how to treat alopecia

Facebook
Twitter
Google +1
LinkedIn

¿Qué busca Putin en La Habana?

|

12 de julio, 2014

|
¿Qué busca Putin en La Habana?
Roberto Álvarez Quiñones.

Roberto Álvarez Quiñones.

Pese a que el régimen  de los hermanos Castro ha presentado  la visita a Cuba de Vladimir Putin como un renacimiento  de las “históricas” relaciones comerciales y económicas  entre ambos países,  lo cierto es que ésta  tendrá un carácter fundamentalmente  geopolítico  y le va a dar más trigo a Moscú que a La Habana

A mi modo de ver se trata de una hábil maniobra del  Kremlin  para utilizar a la nación caribeña en su estrategia  global de enfrentamiento   con Estados Unidos,  en sus intentos por  recolocar a Rusia como una gran potencia mundial y, de ser posible,  restablecer  el viejo imperio  que inició Iván el Terrible  en el siglo XVI,  y consolidó  Pedro el Grande en la centuria XVIII.

Aquel  imperio  con la revolución bolchevique se “convirtió” al marxismo,  extendió  sus fronteras y adoptó el  engañoso nombre de Unión Soviética, cuando era  en realidad un imperio netamente ruso,  esta vez comunista, impuesto por  la fuerza a repúblicas que de hecho fueron convertidas en colonias.  La hegemonía rusa  además se expandió por el Este de Europa, el Asia Central y Mongolia,  por Africa,  e incluso se plantó a 90 millas de Estados Unidos. Desde la soleada  Cuba  puso al mundo al borde de un holocausto atómico. El imperio bolchevique duró 74 largos años, hasta su fallecimiento de muerte natural –la inviabilidad del  sistema comunista–   en 1991.

Casi un cuarto de siglo después, el nacionalismo ruso, uno de los más fuertes y arraigados del planeta, asoma  las uñas nuevamente. Por lo pronto está de plácemes, pues Moscú emite señales de querer  restaurar  su hegemonía  sobre naciones o territorios que formaron parte de la Unión Soviética,  y disputarle a Washington,  y a todo Occidente,  la supremacía geopolítica internacional.  Eso  explica  la gran popularidad que tiene Putin en Rusia, según todas las encuestas.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que si bien Raúl Castro y Putin ya se reunieron en 2009 y 2012, y se anunciaron acuerdos (de menor importancia), en esta ocasión la coyuntura internacional es muy diferente. Rusia ahora está interesada en penetrar política y económicamente en Latinoamérica y rivalizar con EE.UU.  Para ello Cuba es una pieza clave.

Ya se sabe que la delegación rusa negociará con  el coronel  Alejandro Castro Espín, hijo del dictador, acuerdos seguramente para reforzar el espionaje antiestadounidense desde suelo cubano. Igualmente  el armamento de fabricación soviética que tiene Cuba es totalmente obsoleto y la Junta Militar está ansiosa  por renovarlo.  Pero poco se podrá lograr. Las armas rusas ahora sí hay que pagarlas. Sí pudieran  adoptarse acuerdos para el atraque y mantenimiento de barcos de la Marina de Guerra rusa en puertos cubanos.

Historia antigua

Ahora bien,  si bien Rusia  tiene músculos colosales en materia militar,  posee  piernas  débiles en el ámbito económico. Es además un país capitalista. Por eso  la nomenklatura castrista no debe confundirse. El dadivoso tío Sacha soviético, la “solidaridad socialista”,  el “internacionalismo proletario”, y el CAME,  son  historia antigua. Rusia no va suministrar petróleo gratuitamente a la isla. Ni siquiera los 30,000 barriles diarios de petróleo que al parecer  está dejando de enviar ahora Venezuela de su cuota total de 105,000 barriles diarios que estaba entregando graciosamente a los Castro.

Tampoco los rusos  van a pagar azúcar cubano a un precio siete  veces superiores  al del mercado mundial, ni van a entregar  gratis  alimentos, fertilizantes, camiones, automóviles, tractores, maquinaria, tecnología, armamento  de todo tipo, o aviones civiles y de combate. Y mucho menos van  a subsidiar la arruinada economía cubana.

Hay que recordar que los suministros soviéticos a Cuba que oficialmente no eran gratuitos estaban incluidos en créditos comerciales en rublos convertibles.  Los Castro nunca  pagaron un solo centavo de aquellos créditos,  y al  desaparecer  la “Madre Patria” socialista la deuda cubana  con ella  superaba el valor del Producto Interno Bruto (PIB) de la isla.

El reciente perdón del parlamento ruso del 90% de esa deuda cubana  de 35,200 millones de dólares  no fue ningún  gesto solidario.  Putin y la Duma moscovita sabían que jamás el régimen castrista iba a pagarla y  decidieron oficializar  esa incobrabilidad y  utilizarla como ficha  geoestratégica. Encima, el 10% restante, $3,520 millones,  que deberán ser pagados por Cuba en un plazo de 10 años, serán depositados  en una cuenta abierta por una empresa estatal rusa en el Banco Nacional de Cuba. Y serán esos fondos  cubanos  los que invertirán los rusos.  Con ese esquema  Rusia no llevará  capitales ni tecnología a Cuba.

No es de esperar que el gobierno,  o los  capitalistas rusos vayan a arriesgarse a invertir en grande en Cuba sin garantías de que obtendrán en forma segura su inversión y buenas ganancias.  El gobierno raulista no ofrece  tales garantías. Antes tendría que hacer reformas económicas estructurales, como  liberar las fuerzas productivas, restablecer  el derecho  a la propiedad capitalista, abrir el país sin trabas al capital extranjero y suprimir la doble moneda.

Por otra parte, una economía tan improductiva, con un enorme  déficit financiero interno y externo, con una deuda  de $35,193 millones con el Club de París (3,200 dólares por cada habitante), y con un PIB que no crece hace años, no es nada atractiva para arriesgar capital.  Obviamente sí habrá  inversiones rusas. Por ejemplo, se habla de acuerdos para exploración petrolífera y para convertir la base aérea de San Antonio de los Baños en un aeropuerto internacional. Y habrá otras inversiones, pero nunca  de la envergadura que necesita   la devastada economía cubana.

Lazos de corte mafioso

Lo peor de todo para el pueblo  cubano con esta visita es que, de surgir una nueva  alianza política ruso-cubana,   se podrían crear  lazos muy fuertes entre los funcionarios y la mafia que controla buena parte de la economía rusa y la casta militar que en Cuba ya se está posicionando como nueva burguesía  a cargo de las empresas y de prácticamente toda la economía de la nación.

Más estrechas relaciones ruso-castristas podrían facilitar y acelerar  la formación de esa plutocracia militar que dominará en Cuba tras la muerte de los Castro y de los “históricos” de la Sierra Maestra,  y  podrían  definir el nuevo modelo socioeconómico postcastrista como una hibridación de  capitalismo de Estado que, tomando del modelo chino y del fascista,  tendría un fuerte componente mafioso de estilo ruso.

No obstante, dada la vocación fascistoide y represiva del régimen  militar castrista, aún en el caso de que se produjese  una mayor influencia rusa en Cuba  no creo  que el castrismo imite el modelo postsoviético de pluralismo político y de respeto a la propiedad privada que impera hoy en Rusia.  Cuesta  trabajo imaginarse que, al menos a corto plazo,  en Cuba se vaya a autorizar  la creación de partidos políticos, sindicatos libres, y libertades económicas y de expresión.

En fin, pienso que una eventual  mayor influencia rusa en Cuba contribuiría muy poco a mejorar el  pobrísimo nivel de vida de los cubanos y mucho  a perpetuar la dictadura y el autoritario proyecto de capitalismo de Estado que ya perfilan los generales, coroneles y sus familiares y la alta jerarquía civil del Partido Comunista.

De manera que, por muy pomposos acuerdos económicos que se anuncien con motivo de la visita del líder del Kremlin a la isla antillana, el pollo del arroz con pollo en este posible  nuevo acercamiento con “los bolos” seguirá siendo geopolítico y militar. Y que quede claro: será Moscú quien utilice a Cuba y no a la inversa.

Comments

comments

Share This Article

Otras Notas

Trump, en pie de guerra contra los indocumentados
Trump, en pie de guerra contra los indocumentados
La estrategia racial de Trump del “ellos contra nosotros” está más viva que nunca
La estrategia racial de Trump del “ellos contra nosotros” está más viva que nunca
Menores migrantes, las víctimas de la intolerancia
Menores migrantes, las víctimas de la intolerancia

Conéctate con los columnistas