Turismo en Cuba, un espejismo

Roberto Álvarez Quiñones.
Roberto Álvarez Quiñones.

De los $633 que en 2013 gastó cada visitante en la isla, solo quedaron en el país $254

Cuba es una soleada y hermosa  isla tropical con algunas de las mejores playas del  mundo , una exuberante y  bella geografía  verde,  fortalezas y castillos imponentes en ciudades fundadas hace cinco siglos  por los conquistadores españoles,   y un pueblo tradicionalmente muy hospitalario.

O sea, tiene todos los ingredientes para  ser la principal potencia turística del Caribe y podría obtener miles de millones de dólares para su desarrollo económico y tecnológico. Sin embargo,  el país está tan empobrecido,  y produce tan poco,  que los visitantes apenas tienen en qué gastar su dinero. Y del poco que gastan sólo queda en el país el 40%.

Eso explica por qué  los ingresos netos obtenidos por Cuba en 2013 por el turismo internacional  se ubicaron entre los más bajos del mundo:   de los $633 gastados  por cada turista sólo quedaron en la isla $254. Los otros $379 volaron al extranjero.

Ese “pequeño” detalle no lo  informó  la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) del gobierno del general  Raúl Castro  cuando el pasado 19 de febrero reveló  que los 2.851,000 turistas que viajaron a Cuba el año pasado dejaron  allí  1,804 millones de dólares.

De esos  ingresos brutos al menos  $1,082 millones salieron del país  por concepto de importaciones específicas para el funcionamiento de la industria turística, que tiene que importar hasta frutas y vegetales frescos de República Dominicana.  Esa sangría  de divisas fue el componente importado  de los costos de operación de la industria turística,  que en el caso de Cuba es enorme,  y  que la ONEI  nunca menciona.

El turismo es la principal actividad económica de decenas de países.  Crea empleos, incrementa el Producto Interno Bruto, el comercio minorista, mejora la infraestructura  vial y hotelera, etc.  Por eso es muy importante que el componente importado sea  bajo.  En México,   7.5 millones de personas trabajan directa o indirectamente en el turismo. España recibió 60.6 millones de visitantes en 2013 y su industria turística representa el 11.5% de todos los empleos de la nación.

De acuerdo con la Organización Mundial de Turismo (OMT), 254 millones de personas en el planeta dependen directa o indirectamente del turismo, que representa el 65% de la captación de divisas en las naciones insulares (como Cuba).

Pero Cuba, sometida a un régimen comunista desde hace 55 años,  se beneficia muy poco de esta pujante y creciente industria moderna.  La Habana  miente  cuando afirma que las importaciones para la industria turística constituyen  un 50% de su costo operativo, pues la mayor parte  del valor agregado en la  producción nacional destinada al turismo ha sido generado con insumos y partes importadas.

Según  economistas de la isla y emigrados,  el componente importado  en los costos turísticos  en Cuba  oscila entre un 60% y un 65%.  Si tomamos la  cifra de  60% vemos  que de cada dólar captado,  60 centavos regresan al extranjero. A las  finanzas nacionales sólo contribuyen los  otros 40 centavos.

Ello significa que  Cuba recibió en realidad $722 millones por el turismo.  Con tan poco dinero  el sector  no se autofinancia para poder crecer. No  se puede mejorar la infraestructura turística.

No hay en qué gastar

Como el país apenas produce, el gasto promedio de $633 por turista en 2013 en la isla fue muy  bajo.  Los turistas no tienen en qué gastar.  En cambio,  la vecina  República Dominicana, un país pobre y pequeño, en 2012 recibió 4.5 millones de visitantes que dejaron ingresos brutos por $4,549 millones, para un gasto por turista de $1,011, según  cifras oficiales.

Si algo evidencia  el  fracaso económico   del  castrismo  es su  incapacidad para obtener  recursos financieros netos del turismo. Algo  que la nación  necesita desesperadamente.   La isla importa casi todo lo que demanda el turismo, incluyendo  los alimentos. Ello es una vergüenza.  En 1957 Cuba fue clasificada por la FAO como el país mayor exportador de productos agropecuarios de América Latina en proporción a su población.  La nación se autoabastecía de alimentos y también  los exportaba.

Pero la estatización comunista de las tierras ya en 1962 dio origen a una cartilla de racionamiento de alimentos que sigue  vigente, y  que cubre unos 10 días al mes —los otros 20 días hay que «resolverlos» en el mercado negro. No contempla la entrega de carne de res  y la leche es sólo para menores de 7 años.

Recorrido ya más de medio siglo con el sistema económico diseñado por Marx y Lenin,  hoy  el país importa no ya el 29% de los alimentos, como fue “denunciado” por los comunistas de entonces, sino el 81% de los alimentos que consume. Con tierras sumamente  fértiles,  ocho partes de cada 10 de la alimentación cubana provienen del extranjero.  La mitad de las tierras cultivables están hoy ociosas  y las granjas estatales  registran los rendimientos más bajos de Latinoamérica,  y en algunos renglones,  de todo el mundo.

Improductividad récord

Por ejemplo, los rendimientos  en la caña de azúcar en Cuba antes de 1960 eran los más altos de Latinoamérica,  y hoy son los más bajos:   entre 31 y 37 toneladas de caña por hectárea, según admiten las propia autoridades azucareras de la isla,  mientras que el promedio latinoamericano oscila entre 90 y 110 toneladas.  La que fuera la azucarera mundial por casi dos siglos regresó a los niveles de producción de 1896 cuando  era colonia de España (1.1 millón de toneladas). Y  ha llegado al colmo de tener que importar azúcar de Brasil, Colombia, República Dominicana  y Estados Unidos para cubrir sus compromisos de exportación.

Cuba en 1958 fue el cuarto productor de arroz de América Latina con 256,000 toneladas, para una población de seis millones de habitantes. En 2012, con 11.2 millones de habitantes, la isla produjo  217,000 toneladas,  y tuvo que importar   483,000 toneladas para cubrir el consumo nacional.

Al llegar Castro al poder Cuba contaba con más de seis millones de cabezas de ganado vacuno, es decir,  una vaca por habitante, el triple del promedio mundial de 0.32 bovino per cápita. Hoy el país tiene 3.6 millones de cabezas, con el doble de habitantes. En 1958 se produjeron   2.6 millones de litros de leche diarios, casi medio litro por habitante.  Pero en 2013, según la  ONEI, se produjo sólo un millón de litros diarios, la onceava parte de un litro per cápita. Una vaca en Colombia produce como promedio 18 litros diarios de leche, y  una vaca cubana sólo 3.3 litros.

Durante 160 años Cuba gozó de fama internacional  como  productora y exportadora de uno de los mejores cafés del mundo. Pero de  60.000 toneladas de café producidas en la cosecha 1957-1958, la producción en 2013-20143 fue de 6,200 toneladas. Hoy se produce 10 veces menos café que hace 56 años.

Camisa de fuerza

Estas son  sólo algunas  cifras que explican por qué en materia gastronómica el turismo internacional en Cuba no  genera   ingresos netos como en los países con economía de mercado.  En cuanto al resto de lo necesario  para el sector turístico el panorama es aún peor.  Muchas de las industrias del país han sido cerradas por falta de materia prima,  o roturas de maquinarias y equipos;  otras funcionan a media máquina en estado casi  ruinoso. Y  todas, con un deterioro y una falta de mantenimiento escandalosos,  presentan  una obsolescencia tecnológica  y una improductividad laboral sin paralelo en todo Occidente.

En fin, las cifras que la ONEI ofrece al mundo sobre el desempeño de la  industria turística son puros espejismos.  Nada tienen que ver con la realidad.  La dictadura castrista  debe  quitar de una vez la camisa de fuerza que  impide a los cubanos crear riquezas libremente.  Si eso sucediese no sólo el componente importado citado bajaría a un 20% ó  25%, sino que podría significar el fin del embargo de Estados Unidos y millones de estadounidenses visitarían la soleada  isla tropical.

Un moderado cálculo me indica que si se expandiese  en grande  la capacidad de alojamiento Cuba bien podría recibir entre 7 y 9 millones de turistas estadounidenses. Los miles de millones de dólares que gastarían podrían constituir el motor principal para para primeramente reconstruir el devastado país, y luego para desarrollar su economía y situarla nuevamente entre las más prósperas de Latinoamérica. Lo era antes del tsunami castrista.

 

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