La violencia disfrazada de amor

Martha Sáenz.
Martha Sáenz.

En los últimos años se han incrementado las enfermedades psicosomáticas entre las mujeres. Esto significa que diferentes factores generalizados y ahora llamados estrés y tensión (por no encontrar causas reales) están provocando fuertes malestares y éstos son diagnosticadas como: depresión, hipertensión, dolores corporales, cansancio y agotamiento extremo, insomnio, colitis, gastritis, migraña, etc.

Las consultas al médico se hacen cada vez mas frecuentes y los bolsos de las mujeres parecen una farmacia. Parecería que el sistema médico y la sociedad misma no se quieren atrever a hacer las preguntas que ayudarían a llegar a la raíz del problema.

Difícilmente un doctor le preguntará a una paciente:

Señora, ¿es usted feliz?

¿Hay algo en su vida diaria que le preocupe?

¿Se siente realizada como mujer?

¿Cómo se lleva con su pareja?

Esto nos lleva a analizar desde un punto de vista diferente la vida de las mujeres y su situación actual.

Por muchas décadas se ha escrito sobre la violencia que el hombre ejerce hacia la mujer, pero los estudios y denuncias no han sido suficientes para detener este comportamiento misógino el cual se agrava cada día y es la causal de muchas enfermedades físicas y emocionales en las mujeres.

Las cosas no se han mantenido estáticas, se han incrementado las formas en que se ejerce dicha violencia. Algunas veces ésta suele ser tan sutil que incluso se disfraza de  amor cooperativo y protector.

Un ejemplo, hay muchos lugares de trabajo donde la mujer le ayuda al hombre a incorporarse. Pero después de un tiempo, ella le cede su lugar al hombre y adopta un papel pasivo. Éste actúa como un jefe dominante y dictador y se olvida de la mujer. ¿Cómo fue que su pareja ingresó a su espacio laboral y, lo que es más importante, quien le cedió el poder sobre ella de jefe absoluto?

Otro caso por demás llamativo,  y con la violencia oculta con una buena excusa, es el de proteger y cuidar de su seguridad. Esto se presenta cuando el hombre limita todas las actividades que hace la mujer, pidiéndole que no efectúe ninguna actividad fuera de su hogar sin su compañía, o hasta que él esté disponible para acompañarla, o lo que es peor,   que no la realice si considera que no es conveniente para ella.

Otro caso más, pero no menos desagradable, es cuando el esposo lleva al trabajo a la esposa, se presenta con todos los empleados recordándoles quién es el, haciendo gala de la posesión de la mujer,  y a la hora de la salida llega temprano por ella, marcando límites de cualquier vida independiente que ella pueda tener.

Estos y muchos casos más se presentan dejando a las mujeres confusas y con la sensación de que algo no está bien en sus vidas, llegando a enfermar sin razón aparente, llegando a dudar de ellas mismas y preguntándose si ellas están en un error o si son desagradecidas con la preocupación extrema que muestra su pareja por su seguridad o libertad personal.

La violencia y control ejercido por los hombres tiene muchas caras, se oculta detrás de muchas formas, las cuales llegan a confundir a la mujer y, sobre todo, la empujan a volcar hacia ellas mismas los sentimientos de malestar, impotencia y falta de libertad en la vida que llevan.

La familia y la sociedad llegan a aceptar y muchas veces a alentar comportamientos que van en contra de las mujeres; minimizando o justificando conductas inaceptables en contra de ellas, dejándolas solas a la hora de enfrentar dichos problemas y enfermedades, estando ellas sin comprender si lo que les sucede tiene razón de ser, o ellas mismas se lo han inventado.

 

Martha Sáenz es Lifecoach e Hipnoterapeuta.

 

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