Quizá tratando de adivinar que tanto sabía yo de lo que pasaba en Michoacán.  Ignoraba que esa tierra no solo era la suya, también la mía.

A tan solo minutos de haberse despertado,  se sentó en una de las sillas de color café.  Estuvo callado, observándonos.  Estábamos en un patio largo, que terminaba en una huerta detrás de la casa.  Alrededor de donde estaba Mireles había un burro de planchar, varias sillas de plástico a lo largo del pasillo, una lavadora, y ropa tirada.  Hacía un poco de viento caliente, que movía las hojas de las palmeras en la huerta.  Cada movimiento mantenía al doctor en alerta.  Traía su celular en la mano.   Mientras revisábamos enfoque, luz, y  el encuadre para la entrevista, él, leía algunos mensajes de texto.  Finalmente le dijimos: estamos listos doctor.  Mireles simplemente respondió: yo también.

AUTODEFENSAS DESECHABLES

Esta charla entre José Manuel Mireles y yo, sucedió durante la primavera.  Varias semanas antes de su detención.  Y aunque el lider parecía tener todos los riesgos calculados, su valentía muchas veces le hizo tomar decisiones que muchos consideraron arrebatadas.

Cuando Mireles y yo nos sentamos frente a frente, le quedaban pocas semanas de vida a las autodefensas en Michoacán.  El comisionado para la seguridad Alfredo Castillo, y algunos líderes, entre ellos Estanislao Beltrán, “El Papá Pitufo”, ya habían acordado que se desarmarían y transformarían.   Mireles parecía ceder, pero las dudas simplemente nunca lo abandonaron.

Cuando comenzó la charla, hice mención a lo que algunos políticos, entre ellos Luisa María Calderón, “La Cocoa”, decían de las autodefensas: que eran “desechables” y fueron usadas como sabuesos para capturar a los peores criminales en la entidad, a lo que sin pensarlo dos veces, Mireles respondió:

-“Para el gobierno sí.  Están esperando acabar con nosotros por la situación de que según ellos ya terminaron su tarea en Michoacán, y eso no es cierto”.

Al responder me miró fijamente.  Observé cuidadosamente su rostro, aún con parálisis facial a causa del accidente en la avioneta.  En sus ojos ví una tristeza profunda, fácil de leer.  Aunque de presencia imponente, de inmediato sentí que más allá del lider mediático, tenía frente a mi a un ser humano vulnerable al dolor y a las miserias humanas.  Portando su sombrero negro, que se acomodo mientras hablaba, Mireles me contó sus temores.  Me habló del mayor de todos:

-“Mi vida peligra.  Antes me cuidaba nada más de los templarios, ahora me tengo que cuidar de las acciones del gobierno, y de algunos autodefensas también”.

Hace una pausa, y le pide a uno de sus escoltas ahí presente que le acerque una botella con agua.  El calor lo agobia.  Aún en plena tarde, las altas temperaturas dominan el ambiente y es inevitable sudar.

La charla continúa.   Le pregunto por Hipólito Mora, también camarada suyo, amigo y co-fundador de las autodefensas.

-“Lo de Hipólito, fue una traición del gobierno hacia el movimiento, no por el daño que le pudieran hacer a Hipólito, sino a todas las autodefensas.  Se lo llevaron con engaños según para protegerlo, y terminó preso y con cargos de asesinato.  En base a eso, tuve que sacar un acta de NO antecedentes penales, porque el gobierno te los inventa, los antecedentes o los cargos, o lo que sea, cuando quieren perjudicar a la gente”.

Fue entonces cuando recordando que años atrás estuvo preso acusado de narcotráfico, Mireles comentó que en esa ocasión, la droga le fue plantada y los cargos inventados…

-“Todo, absolutamente todo fue falso.  Yo soy médico cirujano, no tengo necesidad de esas cuestiones.  Sin embargo, fuí juzgado, sentenciado, y tuve que pagar una condena, pero estoy fuera”.

¿Podría ser el mismo caso lo sucedido a Hipólito Mora?

-“Claro,por eso creemos que va a salir pronto”.

-Ahora, sabemos que usted tiene un video guardado que dijo dará a conocer si algo le pasa.  ¿Qué contiene ese video?

-“Tiene información básica de todas las personas que me quieren matar.  Son gentes involucradas con el gobierno y con el movimiento también”.

LAS CABEZAS DE “LOS CABALLEROS TEMPLARIOS”

Durante las negociaciones con el gobierno para intentar apaciguar a las autodefensas, en alguna de las conversaciones, tanto Mireles como su grupo pusieron entre los puntos principales que se detuviera a los líderes principales y se les castigara.  Algunos, cayeron…

-Usted pidió las cabezas de los líderes templarios.  El hecho de que finalmente cayera Nazario Moreno, El Pantera, y Enrique Plancarte.. ¿de alguna manera le reconforta?

-“Sería cuestión de que ustedes verificaran de si es Kike el que falleció”.

¿Cree que es de esos que podrían resucitar?

-“Exacto.  Plancarte no está muerto”.

¿Cómo lo sabe?

-“Se lo digo fuera de cámaras”.  Y nos proporcionó datos que sugieren una muerte negociada de Plancarte, uno de los líderes templarios más poderosos de la Tierra Caliente, quién de acuerdo con información enviada al doctor Mireles,  contactó  en Puebla a Facundo Rosas Rosas, secretario de Seguridad Pública, para ayudarlo en esta labor.  Al contactar la oficina de Rosas Rosas, para investigar si los documentos enviados vía correo electrónico eran verídicos, nos negaron una entrevista.

A Mireles

A principios de 2014, Mireles sufrió un serio accidente al desplomarse la avioneta en que viajaba. El médico dice que tiene dudas sobre las causas del percance. Foto: María Teresa Sarabia.

EL AVIONETAZO

A José Manuel Mireles sus enemigos lo acechan desde que se declaró autodefensa.  Precisamente al iniciar el 2014, en enero, el médico sufrió un accidente en avioneta cuando regresaba de un viaje de Guadalajara, Jalisco a Tepalcatepec.  Todo fue súbito. Con él viajaban 5 personas.  Una falleció.  Desde entonces, las sospechas del  médico nunca cesaron.

¿Usted considera que sufrió un accidente, o alguien tiró esa avioneta?

Me mira fijamente, y responde:

-“Tenemos muchas dudas.  Yo simplemente no recuerdo nada.  Eso que me pasó a mí, les pasa a todos los que se mueren en un accidente, pos no sufren porque es muy espontáneo, fugaz.  Yo solamente recuerdo las copas de los árboles como una milésima de segundo, eso es todo.  Cuando recobro el conocimiento ya habían pasado 5 días.  Ya estaba en el hospital de México, ya tenía yo 45 tornillos y placas en mi cara, entonces pos no puedo decir de eso.  De que hay muchas dudas, eso es cierto.  Pero sigo esperando las opiniones profesionales”.

MIRELES Y LA NIÑA

 

Fue precisamente ese accidente en avioneta, el que destapó el lado amoroso de José Manuel Mireles.  Cuando sucedió la tragedia, siempre se mencionó el quinto pasajero.  Y se habló de una mujer.  Era Jenni, “la niña”, como él cariñosamente la llama.

-“Iba conmigo en calidad de secretaria, pero es mi novia”.   Fue precisamente ese noviazgo el que de nuevo lo puso en el ojo del huracán por tratarse de una joven de 18 años.  Sin embargo, el médico aseguró contar con el permiso de los padres de la chica para visitarla.

LAS TRAICIONES

Como suele suceder en los capítulos de la historia, las luchas y movimientos  a favor de las distintas causas, suelen ir acompañadas de traiciones.  Y el caso de Mireles no fue la excepción.   Mientras convalecía de su accidente en la capital mexicana, él quiso enviarle un mensaje grabado a lo suyos tanto en México como en Estados Unidos, y convocó a la prensa nacional e internacional.  Sin embargo, asegura que sus palabras fueron editadas y sacadas de contexto.

-“Pues mire, me toman un video con las preguntas que me hacen y lo reeditan.  Yo leí un documento con palabras mías, con las ideas mías y del movimiento, donde estoy diciendo que si nos vamos a desarmar pero hasta que se límpie el estado de Michoacán de criminales y se reestablezca el estado de derecho.  Nada mas me dicen: repite que si nos vamos a desarmar, y que yo estoy ordenando el desarme, pero no dicen cuando.  Ni a cambio de qué, y eso es lo que genera dudas entre mis compañeros y empiezan a hablar”.

¿Usted se siente traicionado?

-“Claro, claro que sí! Después de varias de mis declaraciones me quitan la guardia, me quitan la unidad blindada que tenía, y la protección.  Esas son traiciones”… Sube el tono de su voz.  Denota enojo y frustración.

-“Nosotros ya habíamos durado 12 años callados y nos mataron a 300 familias nomás de este pueblo completas, el papá, la mamá, y todavía querían que me siguiera callando.  Es una situacion muy difícil”, agrega molesto.

LOS ACUERDOS PREVIOS AL DESARME

Para Mireles, llegar al desarme de las autodefensas era el último punto de una lista de 5 que le propuso al gobierno para devolverle la paz y el estado de derecho a los michoacanos.

-“El primer punto era limpiar el estado de criminales.  El segundo reestablecer el estado de derecho.  El tercero, liberar a los autodefensas detenidos, el cuarto, una vez cumplidos los anteriores, licenciar a la gente armada que teníamos y transformarla en policia estatal, pagada por el gobierno federal en todos los municipios del estado de Michoacán.  Estaria integrada por autodefensas.  Entonces sí, el último era el desarme”.

Pero las cosas no sucedieron así…

-“Después de mi accidente, comienzan a hacer los puntos que acordamos pero no en la secuencia original.  Primero vienen y sacan las listas de toda la gente armada que quiera incorporarse a la fuerza rural.  Tengo entendido que según el reglamento de la Defensa Nacional nomás se permiten 50 en cada municipio.  En Tepalcatepec se registran mil 700, después avisan que no es posible ingresarlos a todos, que no los van a hacer policías.  Y empiezan a eliminarlos de una lista de  mil 750, y claro ya los tienen fichados a todos porque fueron y firmaron y se registraron.  Fue cuando yo les dije que era puro teatro del gobierno con las autodefensas, y viceversa porque la gente lista no llevó a registrar sus cuernos de chivo para la defensa rural”.

Luego, José Manuel Mireles narra cómo el comisionado Castillo daba a conocer sus presuntos acuerdos con las autodefensas:

-“Escogen a algunos que son afines a éllos.  De ahí en adelante, nada más mandan por éllos para llevarlos a las reuniones privadas y luego anunciar que se reunieron con todo el consejo general y se lograron acuerdos.  Es por eso que venían las protestas y todos decíamos que no era cierto, principalmente yo”.

MIRELES… EL LÍDER

Luego de encenderse la mecha por la cantidad de jovencitas embarazadas por los Caballeros Templarios, y las familias también asesinadas por éllos, Mireles y el pueblo se levantaron en armas.  Cuando los medios se acercaban a Tepeke, (como le dicen a Tepalcatepec), ninguno de los autodefensas queria hablar.  El médico, siempre lo hacía.  Daba la cara.

-“Fue cuando me dí cuenta que mi voz era escuchada por mis propios compañeros.  Fue cuando decidí que no nos llamarían delincuentes, como pretendía hacernos pasar Jesís Reyna, entonces secretario de Gobierno, y constituímos legalmente el Consejo Ciudadano de Autodefensas de Tepalcatepec”.

LA ZONA COSTERA

Uno de los objetivos del médico de Tepeke era liberar la zona costera de los Caballeros Templarios.  Ellos querían libre el acceso al puerto Lázaro Cárdenas para el comercio con China.  Pero los Templarios no cedían, y las batallas que libraban eran cada vez más sangrientas.

-“Queríamos ser un estado independiente porque nuestro estado nos rechazaba, y no nos ayudaba.  Nos marginaba.  En el Senado dijeron: junten 120 mil firmas y los hacemos independientes.  Pero me faltaba Aquila.  Aquila ocupa el 80 por ciento de la costa michoacana.  El otro 20 por ciento lo ocupa Lázaro Cárdenas y Coahuyana.  Nosotros queríamos un camino libre hacía el mar para poder sacar todos los prodúctos que tenemos en la región.  Son muchísimos: limón, mango, aguacate, minerales, y cana de azúcar.  Los chinos son unas esponjas.  Te compran todo lo que vendas, absolutamente todo.  En el Senado me dijeron que el proyecto iba a durar 5 años.  Yo dije no, en un año tomo todo el estado porque íbamos muy recio.  Pero el gobierno federal supuestamente se metió a ayudarnos y comenzó a obstaculizarnos”.

Súbitamente, Mireles hace una pausa.  Con un pañuelo se limpia el sudor, bebe más agua, y continúa el relato…

-“Fijate que cada vez que el gobierno sabía que íbamos a tomar algun pueblo, tapizaban las carreteras para que no llegáramos.  Aparecían los Templarios y nos atacaban.  En todos lados nos emboscaban. Aunque gracias a Dios nuestras bajas siempre fueron mínimas”.

LOS ARREPENTIDOS

Mientras se sumaban autodefensas a la lucha por limpiar Michoacán de Templarios, surgía otro problema. ¿Cómo depurar las filas de los también llamados comunitarios, de los criminales?

Mireles de inmediato responde a mi pregunta:

-“A nadie le pedimos carta de antecedentes penales, a nadie.  Comenzamos a darnos cuenta de que gente nuestra había sido secuestrada por alguno de los que poníamos aquí, cuando otros nos lo decían.  Así se empezó a descomponer la situacion”.

LA POLICIA RURAL

José Manuel Mireles, nunca creyó en la transformación de las autodefensas en fuerzas rurales.  El hecho de tener criminales infiltrados en sus filas hace que esta corporación carezca de credibilidad entre la población, y según dice, únicamente les dá autoridad para delinquir, ahora con uniforme y armas proporcionadas por el gobierno.

-“Estamos de acuerdo en que la gente de los ranchos tenga acceso a la defensa rural o la policia estatal.  Allá es donde la ocupan.  Que se les permita traer sus armas para salir a sus milpas, para arriar su ganado, y que no cuaquier cabrón que llegue los tumbe por ahí en una cerca, los amarre, los mate y se lleve sus vacas, que es lo que le hacían a mucha gente.  La misma policia municipal, si veía a algun compañero armado, lo agarraban, lo llevaban a la presidencia municipal,  y se lo entregaban a los Templarios”.

La temperatura sigue caliente…Al médico parece subirle cuando habla de aquellas quejas que desataron verdaderas masacres en su tierra.

-“Cualquier ciudadano que iba a presentar una queja, una denuncia, pos nadie le hacía caso.  Regresaba a su casa, y ahí encontraba la hoja, junto con un aviso de que se iba a morir.  Por eso eramos un pueblo sin ley, solo existía la de los criminales.  Ellos lo gobernaban todo.  Usted no podía tener un bautizo o una quinceañera, si no era con el permiso de ellos pagado”, agrega indignado.

Pero había más…

-“Y todavía se metian a la fiesta.  Si les gustaba la quinceañera, se la llevaban delante de todos.   En la fiesta o saliendo de la iglesia.  Eso lo ví yo personalmente.  Así de sencillo.  Y no había nadie que defendiera a esa gente.  Absolutamente nadie.  Y era repetitivo, esto era un pueblo fantasma.  No había un alma caminando por el pueblo.  No había vehículo circulando por el pueblo.  Nomás ellos en sus caravanas, bien armados y camuflajeados.  Cubiertos de la cara, quemando llanta por todo el pueblo”.

LOS TEMPLARIOS Y EL TERROR EN TEPALCATEPEC

La ruta del terror en Michoacán parecía tener su epicentro en la zona de Tepalcatepec, donde constantemente aparecían cabezas, secuestraban a sus residentes, y extorsionaban a sus comerciantes, además de las violaciones a jovencitas mencionadas previamente.

-“Nosotros no podíamos hacer nada.  A mi casa trajeron un día las cabezas de los muchachos que nacieron enfrente.  Las puras cabezas.  Nunca logramos que nos entregaran los cuerpos.  Muchachos cuyo único delito era traer credencial de elector de Tepalcatepec cuando salían a otro lado.  Los Templarios se metían a las escuelas de Apatzingán a buscar quien era de Tepalcatepec para mocharle la cabeza.  Para seguir sembrando el terror entre nosotros.  Lo consiguieron por mucho tiempo.  Nosotros duramos mas de dos años organizando el movimiento.  No nos animábamos, no teníamos el valor.  Sabíamos como podíamos hacerlo, hasta que un día nos lanzamos”.

El médico cuenta que aquéllos que se sumaron a las autodefensas, lo hicieron por una buena razón: todos y cada uno tenían un familiar, un amigo o conocido que había sido asesinado, secuestrado, violada o extorsionado.  Bien valía pena unir fuerzas y atacar al enemigo.

En el caso del doctor José Manuel Mireles, él tenia más de una razón para ser precisamene quien encabezara el movimiento.

-“De aquí de Tepalcatepec, los templarios recogían 30 millones mensuales nada más de 3 negocios.  De los tortilleros, los ganaderos y los carniceros.  Eso sin contar lo que cada familia tenía que pagar”.

Además, dice Mireles que el pueblo entero era testigo de cómo las autoridades solapaban los crimenes de los Templarios a todas horas del día.

-“Cuando secuestran a mi cuñado, el marido de mi hermana la más chica, éste todavía se agarraba de la puerta pa que no lo sacaran de su casa, los criminales estaban vestidos y encapuchados, y pasó un camión grande de militares y todavía le preguntan a uno  de los que por cierto era militar y golpeaba a mi cuñado: ¿pos que andas haciendo compa? Aquí nomás chambeando jefe, y los otros siguieron su camino”.

Actos como éste, sucedidos constantemente en Tepalcatepec, encendieron la mecha de la ira de Mireles, haciendo urgente la necesidad de tomar las armas y levantarse contra el crimen organizado.  La respuesta del gobierno dice Mireles, era obvia: ellos estaban con los delincuentes:

-“En el secuestro de mi hermana la mas chica, yo personalmente le hablé al gobernador.  Le dije: oiga somos amigos, estuvimos 30 años juntos, le comenté señor tengo este problema.  Y Fausto Vallejo me contestó muy tembloroso: soy un simple ciudadano civil ocupando un puesto de gobierno, yo no te puedo ayudar.  Tu simple llamada me va a meter en problemas.  Y bueno…¿ a quién más se le pide ayuda si  los militares estaban participando con los secuestradores? A nadie, absolutamente a nadie”.

Nuevamente Mireles  hace una pausa…Y de nuevo me mira fijamente y dice:

-“Los papás de algunas niñas violadas o de algunos muchachos ejecutados iban con el ministerio público federal y nomás estaban ellos dos.  El ministerio publico federal y el papá poniendo su queja.  Cuando el señor regresaba a su casa, ya estaba la denuncia ahí, hecha pedazos.  Horas después ese padre o cualquier denunciante aparecía sin cabeza en alguna parte. Nos pasaron muchas situaciones de estas”.

Fue entonces cuando en febrero del 2013, surge el primer movimiento de autodefensas en Michoacán.  Se dió en Tepalcatepec y con José Manuel Mireles  al frente.

-“Cuando empezó el movimiento, se detuvieron 27 templarios con armas y vehículos, y se entregaron al ejército.  Éstos, siguiendo el camino de la legalidad según ellos, se los entregaron al ministerio publico federal de Apatzingán.  Al día siguiente, todos andaban libres con sus armas y camionetas.  ¿A quién le pediamos ayuda?  Por eso nosotros decidimos la forma en que queremos morir.  Toda la gente  del pueblo moría amarrada de pies y manos, vendada de los ojos, y un balazo en la cabeza o destripado.  De algunas familias no nos regresaban ní las uñas.  Nos los enviaban en pedacitos y desaparecían.  Y como en mi casa hubo un caso de esos, entonces yo no podía estar callado para siempre”.

MIRELES Y EL PADRE GREGORIO “GOYO” LÓPEZ

 

En esta lucha por recuperar la paz y el estado de derecho para un pueblo, Mireles dice que no ha estado solo.  Y habla de uno de sus mejores aliados a quien el pueblo admira y quiere en Apatzingán; El padre Gregorio “Goyo” López.  Un sacerdote revolucionario y valiente que nunca tuvo empacho en decir que en su iglesia no se admitían “ni perros, ni templarios”.  Además blindó sus misas usando el mismo chaleco antibalas, dada la cantidad de enemigos que tenía entre los caballeros templarios.

Sin embargo, precisamente por esas amenazas y ante la oposición del clero michoacano a la postura del cura, el famoso padre “Goyo”, tuvo que  permanecer varios meses en el exilio lejos muy lejos de una “tierra muy caliente”.

Por eso cuando en la charla habla de su trabajo al lado del sacerdote, Mireles comenta:

-“Con la ayuda que me dió el Padre Goyo, encontramos tumbas clandestinas.  Además pudimos identificar a los criminales que quemaron las gasolineras y subestaciones de la CFE.  El padre es muy buen elemento”.

Mireles

Mireles reveló que no le tiene confianza ni al ejército ni al gobierno. Foto: María Teresa Sarabia.

DESCONFIANZA TOTAL HACIA EL GOBIERNO

Curiosamente, a lo largo de toda la entrevista, indistintamente, Mireles siempre manifestó su desconfianza hacia todo lo relacionado con el gobierno.  Cuenta que las amenazas de muerte le llueven y las autoridades le ofrecian apoyo:

-“Todos los días vienen a decirme: te van a matar.  Ya hay la orden aquí en Tepalcatepec”.

Entonces de nuevo hace una pausa por unos segundos.  De inmediato pregunto:

¿“Qué sigue para usted doctor Mireles?

-“Terminar de limpiar Michoacán, si el gobierno me deja.  Si no me obstaculiza”.

Esas palabras aún resuenan como un eco.  Porque ese hombre a quien muchos ven como un caudillo hoy está preso.  Pero aquella tarde, antes de apagar la cámara, me dijo:

-“No le tengo confianza al ejército.  A nada que sea del gobierno le tengo confianza.  Mejor déjenme aquí. Si me toca, pos ya ni modo. Yo siento que Dios me dió una segunda oportunidad. No sé para qué la tengo. Ojalá logre el objetivo… si me dejan”.

Así, terminó la entrevista esa tarde que lo conocí.  Ese momento en el que muchos creíamos que Mireles, el estratega, el conocedor de su región, el hombre del pueblo, tenía todos los riesgos calculados. Semanas después, fue detenido junto con un grupo de autodefensas en La Mira, cerca del puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

EL PRESO “5557”

Hoy fuera del alcance de todos, y en el norte de México, en Hermosillo, Sonora, José Manuel Mireles se encuentra recluído.  Mientras tanto, Servando Gómez Martínez “La Tuta”, parece reirse de todos.  Amparado con videos de numerosos políticos; protegido por criminales a los que infiltró  en las fuerzas rurales, y bajo la inevitable complicidad del gobierno, sigue prófugo y las autoridades sin interés de detenerlo. Hacerlo significaría sacar a la luz una serie de complicidades que en Michoacán parecen ser un secreto a voces.

Mientras tanto, Mireles, rapado, enfermo, solo, y lejos, muy lejos de su tierra, es el preso número 5557 en el penal federal de Hermosillo.  Y la pregunta es: ¿es éste un escalón para que desaparezca de la historia? o  ¿se convertirá en el caudillo que México está esperando?

 

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