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Obama en México

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06 de mayo, 2013

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Obama en México

María Luisa Arredondo.

El  momento cumbre de la visita de Obama a México no tuvo lugar en Los Pinos sino en el patio central del Museo Nacional de Antropología, donde pronunció un discurso que ha causado revuelo por el idealizado retrato que pintó del país vecino.

Frente a un auditorio integrado en su mayoría por jóvenes universitarios, Obama hizo a un lado la sombría realidad que aqueja a México por la violencia del narcotráfico y la falta de oportunidades que empuja a millones a emigrar a Estados Unidos y prefirió enfocarse en la grandeza histórica y cultural de México, en sus avances como nación democrática y en su potencial económico.

Como ejemplo se refirió a la competencia que hay entre los partidos políticos, a la lucha de la sociedad por defender los derechos humanos y exigir un estado de derecho, a los millones que han salido de la pobreza para formar parte de la clase media y a la integración de México a la lista de las principales economías del mundo.

El discurso de Obama, salpicado de frases en español, de referencias históricas y de citas de algunos de los más célebres autores mexicanos como Octavio Paz y Amado Nervo, resultó inspirador y provocó emotivos aplausos de la audiencia. Pero muchos se preguntaron a qué país se refería cuando ensalzó el progreso de México de manera tan entusiasta.

Cierto es, como dijo el mandatario, que es un estereotipo relacionar a los mexicanos sólo con  titulares de violencia y cruces de frontera, como lo hacen muchos en Estados Unidos. Pero tampoco se puede afirmar que el país está en jauja y hacer caso omiso de las lacras que arrastra. Los avances de México son innegables, pero también lo son sus rezagos sociales. Más del 49% de la población vive en la pobreza, la gente tiene libertad para salir a la calle a manifestarse, pero la violencia no cesa, la prensa está cada vez más acotada y la mayoría de los crímenes que se cometen quedan impunes.

Aunque Obama conoce esta realidad, es claro que su intención fue pronunciar un discurso conciliador para suavizar las tensiones entre los dos países, sobre todo tras conocerse que Peña Nieto impondrá nuevos límites a los agentes de EEUU  que operan en territorio mexicano. Obama fue muy cuidadoso en no mencionar esta situación y en destacar, en cambio, la corresponsabilidad de su país en los problemas comunes que enfrenta con México. Aceptó, por ejemplo, que su administración debe frenar la demanda de drogas y el flujo de armas a México. Subrayó, además, que su gobierno está totalmente comprometido a que se apruebe una reforma migratoria y a tratar a México como un socio comercial en términos de igualdad.

Para muchos sólo son palabras bellas. Pero fuera de apasionamientos, como lo destacó Obama, a ningún otro país le debería interesar más el éxito de México que a Estados Unidos. Y el solo reconocimiento de esa realidad es al menos una esperanza de que la relación bilateral empiece a transitar por un mejor camino.

**María Luisa Arredondo es la fundadora y directora ejecutiva de Latinocalifornia.com 

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