La agonía del capitalismo

Manuel Sañudo Gastélum.

“Nunca destruyas, por ninguna razón, lo que buenamente has adquirido y te está proveyendo de bienestar”

Anónimo

Un granjero y su esposa se encuentran con que una de sus gallinas pone huevos de oro. Pero no contentos con esperar a la puesta de la gallina, deciden matarla pensando que tiene una mina en su interior. Cuando descubren que no es así, caen en la cuenta de que mejor les hubiera valido conservar lo que tenían.

La fábula, que se le atribuye a Esopo, fue escrita hace más de 13 siglos, de modo tal que demuestra que la codicia ha sido, desde milenios atrás, una grave imperfección de la humanidad, que nos ha llevado a callejones en donde todos perdemos, incluidos los codiciosos.

Como ejemplo actual tomemos la crisis global, desatada en el 2007, de la que los expertos nos dan abundantes aclaraciones de lo que pasó; veamos una de ellas: “La crisis de las hipotecas subprime es una crisis financiera, por desconfianza crediticia que, como un rumor creciente, se extiende inicialmente por los mercados financieros americanos y es la alarma que pone el punto de mira en las hipotecas basura europeas desde el verano del 2006, y se evidencia al verano siguiente con una crisis bursátil. Se considera el detonante de la crisis financiera de 2008, de la crisis económica de 2008 y de la burbuja inmobiliaria en España. La crisis hipotecaria se ha saldado con numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, constantes intervenciones de los bancos centrales de las principales economías desarrolladas, profundos descensos en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real, que ha supuesto la entrada en recesión de algunas de las economías más industrializadas”.

Esta complicada explicación trata de decirnos – y que no lo logra, realmente – porqué fue que pasó lo que pasó. Todavía peor, no nos dice cómo salir del atolladero, ni lo saben hoy por hoy los “expertos”. Los dueños del dinero mataron a la gallina de los huevos de oro, y no saben cómo resucitarla; es así, que el sistema capitalista está herido de muerte. Quienes no lo crean así que piensen que, si los que la maquinaron supieran cómo salir de la crisis, en beneficio propio obviamente, ¿no creen que ya lo hubieran hecho? Pero ellos lo saben, tan solo baste con ver que sus medidas “correctivas” son injustas, inequitativas y sobre todo ineficaces; que la indignación social de los desposeídos va en aumento, y que se reprime con violencia. Los justos pagan por los pecadores, hay más pobreza y despojos de lo poco que queda, la riqueza ha dejado de crearse y se ha concentrado más en menos manos: las de ellos. Aunque es una crisis a nivel mundial, a algunos países les ha afectado más que a otros; pero eso no es ningún consuelo, pues recordemos que ninguna nación es una isla, vivimos en una aldea global.

Todas las cuentas que dan los banqueros, economistas y gobernantes son muy enredadas; tanto como para desviar la atención del fondo del problema, pero éste tiene un nombre y se le llama codicia. En muchas culturas la codicia se considera una falta grave y como tal, en cualquier sociedad y época, ha sido demostrada como un vicio. En efecto, al tratarse de un deseo que sobrepasa los límites de lo ordinario o lícito, se califica con este sustantivo actitudes lisonjeras en lo referente a las riquezas.

La codicia es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Estos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, estafa, robo y asalto, especialmente con violencia, y los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspiradas por la avaricia… ¿Suena familiar esta enunciación de codicia?

En resumidas cuentas, no es una crisis de hipotecas, ni del sistema financiero, es una crisis de personas, de falta de valores humanos de los que manejan el dinero; y más aún, es una visión totalmente miope, como la del granjero con su gallina de los huevos de oro.

No tengo una bola de cristal para adivinar qué es lo que hay que hacer, no conozco la solución en términos financieros o económicos. Atisbo soluciones sociales, de verdadero humanismo, que vayan en el camino de que todos paguemos por los platos rotos, no nada más la mayoría que poco tiene, sino también los pocos que tienen mucho (en función de lo mucho que poseen), y que no se resignan a aceptar la muerte de la gallina de oro; ellos la destriparon y no saben cómo volverla a la vida, pero siguen gastando dinero – el de todos – en estériles afanes de resurrección del ave moribunda. Tampoco se han dado cuenta de que esas aves doradas no existen más que en las fábulas, que hay buscar mejores granjeros, y gallinas productivas normales, para que alcancen los huevos para todos.

“Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar.-

Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños”

William Shakespeare

Correo: manuelsanudog@hotmail.com

 

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