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El D.F. al borde del caos

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11 de junio, 2013

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El D.F. al borde del caos

María Luisa Arredondo.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, en el que la violencia generada por el narcotráfico se extendió por numerosas entidades de México, el gobierno de la capital del país se vanagloriaba de que ésta se había mantenido al margen de las cruentas luchas entre los carteles de la droga.

Algunos expertos explicaban que la zona metropolitana de la ciudad de México estaba blindada contra los enfrentamientos armados de los narcos en la vía pública por dos razones: su alta densidad poblacional y el contar con una fuerza de 70 mil efectivos policíacos.

Pero esta imagen idealizada de relativa inmunidad contra la violencia del narcotráfico se ha empezado a desmoronar desde el pasado 26 de mayo, cuando se reportó la desaparición de 12 jóvenes en un bar de la Zona Rosa. Un testigo presencial declaró que fueron secuestrados por un comando armado.

El caso ha cobrado amplia notoriedad porque los familiares de los muchachos, de los que aún no se tiene rastro, han exigido respuestas a las autoridades por todos los medios a su alcance. Debido a que los padres de dos de los desaparecidos están presos por narcotráfico se presume que su secuestro podría estar relacionado con una venganza entre grupos dedicados a esa actividad. A ello se agrega el hecho de que todos los jóvenes son de Tepito, un barrio conocido por su alta tasa de criminalidad y porque ahí se expende todo tipo de drogas y mercancías ilícitas.

El temor de que la violencia del narcotráfico haya llegado finalmente a la capital se agravó con la ejecución, el pasado 6 de junio, de cuatro jóvenes en un gimnasio de la colonia Morelos, colindante con Tepito.

Sin embargo, Miguel Mancera, jefe de gobierno de la ciudad de México, ha negado de manera tajante que ambos hechos estén relacionados, los considera atípicos y asegura que en la capital no opera ningún cartel.

Muy pocos aceptan esta versión y consideran que tanto la desaparición de los jóvenes de Tepito como la ejecución en la colonia Morelos son apenas una muestra de un problema mucho más grave y amplio.

En una reciente entrevista con el semanario Proceso, Ismael Rivera Cruces, presidente de la Asociación Nacional de la Industria de Discotecas, Bares y Centros de Espectáculos (Anidice) da luces sobre el asunto al revelar que desde septiembre de 2010 decenas de jóvenes amenazaron a los dueños de esos negocios para que los dejaran entrar a vender drogas. Los empresarios alertaron a las autoridades y les pidieron ayuda, pero no obtuvieron respuesta.

Rivera Cruces asegura que esta apatía tiene una explicación muy sencilla: muchos funcionarios prefieren aliarse a los grupos criminales que operan en esos antros por las jugosísimas ganancias que hay de por medio. Se estima que cada fin de semana esos lugares reciben nada menos que a 1,100,000 clientes. A esa suma habría que agregar la de los llamados ‘giros negros” que son antros que operan sin licencia y donde se vende alcohol adulterado y todo tipo de drogas bajo la mirada complaciente de los funcionarios.

Si bien durante años la ciudad de México ha sido presa de criminales de diversa ralea, desde narcomenudistas hasta secuestradores, éstos habían operado sin hacer mucho ruido. Pero ahora hay  indicios de que los carteles del narcotráfico han decidido entrar a disputarse esa plaza, lo que podría conducir a un estallido de la violencia como en otro lugares del país. Lo más grave de todo es que el gobierno del D.F., en lugar de aceptar que enfrenta una crisis de seguridad y planear una estrategia para atacarla, ha preferido hacer caso omiso de la amenaza al punto de negar su existencia.

**María Luisa Arredondo es fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com

 

 

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