La tercera edad: época para valorar la experiencia acumulada

Martha Sáenz.
Martha Sáenz.

México es un país mayoritariamente joven, pero las estadísticas dicen que el promedio de vida para los hombres y mujeres es mucho más alto que el que teníamos hace 20 años, y las expectativas de vida para los adultos son ahora de entre 75 y 80 años.

Aquí en Estados Unidos pasa un fenómeno inverso, es un país con alto porcentaje de personas que se encuentran en la tercera edad y siguen disfrutando de la protección por los años trabajados, o por la ayuda que el gobierno les brinda y esto les permite seguir incorporados a la sociedad.
En distintos ámbitos de la vida cotidiana es frecuente observar cómo se les falta el respeto y se les da un trato despectivo las personas de la tercera edad por falta de información y cultura, llegándolos a considerar una carga para la familia, inclusive los integrantes del círculo familiar se olvidan de ellos.

Los ciclos que nos corresponde recorrer en nuestra vida son igual que las estaciones del año.

  • La primavera (época de siembra). La juventud se encuentra llena energía y jovialidad, los niños y jóvenes rescatan el dicho de que se encuentran “En la flor de la edad”.
  • El verano (época de cosecha). Los jóvenes alcanzan la mayoría de edad e irrumpen en el mundo de los adultos, compiten por lograr tener una carrera y una profesión, contemplando el sueño de tener una pareja y formar una familia.
  • El otoño (época de abono). La familia se ha formado y consolidado, se enfrentan responsabilidades laborales y familiares. Se siente la seguridad de los logros obtenidos y las metas alcanzadas.
  • El invierno (dejar descansar) o tercera edad. Se disfruta la compañía de los nietos y el descanso del retiro laboral. En esta última etapa no tenemos la suficiente cultura para enfrentar el envejecimiento y pérdida de algunas de las habilidades físicas, motoras e intelectuales.

La decisión de cómo se vive la tercera edad es personal. Se puede comparar como una etapa fría, sombría y sin alicientes, o se puede decidir experimentar la satisfacción de la experiencia acumulada, el placer de compartir con los que se ama, el tiempo y amor sin la presión y el estrés de no tener tiempo para convivir con ellos.

 

Idealizar la juventud como si ésta fuera eterna y no enseñar los valores aprendidos dentro de la familia provoca un grave problema. Cada vez es más frecuente observar que no se sabe qué hacer con las personas que ya están jubiladas o que han perdido el empleo por pasar cierta edad, y es mucho más desalentador observar la pobre asistencia médica que los ancianos reciben si es que cuentan con ella.

¿Por qué sentir tanto rechazo hacia la vejez?

¿Por qué sentir que estorban y molestan los integrantes de la familia que en años anteriores fueron el soporte familiar?

¿Por qué no dar un lugar especial a los ancianos dentro del hogar?

Por ignorancia, falta de valores y la excusa obligada: «No tengo tiempo». Lo que deberíamos hacer primero es enseñar la cultura del amor y respeto hacia las personas mayores, empezando por aclarar que nuestras vidas se rigen por ciclos: infancia, adolescencia, madurez y vejez.
El ciclo de la vejez es el menos valorado porque no se entiende que sólo es el final de una etapa, que ahí se concentran todos las experiencias y sabiduría acumuladas, y que sólo se deteriora el exterior del cuerpo, pero en el interior de cada persona anciana existe un espíritu lleno de conocimiento, y se puede aprender mucho de las experiencias ya asimiladas por ellos.

Dedicar un poco de tiempo para aprender de las personas mayores, escuchar lo que tienen que decir y ofrecerles amor es algo que todos podemos hacer, pero necesitamos aprender esto desde pequeños dentro del núcleo familiar. Debemos recordar que como nosotros tratemos a los ancianos seremos tratados cuando lleguemos a la misma edad, y debemos cuestionarnos si realmente no tenemos el tiempo que ellos necesitan para regalarles un poco de atención dentro de todas las actividades programadas. Eso sería un buen inicio para un cambio en esta cultura y sobre todo, un ejemplo de conciencia para que los más jóvenes aprendan.

Dar el reconocimiento a las personas mayores es una forma de agradecer todo lo que ellas hicieron por nosotros y sobre todo, es una muestra de amor y comprensión hacia ellos.

¿Cuál es la diferencia entre un bebé recién nacido que demanda toda la atención, cuidado y admiración ante su comportamiento y un adulto mayor? Sólo una, el bebé inicia una etapa y el adulto mayor la está terminando, pero los dos merecen lo mismo, amor.

Martha Sáenz es Lifecoach e Hipnoterapeuta

www.marthasaenz.com

 

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