Michoacán: un largo camino hacia la paz

María Luisa Arredondo.
María Luisa Arredondo.

Las noticias e imágenes más recientes que nos llegan de Michoacán, y particularmente de los municipios ubicados en Tierra Caliente, nos muestran una zona en virtual estado de sitio. Centenares de policías federales custodian las calles y principales vías de acceso, los guardias comunitarios se mantienen vigilantes y la ciudadanía lucha tímidamente por volver a la normalidad.

Los funcionarios del gobierno aseguran que el operativo ordenado el pasado 13 de enero por la administración de Peña Nieto para combatir al crimen organizado en ese entidad ha dado hasta ahora buenos resultados. “El margen de maniobra de los grupos delictivos se ha reducido prácticamente a cero”,  declaró a la prensa Monte Alejandro Rubido García, vocero de la Comisión para la Seguridad y Desarrollo Integral de Michoacán.

Las fuerzas destacadas indican también que han detenido ya a docenas de criminales y que están a la caza de muchos más. De manera paralela se lleva a cabo una evaluación de los cuerpos policiacos locales para determinar quiénes deben ser relevados de sus funciones por sus nexos con el crimen organizado.

Algunos residentes del área ven la situación con buenos ojos, sobre todo en lo que se refiere al combate a los criminales. Uno de ellos es el sacerdote Gregorio López, vicario de Apatzingán, quien cree que Los Caballeros Templarios no podrán resistir los embates de las fuerzas federales. “Ha llegado el fin de sus días”, dijo al diario mexicano El Universal”.

Sin embargo, casi todos están de acuerdo en que la situación no está del todo controlada. Michoacán deberá recorrer un camino largo y lleno de obstáculos para recobrar la paz social.

Y es que ningún operativo militar resolverá los problemas de fondo que dieron origen al desastre en el que cayó Michoacán.

Para empezar,  el gobierno tiene que sanear la casa, una tarea que requiere de mucho esfuerzo y de una gran voluntad política porque no se trata sólo de despedir a los policías corruptos.  Por desgracia, la corrupción ha invadido a funcionarios de todos los niveles de gobierno.

Las autoridades también tiene que implementar una estrategia eficaz para lidiar con los guardias comunitarios. Es un hecho que necesitan su colaboración. Nadie mejor que ellos conoce a los delincuentes del área. Por eso el gobierno debe encontrar la manera de colaborar con las autodefensas sin forzarlas al desarme, sobre todo porque aún no puede garantizarles que sus poblados han quedado blindados contra la delincuencia.

Las autoridades  deben definir,  además, cuánto tiempo se quedarán en la zona. Muchos pobladores temen, con razón, que una vez que se retiren las fuerzas federales, quedarán nuevamente a merced de Los Caballeros Templarios o  de cualquier otro grupo criminal.

Está también el eterno problema del campo. No se puede hacer a un lado el abandono en el que éste se encuentra, situación que ha permitido que muchos narcotraficantes se apropien de las tierras para cultivar drogas.

Como se ve, la lista de obstáculos que enfrenta Michoacán para lograr la pacificación es sumamente larga. Pero el gobierno está obligado a no claudicar y  a dar el primer paso.

 

 

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